Economía circular, la nueva forma de hacer negocios

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El 19 de enero de 2026 se publicó en el DOF la nueva Ley de Economía Circular que según la gaceta oficial, tiene el objeto de cuidar y conservar al medio ambiente a través de políticas y mecanismos para incrementar la vida útil de los productos; minimizar, recuperar, aprovechar y valorizar los residuos. De esta forma, el gobierno mexicano avanza, aunque aún sin leyes secundarias, en la operación de una nueva forma de regulación jurídica y obligatoria que busca cambiar la forma tradicional que se tenía de producir. La economía circular, afirma Eduardo Aguiñaga, experto de la Escuela de Negocios del Tec de Monterrey, tuvo avances académicos en las universidades, en la investigación, pero lo interesante es que en los últimos años “hemos visto avance en la parte del sector productivo industrial, donde muchas de las empresas ya no solo están hablando del concepto de economía circular, sino que ya lo están verdaderamente integrando dentro de sus estrategias de sostenibilidad y en general de su filosofía de producción”. El nuevo instrumento del Gobierno federal, si bien es visto por algunos como positivo por representar el actuar de una acción gubernamental, hay quienes apuntan que el desafío será la implementación de la misma en empresas, gobiernos estatales, municipios y consumidores que transformen la manera en que producen, usan y desechan bienes, así como la construcción real de políticas públicas capaces de responder a las características económicas de cada región. DIES Te puede interesar: DIES › “Hay una percepción de que el gobierno se va a meter a regular y a poner trabas, pero no necesariamente es así. Algo que me gusta de esta regulación es que también se enfoca en crear las condiciones para que este tipo de iniciativas, innovaciones, estrategias y proyectos se lleven a cabo”, señala Eduardo Aguiñaga, al destacar los Polos de Desarrollo de Economía Circular para el Bienestar (PODECIBI) a través de los cuales se promete la transformación de residuos a recursos, combatir la contaminación y generar empleos dignos en algunas entidades mexicanas. Circularidad más allá del reciclaje Hablar de avances en circularidad, es reconocer que hoy no hay indicadores exactos que ofrezcan evaluar el nivel de progreso de la economía circular en el país, sino más bien acciones encaminadas a un objetivo. A diferencia de otras métricas ambientales, la circularidad requiere analizar distintos flujos de materiales y recursos, desde su extracción e incorporación a los procesos productivos hasta su reutilización, recuperación o disposición final. “Al final la economía circular involucra muchas mediciones alrededor, tiene una visión muchísimo más sistémica, holística, de flujos, de aprovechamiento de recursos, del reúso”, explica Aguiñaga. Por ejemplo, resalta el catedrático, las tasas de acopio y reciclaje constituyen indicadores útiles, aunque parciales. “Al menos ahorita en esta etapa un poco más incipiente, yo diría que el tema de reciclaje, cantidades, porcentajes o de uso de materiales reciclables es un buen indicador general para ir midiendo cómo vamos en el tema de economía circular”, señala. En México, cifras de Ecoce señalan que se recuperan el 88.6% del total de residuos sólidos generados cada día. Dentro de dichos avances de recuperación de envases de PET, un punto donde el país destaca, se reportan avances del 64% en la recuperación de los envases que las marcas reintegran a su cadena de valor. “Es un buen inicio, está muy bien que lo hagamos, pero en esta transición hay que ir moviéndonos hacia estrategias más eficientes”, apunta Aguiñaga. El siguiente paso consiste en ampliar la medición para incorporar indicadores de reducción del consumo de materiales vírgenes, reutilización, reparación, remanufactura, durabilidad y recuperación de productos. El reciclaje no es la primera opción Aunque suele utilizarse al reciclaje como sinónimo de economía circular, éste es solamente una de las estrategias que integran este modelo. La circularidad propone intervenir desde etapas anteriores del ciclo de vida de los productos, evitar el uso innecesario de recursos, prolongar la vida útil de los bienes, facilitar su reparación, reutilizarlos y recuperar sus componentes antes de recurrir al reciclaje. La razón es que el reciclaje también requiere energía, transporte, infraestructura y procesos de transformación que generan impactos ambientales. Por ello, una empresa que busca avanzar hacia la circularidad no debería concentrarse exclusivamente en recuperar los residuos que genera, sino también en prevenir su generación y rediseñar sus procesos para aprovechar mejor los recursos. Esta perspectiva modifica la manera en que se conciben los productos, los empaques y las cadenas de suministro. En lugar de fabricar, vender y desechar, las empresas pueden diseñar sistemas que permitan mantener materiales y productos en uso durante más tiempo. La transformación también alcanza a los modelos comerciales actuales. Por ejemplo, plantea el especialista, “¿por qué no arrendamos el servicio de iluminación más que comprar la bombilla? Ahí cambias el modelo de negocio. Entonces, sigue siendo negocio para quien vende el servicio de iluminación, pero ya no hay por qué hacer bombillas que duran poquito”. Otro concepto que va más allá del reciclaje tiene que ver con reducir el consumo. Y no se habla específicamente de privarse como consumidor un producto, sino desde la producción minimizar la cantidad de los materiales, hacer más eficiente en los empaques, más pequeños, utilizar menor cantidad de materiales vírgenes. En México existen algunas acciones de parte de la Iniciativa Privada de empresas que apuestan a esta acción con resultados positivos, por ejemplo la Industria Mexicana de Coca Cola en México, donde la recuperación del PET forma parte de su estrategia de sostenibilidad. La circularidad también puede mejorar la competitividad Una de las principales barreras para adoptar prácticas de sostenibilidad es la percepción de que implican mayores costos, inversión en maquinaria más cara o procesos más complicados. Sin embargo, “la economía circular lo que hace es tratar de eliminar eso, mientras una de las grandes ventajas es la eficiencia, la optimización de procesos, de materias primas”, explica Aguiñaga. Los beneficios potenciales también abarcan la innovación, la reputación y la resiliencia de las cadenas de suministro. Una empresa que recupera materiales, desarrolla alternativas de abastecimiento, reduce su dependencia de insumos vírgenes, puede disminuir su exposición a determinadas variaciones de precios y a interrupciones en el suministro. Este aspecto cobra relevancia en industrias que utilizan plásticos, metales, minerales y otros materiales sujetos a fluctuaciones de los mercados internacionales. En ese sentido, la circularidad, no debería entenderse sólo como una herramienta para reducir emisiones o cumplir con obligaciones ambientales, sino para fortalecer la continuidad operativa y desarrollar ventajas competitivas. Para que estos beneficios se materialicen, las iniciativas deben responder a una estrategia empresarial clara y acompañarse de indicadores que permitan comparar sus costos, ahorros e impactos a lo largo del tiempo. Oportunidad para Pymes Cuando hablamos de economía circular solemos pensar en acciones que grandes empresas ofrecen, que desarrollan y que comunican, sin embargo, no debieran ser vistas sólo como las únicas beneficiarias de esta economía, ya que las Pymes pueden apalancar de la circularidad un diferenciador comercial que les permita el acercarse a grandes cadenas de valor, crecer e impactar. Por otro lado, el consumidor tiene en esta economía una importante participación que Eduardo Aguiñada, dice, llegó para quedarse, que debe tomarse con responsabilidad que no puede dejarse sólo en manos del gobierno o las empresas. ( ABC Noticias).