Daños Visuales por Uso de Pantallas

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En medicina, pocas cosas son tan engañosas como lo normalizado. Hoy es normal ver a un niño con un iPad o celular a 20 centímetros o menos del rostro mientras sus papás comen para que no los moleste. También es normal que un adolescente haga tareas, vea redes sociales o series sin despegar la vista por horas de su celular. Y en los adultos, el trabajo y el ocio ya son, en buena medida, una jornada frente a pantallas de todo tipo. El problema no es la tecnología, es el patrón de exposición como tiempo continuo, distancia corta, pocas pausas y poco exterior. Ese patrón sí tiene consecuencias visuales medibles, algunas molestas que son reversibles y otras como la miopía y sus complicaciones potencialmente permanentes. Los daños a cualquier edad estimados lectores son funcionales como fatiga visual, ojo seco y cefalea. El cuadro más frecuente se conoce como síndrome visual informático que se manifiesta con visión borrosa intermitente, ardor, sensación de arenillas, lagrimeo paradójico, fotofobia leve, dolor periocular y cefalea. La evidencia sugiere que puede afectar a la mitad o más de usuarios intensivos, por dos mecanismos principales, el estrés acomodativo/binocular por el enfoque sostenido de cerca y síntomas externos por disminución del parpadeo y evaporación de la película lagrimal. En niños y adolescentes, esto ya no es raro. Un estudio caso-control en población pediátrica encontró asociación fuerte entre uso de pantallas y enfermedad de ojo seco, con un dato importante, más tiempo al aire libre se comportó como factor protector. Además, revisiones clínicas describen que el uso de pantallas se relaciona con ojo seco y cómo modificar los hábitos reduce los síntomas. Aunque el ojo seco y la fatiga visual suelen ser reversibles, pueden volverse crónicos si el hábito persiste en ambientes con aire acondicionado, poco parpadeo y pantallas sin pausas. Otros daños son estructurales como la miopía, especialmente cuando empieza en la infancia y aquí está el núcleo del problema, la miopía no es solo necesitar lentes; en muchos casos implica alargamiento axial del ojo, y cuanto más temprano inicia, más años tiene para progresar. La evidencia es consistente en que más actividad de cerca se asocia con mayor probabilidad de miopía. Un meta-análisis mostró que más trabajo cercano a las pantallas incrementa las probabilidades de miopía y cuantifica el aumento por dioptrías-hora semanales. Otro meta-análisis encontró que cada hora adicional diaria de tiempo en pantalla se asocia con mayores probabilidades de miopía, con una curva que aumenta con fuerza entre 1 y 4 horas/día. Durante la pandemia, este patrón se hizo más claro con un incremento en progresión de miopía en los niños por el encierro, compatible con más pantalla, menos exterior y más trabajo de cerca. Una intervención escolar de bajo costo con evidencia sólida para disminuir el problema, es aumentar el tiempo al aire libre. Un ensayo clínico en escolares mostró que añadir 40 minutos diarios de actividad al exterior en la escuela redujo la incidencia de miopía a 3 años. Ensayos posteriores, incluso con medición objetiva de luz/intensidad, refuerzan el efecto protector. Meta-análisis señalan esta relación como estrategia simple y económica de salud pública. El riesgo de utilizar pantallas a lo largo de la vida, hecho casi consumado, es la probabilidad que también la miopía se vuelva de alto riesgo. La miopía alta no se cura con lentes, aun con corrección perfecta, aumenta el riesgo de complicaciones como desprendimiento de retina, glaucoma y degeneración macular miópica, entre otras. Por eso, prevenir su inicio temprano y frenar la progresión en niños es una inversión visual de décadas. Aquí les dejo reglas simples y realistas para familias, escuelas y oficinas: Pausas programadas cada 20 minutos y mirar a lo lejos 20 segundos. Que la pantalla no sea una lupa, la distancia ideal a un antebrazo y evitar el uso de la pantalla pegada a la cara. Más importante que las horas totales frente a la pantalla es evitar bloques largos sin descanso. Agendar más tiempo al aire libre, especialmente en primaria y secundaria. Recordar parpadear, humidificar si hay aire acondicionado y atender síntomas de ojo seco. Por último, revisar a sus hijos y nietos para detectar miopía tempranamente. Si progresa, hoy existen medidas de control con intervenciones específicas que su oftalmólogo le recomendará. La conversación pública suele polarizarse ente pantallas demonio y no pasa nada. La evidencia sugiere que sí pasa, pero sobre todo por cómo las usamos. Si logramos que la infancia tenga más exterior, más pausas y menos mirar de cerca sin descanso, no solo evitamos molestias hoy; reducimos el riesgo de enfermedad ocular mañana. Agradezco a mi esposa la doctora Elvia Rodríguez Villalobos, oftalmóloga, la idea para escribir esta columna y sus aportaciones en la revisión de esta editorial.