Publicado el 11 feb. 2026
Por Guillermo Cárdenas Guzmán
A pesar de que en México se han desarrollado y están disponibles diversos antivenenos altamente purificados y eficaces (faboterápicos), los incidentes por envenenamiento por animales ponzoñosos siguen siendo un problema relevante de salud pública. Esta situación requiere fortalecer las estrategias de prevención y atención oportuna, elaborar guías clínicas actualizadas, así como capacitar al personal sanitario para que pueda manejar adecuadamente este tipo de emergencias.
Además del envenenamiento por picadura de alacranes, el de mayor incidencia registrada en el país, principalmente por ejemplares del género Centruroides, de la familia Buthidae; otros casos de relevancia epidemiológica ocurren por abejas africanizadas (Apis mellifera); serpientes de la familia Viperidae, como Bothrops asper (nauyaca real) y Crotalus (cascabel); y arañas de los géneros Loxosceles (violinista) y Latrodectus (viuda negra o capulina). Aunque en términos absolutos estos incidentes no son tan numerosos, cuando no reciben atención médica oportuna, pueden provocar secuelas incapacitantes o la muerte de las personas afectadas.
Según un informe difundido por la Organización Panamericana de Salud (OPS), la Organización Mundial de Salud (OMS) y el Centro Panamericano de Fiebre Aftosa y Salud Pública Veterinaria (PANAFTOSA), durante el periodo comprendido entre 2021 y 2024 ocurrieron en el país 1.278.455 accidentes por mordedura, picadura o contacto con animales ponzoñosos. De ese total, el 91,1 % de los casos correspondió a alacranes, principalmente del género Centruroides (familia Buthidae); el 6,5 % fue ocasionado por arañas; y el 2,4 % restante por otros animales, como serpientes o especies no identificadas.[1]
De acuerdo con el informe, durante el mismo cuatrienio mencionado se registraron en el país 591 defunciones por envenenamiento asociado con picaduras o mordeduras de este tipo de animales. La mayor proporción de letalidad (59,8 %) correspondió a las serpientes, seguido de las arañas (21,8 %), otra fauna venenosa (10,4 %) y en 8 % no se identificó al animal causante.
Al respecto, el Dr. Vladimir Zavala Sánchez, médico cirujano e investigador del Programa de Posgrado en Epidemiología del Centro Universitario de Ciencias de la Salud de la Universidad de Guadalajara (UDG) en Guadalajara, destaca que en nuestro país —donde existe la mayor biodiversidad de alacranes— ocurre 25 % de los casos de envenenamiento por picadura de estos arácnidos que se reportan a nivel mundial.[2]
"Entre 2012 y 2022, el envenenamiento por picadura de alacrán ha figurado de forma consistente entre las diez principales causas de mortalidad dentro de las afecciones sujetas a vigilancia epidemiológica en la población mexicana menor de 15 años, tanto en números absolutos como en tasas", explicó el especialista a Medscape en español.
"Y si identificamos la región donde ocurrió la picadura o la defunción en la mayoría de estos niños y niñas, —agregó el doctor— podemos ver que se trata de zonas marginales, como la sierra donde colindan los estados de Nayarit y Jalisco, así como Guerrero y Oaxaca, regiones en las que la población indígena supera 80 %".
Esta situación, apuntó el Dr. Zavala Sánchez: "Es sumamente preocupante, porque hablamos de un grupo vulnerable, lo que nos obliga a preguntarnos: ¿por qué siguen falleciendo niñas y niños por picaduras de alacrán o ataques de otros animales ponzoñosos cuando existen tratamientos altamente eficaces en México?"
Para responder a esta interrogante, sostuvo que es clave considerar que el impacto sanitario del envenenamiento por este tipo de fauna no depende únicamente de la localización y distribución de los animales, sino de la capacidad de respuesta de los servicios de salud ante estos eventos.
"Por ejemplo —continuó—, en México los alacranes de importancia médica pertenecen principalmente al género Centruroides y ciertas especies se asocian con regiones específicas. Esto significa que, si aparecen casos en zonas con menor experiencia clínica o menor disponibilidad de antiveneno, el riesgo de complicaciones puede ser mayor, aunque el número de eventos no sea tan elevado".
"En el país, las picaduras de alacrán son las más relevantes, ya que se notifican en promedio alrededor de 300.000 casos al año, de los cuales entre 30 y 35 son letales, principalmente en la población pediátrica con un peso menor a 30 kilogramos. En el caso de las serpientes, se reportan aproximadamente 4.000 incidentes anuales, con una cifra de entre 20 y 30 defunciones", señaló por su parte el Dr. Alejandro Alagón Cano, médico cirujano, maestro y doctor en investigación biomédica básica e investigador emérito del Instituto de Biotecnología (IBT) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en Cuernavaca.
De acuerdo con el especialista —quien, junto con su equipo de laboratorio en el Departamento de Medicina Molecular y Bioprocesos del Instituto de Biotecnología y en alianza con el Instituto Bioclon de la Ciudad de México, ha desarrollado diversos faboterápicos contra el envenenamiento por alacranes (Alacramyn), arañas (Aracmyn) y serpientes coralillo (Coralmyn)—, la mayoría de las defunciones por esta causa ocurren porque las personas afectadas no buscan ayuda médica o bien porque tarda demasiado en llegar.
Picaduras de abejas y avispas: mortalidad superior a la documentada
El Dr. Alagón Cano enfatizó que en México ocurren más muertes por picaduras de abejas o avispas en comparación con las defunciones por ataque de alacrán o serpiente sumadas. Sin embargo, advirtió, estos casos no se encuentran adecuadamente documentados en los registros de la Dirección General de Epidemiología de la Secretaría de Salud. Se estima que en el país fallecen anualmente entre 80 y 90 personas por picaduras de abejas.[3,4]
"En el caso de las picaduras de abeja pueden presentarse dos circunstancias por las que fallecen las personas afectadas: una corresponde a reacciones anafilácticas (cuando existen antecedentes alérgicos, conocidos o no), y la otra a ataques masivos, que generan complicaciones por la gran cantidad de veneno inoculado en la víctima, sobre todo por abejas africanizadas, que son mucho más agresivas que las de linaje europeo", añadió el especialista en biotecnología de los anticuerpos y toxinología.
"Otro problema a nivel epidemiológico es que tampoco se diferencia entre picaduras de abejas y avispas. Por lo general, las avispas pueden atacar solas o en grupos de hasta cuatro y causar la muerte por reacciones anafilácticas. En el caso de las abejas, una sola también puede causar una reacción alérgica, pero además pueden atacar de forma masiva, comportamiento que no es habitual en las avispas", aclaró el Dr. Alargón Cano.
Además, especialistas en el estudio de alacranes han alertado sobre la posibilidad de que algunas especies o incluso géneros puedan modificar sus patrones de distribución y sus áreas de concentración debido a la influencia de factores como el cambio climático y el crecimiento de zonas urbanas, lo que podría favorecer su dispersión hacia hábitats donde antes no estaban presentes.
El Dr. Zavala Sánchez reconoció que, al revisar los mapas de riesgo, se han identificado casos de picaduras de alacrán en municipios donde habitualmente no se reportaban, por ejemplo, en Tlaxcala (estado de Tlaxcala), así como en distintas regiones de los estados de Puebla, Querétaro y Zacatecas.
No obstante, aclaró que el riesgo de expansión no suele traducirse en una "invasión" inmediata y homogénea de otros hábitats, pues muchas especies de alacranes presentan distribuciones con alta especificidad ambiental. "Los cambios de temperatura y de precipitaciones podrían modificar la idoneidad de algunas zonas, es decir, hacerlas más o menos favorables para este tipo de fauna. Sin embargo, la expansión real requiere además dispersión, refugio, alimento y, sobre todo, contacto con ambientes humanos".
Al respecto, el Dr. Alagón Cano mencionó que hasta el momento se ha documentado la presencia de un alacrán de importancia médica, Centruroides limpidus, en el estado de Querétaro, donde no se reportaba antes del año 2000. "Por supuesto que habrá mayor posibilidad de envenenamientos por animales peligrosos, ya que el riesgo de que se expandan a otras regiones es alto. Creo que será importante aprender a convivir con ellos", enfatizó.[5]
Ante este panorama epidemiológico, el Dr. Zavala Sánchez reconoció que en el país recientemente se han logrado avances como la elaboración de manuales actualizados y la creación, en 2025, de una plataforma digital para la notificación de casos de envenenamiento por fauna venenosa a la Dirección General de Epidemiología de la Secretaría de Salud, que ayudarán a integrar amplias bases de datos a escala nacional.
Asimismo, destacó que "en el caso de los envenenamientos por alacranes, arañas y serpientes en México, la evidencia histórica muestra que, aunque la incidencia se ha mantenido relativamente estable en el tiempo, la mortalidad ha descendido de forma sostenida, con una caída particularmente marcada en la última década. Esto se asocia con mejoras en el manejo clínico de los envenenamientos por parte del personal médico y con el uso adecuado de faboterápicos".
Sin embargo, el médico cirujano observó que en el ámbito clínico aún existen aspectos susceptibles de mejora, como la elaboración de guías actualizadas para el personal médico. "Actualmente, se dispone principalmente de las Normas Oficiales Mexicanas (NOM 033 SSA2-2011; NOM 033 SSA2-2012), así como de la Guía de Práctica Clínica (GPC SSA-148-2015), que están muy desactualizadas. En ellas no está bien puntualizado cuál es el tratamiento, el abordaje diagnóstico ni las conductas posteriores con los y las pacientes luego de la administración de los faboterápicos. Dejan varios aspectos al aire, lo cual es comprensible debido a la época, ya que entonces no se tenía tanta experiencia en el manejo de antivenenos de nueva generación", concluyó el especialista de la Universidad de Guadalajara.
Referencias
Imagen 2 Medscape Illustration
Figura 1: PANAFTOSA
Figura 2: Dr. Vladimir Zavala Sánchez
Figura 3: Dr. Alejandro Alagón Cano, Ph. D.
Medscape Medical News © 2026 WebMD, LLC
****El Dr. Vladimir Zavala Sánchez ha declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente. Alejandro Alagón Cano, Ph. D., ha desarrollado antivenenos faboterápicos en alianza con el Instituto Bioclon de Laboratorios Silanes.