Cómo estos medios tradicionales en Latinoamérica están regulando el uso de la IA en sus redacciones

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Hace poco más de dos años, los editores de Listín Diario, uno de los periódicos más antiguos de República Dominicana, comenzaron a notar que el estilo de escritura de sus periodistas estaba cambiando. Se rumoreaba que algunos habían comenzado a usar inteligencia artificial (IA) generativa para corregir sus notas, pero ninguno lo hablaba abiertamente. “Era como como ese secreto a voces dentro de la redacción”, dijo Yadimir Crespo, coordinadora de la unidad de investigación del medio, a LatAm Journalism Review (LJR). “Como que la gente tenía vergüenza de decir si lo utilizaba o no”. En la época en la que los modelos de IA generativa apenas comenzaban a ganar popularidad, Crespo y otros editores sabían que la llegada de esa tecnología a las redacciones era inminente. Pero en lugar de intentar detenerla, decidieron abordarla estratégicamente. Hicieron un sondeo anónimo en la redacción para saber quiénes estaban usando IA, qué herramientas y para qué fines, no para prohibirla, sino para adoptarla con control, dijo Crespo. La encuesta reveló que, en efecto, una gran parte de los empleados de Listín Diario estaban usando alguna forma de IA. A partir de esos resultados, y tomando como referencia los manuales del uso de IA de medios internacionales como The New York Times, Financial Times y The Washington Post, el diario dominicano se dio a la tarea de elaborar sus propios lineamientos. En vez de intentar frenar el uso de la IA, algunos medios tradicionales de América Latina están aprendiendo a gobernarla. Manuales internos, capacitación y espacios de experimentación forman parte de estrategias para integrar estas herramientas en las redacciones sin sacrificar la transparencia, el rigor editorial ni la responsabilidad de los periodistas. La IA ya forma parte del trabajo cotidiano de muchas redacciones en el mundo. Pero mientras su uso se expande principalmente en tareas como transcripción, edición y desarrollo de productos, de acuerdo con un informe reciente del Instituto Reuters, la formalización de normas internas para regularla sigue siendo limitada y desigual, según datos del Center for News, Technology & Innovation (CNTI). “En los medios legacy, que tal vez emplean más gente, pero son menos en cantidad, sí tienen más directrices, tienen más elaboradas sus propias políticas respecto al tema”, dijo a LJR Matías Cervilla, secretario de asuntos profesionales del Sindicato de Prensa de Buenos Aires (SiPreBA), de Argentina. Cervilla es uno de los autores del informe “Apuntes para una regulación de la Inteligencia Artificial en los Medios de Comunicación”, elaborado por SiPreBA, la Federación Argentina de Trabajadores de Prensa y la Fundación Heinrich Böll, publicado en mayo de 2026. El documento reveló que siete de cada 1o trabajadores de prensa argentinos que usan IA en el trabajo considera que en sus medios no hay políticas claras sobre el uso de esa tecnología. Establecer límites El diario El Espectador, de Bogotá, Colombia, tuvo que pedir disculpas públicas a sus lectores en noviembre de 2025, luego que se descubrió que un practicante usó la IA durante meses para generar contenidos, inventar citas y crear fuentes inexistentes. El medio asumió su responsabilidad por haber permitido que esos contenidos pasaran los controles de calidad y los retiró de su sitio web. El caso evidenció los riesgos de no contar con políticas claras, supervisión editorial y protocolos de verificación respecto al uso de la IA en una redacción. Cuando Listín Diario, con sede en Santo Domingo, presentó en enero su manual de uso de IA, dejó claro que el documento establecía “líneas rojas” sobre los usos aceptables de estas herramientas. Crespo dijo que la principal preocupación de los editores era que sus periodistas delegaran su trabajo a la IA, en detrimento de la calidad editorial que ha caracterizado al medio desde su fundación en 1889. “La regla número uno y para la cual no damos nuestro brazo a torcer es que ningún artículo puede ser creado totalmente con inteligencia artificial”, dijo Crespo. “También que ninguna herramienta de IA tome decisiones por nosotros, sino que todo sea con base en el criterio humano”. “Líneas rojas” similares existen también en las políticas del diario El Comercio, de Lima, Perú, el cual puso en práctica un manual de cerca de 10 páginas a inicios de 2026. Éste define la implementación de la IA como un trabajo integrado y multidisciplinario, y establece claramente los principios de responsabilidad sobre su uso, dijo Lorena Obregón, coordinadora del Media Lab del periódico. Infographic from an interactive data special on Peru’s elections.Un ejemplo de la estrategia de IA de El Comercio es la serie de proyectos interactivos que el medio creó para las elecciones de 2026 en Perú. (Foto: Captura de pantalla de El Comercio) “La IA no firma notas, no tiene criterio, no va a asumir entonces consecuencias legales ni éticas”, dijo Obregón a LJR. “Los periodistas deben ser los últimos responsables por cada palabra, dato, imagen que se publique. Si la IA cometiera un error, una alucinación, el protocolo exige una corrección, transparencia pública”.

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Las políticas de Listín Diario y El Comercio coinciden en que la transparencia, en forma de un etiquetado claro del contenido generado por IA y de aclaraciones sobre el uso de esa tecnología en cualquier otro proceso, es obligatoria. “La transparencia no penaliza la credibilidad. Yo creo que al contrario: tienes mayor credibilidad si es que puedes explicar cómo has hecho algo”, dijo Obregón. La protección de la información es otro elemento importante en las políticas de uso de la IA. El manual de El Comercio establece que está prohibido alimentar las herramientas de IA con información confidencial, sensible o protegida por propiedad intelectual, dijo Obregón. “No debemos entregar ese tipo de información indiscriminadamente para el entrenamiento de algoritmos de terceros sin acuerdos al menos de un beneficio mutuo”, dijo Obregón. Bajo un mismo paraguas El Comercio también optó por integrar la IA a la redacción de forma ética y ordenada, en lugar de restringirla. Para ello diseñó políticas que inicialmente buscaban prevenir errores y proteger el rigor periodístico, pero que, a seis meses de su implementación, se han convertido en un modelo de gobernanza integrado al flujo de trabajo, dijo Obregón. “Ha habido una transición de tener un marco ético a una madurez tecnológica en cuanto al uso [de la IA]”, dijo Obregón. “Pasar de una fiscalización dura, de decir ‘no debes usar esto’, a más bien recomendar y establecer espacios seguros, formales, para probar herramientas”. Esto lo han logrado transformando el Media Lab de El Comercio en una especie de “hub” del uso de la IA, dijo Obregón. En este “hub”, representantes de diferentes áreas del medio experimentan con herramientas de IA y analizan bajo criterios periodísticos la conveniencia de adoptarlas en los flujos de trabajo. Obregon dijo que un ejemplo de los resultados de esta estrategia son los proyectos interactivos que el Media Lab desarrolló para las elecciones presidenciales y congresales en Perú, publicados entre diciembre de 2025 y enero de 2026. Estos proyectos fueron posibles mediante el uso de agentes de IA y flujos automatizados. “Así realmente podremos hacer completamente transversal la utilidad de la IA”, dijo Obregón. “Para que precisamente no sean usos aislados de la IA, necesitas que todo se rija bajo un mismo paraguas”. Capacitación y pautas para la tranquilidad El informe de SiPreBA reveló que existe una demanda urgente en las redacciones de Argentina de capacitación específica sobre el uso de las herramientas de IA. El 90% de los miembros de la prensa encuestados respondió que hay un déficit en la capacitación en sus empresas de noticias. Los directivos de El Cronista, periódico de Buenos Aires especializado en economía, finanzas y negocios, supieron que la capacitación sobre IA iba a marcar una diferencia estratégica, por lo que se dieron a la tarea de averiguar cómo sus redactores y editores estaban usando la IA. A partir de ahí comenzaron a capacitar a los equipos editorial, comercial y de análisis de datos con consultores externos. “Creo que el principal problema en la redacción con un conocimiento nuevo es saber usarlo, para qué, cómo y de qué manera hacerlo correctamente”, dijo Alejandro Di Russo, editor del área Audiencias Member de El Cronista. “Esto hace dos años más o menos se empezó a tener en cuenta y en el último año de forma intensiva, con capacitaciones, cursos y demás”. Si bien El Cronista no cuenta con un manual de lineamientos para el uso de la IA, sí existen directrices delineadas desde la gerencia que son puestas en práctica por los líderes de cada equipo, dijo Di Russo. En esas directrices, la capacitación es uno de los pilares principales para garantizar el uso ético de esa tecnología, dijo Di Russo. Pasar del uso experimental a uno más profesional ha impactado positivamente en la productividad y en el mejor aprovechamiento del tiempo, agregó. “Ese tiempo se utiliza para pensar otras estrategias, para pensar mejor en los títulos, para hacer más y mejores notas”, dijo De Russo. “Obviamente la cantidad de notas se incrementan, justamente porque es mucho más fácil terminarlas”. Por su parte, El Comercio ha hecho alianzas estratégicas con empresas tecnológicas como Perplexity y Google, que han incluido formación en sus respectivas herramientas de IA generativa. Google News Initiative ha brindado ese tipo de capacitaciones a miembros de otras más de 20 redacciones, incluida también la de Listín Diario. Crespo dijo que tanto la capacitación como el establecimiento de políticas para el uso ético de la IA han contribuido a darle certeza a los periodistas, quienes en muchos casos sentían incertidumbre ante la adopción de esta tecnología en su trabajo. “Se sienten más confiados al poder tenerlo [el manual] ahí a la mano para cerciorarse de que efectivamente están cumpliendo éticamente, no solo con el medio, sino también con la audiencia a la que se deben”, dijo Crespo.