Por Patricia López Suárez Las desigualdades económicas en México se mantienen de forma estructural: el 50 % de quienes nacen en el nivel más bajo no lo superan y sólo dos de cada cien escalan al más alto, afirmó Roberto Vélez Grajales, director ejecutivo del Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY). Al presentar en la Facultad de Economía (FE) de la UNAM el informe Movilidad social en México 2025: la persistencia de la desigualdad de oportunidades, con la que se inauguró la Cátedra Facultad de Economía-Centro de Estudios Espinosa Yglesias, anotó que el 28 % de los más pobres solamente acceden al nivel inmediato superior. En el Auditorio Narciso Bassols de la FE, destacó que los patrones de movilidad social son distintos a nivel regional, pues, a diferencia del 50 %, en el norte del país el 37 % de las personas que nacen en el nivel más bajo de recursos económicos permanecen en él, mientras que en el sur la cifra aumenta al 64 %. Ante Lorena Rodríguez León, directora de la FE; Marcela Amaro Rosales, titular del Instituto de Investigaciones Sociales (IIS); y Juan Carlos Moreno Brid, profesor de la FE, Vélez Grajales señaló que la educación también se hereda. “El 75 % de las personas con padres con primaria o menos no alcanza el promedio de escolaridad en México, que es de 9.4 años; únicamente el 9 % de ellas logra estudios profesionales, el 36 % cursan la secundaria y el 16 % bachillerato”. Resaltó que la persistencia intergeneracional de la pobreza por ingresos sigue siendo muy alta y se mantiene en 73 %. “El avance en ingresos que redujo la pobreza no necesariamente alcanza para superar la posición relativa de origen”. Posibilidades reales Por su parte, Rodríguez León consideró que la relevancia de la movilidad social radica en que, de cara a la idea de igualdad de oportunidades, no significa que todas las personas tengan los mismos resultados, sino que todas tengan posibilidades reales de alcanzarlos. “Cuando las puertas de la educación de calidad, el empleo digno y la participación social están abiertas para todos y todas la sociedad puede volverse más dinámica, más innovadora y, sobre todo, más justa. Así que la movilidad social también nos permite fortalecer la legitimidad democrática”, subrayó. La directora de la FE consideró que cuando las personas perciben que el sistema permite avanzar, aumenta la confianza en las instituciones. Por el contrario, cuando el ascenso social es prácticamente imposible, se profundiza la polarización, el desencanto y los posibles conflictos. “Una sociedad inmóvil podría tender a fragmentarse de manera mucho más fácil, mientras que una móvil propende a integrarse”. Al comentar el informe, Marcela Amaro Rosales dijo que éste analiza el grado en que las condiciones de origen social determinan las trayectorias de vida de la población mexicana. “Se basa en la Encuesta de Movilidad Social en México 2023, que es un levantamiento representativo en los ámbitos nacional y regional que observa la relación entre el origen socioeconómico de las personas y su situación actual. Aquí hago un reconocimiento, porque creo que uno de los grandes problemas que tenemos en México es la falta de información confiable”. Agregó que el documento se ubica en el debate entre igualdad de resultados e igualdad de oportunidades, mostrando que en México casi la mitad de la desigualdad de ingresos es injusta, en tanto se explica por circunstancias fuera del control individual. “Esto tiene implicaciones para la política social. La desigualdad observada no puede atribuirse al esfuerzo, lo que debilita los discursos meritocráticos, y la política social no puede limitarse a nivelar el punto de partida simbólicamente, sino que debe intervenir en forma sostenida en las trayectorias de vida”. Por último, Moreno Brid sostuvo que el énfasis regional del informe pone en evidencia el debate de la dimensión territorial de la política social. “Tenemos una política homogénea nacional que reproduce desigualdades espaciales y asimetrías estructurales, en vez de políticas sociales territorializadas e intervenciones mucho más precisas. La movilidad social no aparece sólo como un problema social, sino como uno de política de desarrollo”, concluyó.