Tijuana, Baja California, junio 16.- El presidente de la Asociación de Escuelas Particulares de Tijuana (ADEPT) Marko Díaz, alertó que en México la educación está en crisis cuando hemos avanzado hacia la cultura de la permisividad "donde muchos padres han renunciado a ejercer autoridad y muchos docentes han perdido la capacidad de establecer límites efectivos en el aula". "Durante décadas la sociedad criticó, con razón, los excesos de los modelos educativos autoritarios. La obediencia ciega, el castigo desproporcionado y la falta de diálogo fueron señalados como prácticas que debían quedar atrás. Sin embargo, en nuestro intento por corregir aquellos errores, hemos avanzado hacia el extremo opuesto". Díaz agregó que "hoy observamos un fenómeno preocupante: cada vez con más frecuencia, algunos padres buscan convertirse en amigos de sus hijos antes que en sus guías, y paralelamente numerosos maestros enfrentan cuestionamientos permanentes, desautorizaciones públicas e incluso agresiones verbales y físicas por parte de padres y estudiantes. La consecuencia es una erosión progresiva del respeto hacia las figuras de autoridad y una creciente dificultad para transmitir normas básicas de convivencia". El presidente de la ADEPT sostuvo que de acuerdo con especialistas, el ser humano crece cuando aprende a asumir responsabilidad y a enfrentar las dificultades de la vida, no cuando se le protege de toda incomodidad. Señaló que: "La educación saludable no consiste en controlar con dureza ni en imponer mediante el miedo, pero tampoco consiste en eliminar toda forma de autoridad; el equilibrio se encuentra en la firmeza acompañada de afecto, coherencia y responsabilidad. La evidencia psicológica acumulada durante décadas, explicó, ha mostrado que los estilos parentales que combinan cariño con límites claros suelen favorecer un mejor desarrollo emocional y social que aquellos caracterizados por la excesiva rigidez o por la permisividad extrema". Agregó que otros especialistas explican que los niños necesitan tanto conexión emocional como estructura. El afecto sin límites puede generar inseguridad; los límites sin afecto pueden producir resentimiento. La madurez surge cuando ambas dimensiones trabajan juntas, enfatizó. Sin embargo, en muchas sociedades occidentales parece haberse instalado una peligrosa confusión: "establecer límites es percibido como una forma de agresión, mientras que justificar cualquier conducta del menor es presentado como una muestra de amor incondicional. Esta lógica ha llevado a situaciones donde algunos padres defienden a sus hijos incluso frente a evidencias claras de comportamientos inaceptables, desde faltas de respeto hasta conductas de acoso, violencia o abuso", . Asimismo dijo que: "Cuando un estudiante actúa incorrectamente y el padre decide confrontar al docente como si ambos estuvieran en el mismo nivel de responsabilidad —manifestó—, se rompe un principio fundamental de la educación. El padre deja de actuar como orientador para convertirse en abogado defensor de cualquier conducta de su hijo. En lugar de corregir, justifica. En lugar de formar, protege. En lugar de educar, encubre. "Especialistas en conductas adictivas y autocontrol han señalado que la capacidad de tolerar el malestar y la frustración constituye una habilidad esencial para el desarrollo psicológico. Una generación que crece sin escuchar la palabra "no" corre el riesgo de convertirse en una generación incapaz de manejar el fracaso, la crítica o las consecuencias de sus propios actos. "La escuela no puede sustituir a la familia. Tampoco puede educar eficazmente cuando cada corrección se convierte en un conflicto con los padres. Los docentes necesitan respaldo social para ejercer su función, y los niños necesitan adultos capaces de asumir la responsabilidad de guiarlos, incluso cuando ello implique tomar decisiones impopulares. "La gran pregunta de nuestro tiempo es incómoda pero necesaria: ¿estamos formando niños emocionalmente fuertes y responsables, o estamos criando adultos incapaces de aceptar límites, asumir errores y convivir con las reglas de una sociedad democrática?", dijo. "La educación del futuro no requiere regresar al autoritarismo del pasado. Requiere recuperar algo mucho más valioso: la autoridad moral de los padres y el respeto institucional hacia los docentes, porque una sociedad que teme corregir a sus hijos termina pagando el precio de no haberlos educado", finalizó.