Por Dr. Fernando Fuentes En México, una de cada cinco mujeres reportó la presencia de síntomas depresivos o de ansiedad durante el embarazo. El hallazgo, surgido a partir de una investigación publicada en la revista Journal of Clinical Medicine, significó un llamado a no descuidar la salud mental durante la gestación y a buscar activamente la presencia de estos trastornos que pueden repercutir en la salud materna y fetal.[1] "El estudio proviene de una necesidad clínica: en la consulta prenatal observamos con frecuencia malestar emocional que suele pasar desapercibido, o considerarse parte normal del embarazo", refirió a Medscape en español Blanca Vianey Suárez Rico, licenciada y doctora en Psicología Clínica, especialista en psicología perinatal y coordinadora del proyecto de investigación OBESO (Origen Bioquímico y Epigenético del Sobrepeso y la Obesidad) del Instituto Nacional de Perinatología (INPer), en Ciudad de México. Suárez Rico integró el equipo autoral de la investigación y remarcó que la publicación del artículo "es relevante para México, porque el control prenatal suele centrarse en lo biológico, mientras la salud mental permanece poco visibilizada. Además, se habla más de depresión posparto, que de ansiedad durante el embarazo, a pesar de ser muy frecuente". La investigación fue posible gracias al análisis secundario de datos aportados por el proyecto OBESO. Se trata de un estudio que, entre 2017-2021, brindó seguimiento prospectivo y perinatal a una cohorte de pacientes de la citada institución para establecer cómo distintos factores impactan durante el embarazo. Para conocer la prevalencia de síntomas depresivos y de ansiedad, se incluyó información de 288 participantes (edad promedio: 30 años) sin antecedentes de padecimientos mentales o patologías crónicas. Durante el segundo trimestre, todas habían completado la Escala de Depresión Postnatal de Edimburgo (EPDS) y el Inventario de Ansiedad Estado-Rasgo (State-Trait Anxiety Inventory, STAI). Alrededor de 20 % y 22 % de las mujeres indicó la presencia de síntomas depresivos y de ansiedad, respectivamente, en las citadas herramientas. Además, 12,8 % manifestó sufrir ambos trastornos psíquicos. Luego de un análisis de regresión logística, las únicas variables que, de manera independiente, se asociaron con un mayor riesgo de depresión en estas mujeres fueron: la presencia de ansiedad (odds ratio ajustado [ORa]: 10,8) y un nivel educativo básico (ORa: 2,60). Por el contrario, poseer una licenciatura tuvo aquí un efecto protector (ORa: 0,38). Mientras para ansiedad, las variables asociadas a un mayor riesgo fueron la presencia de depresión (ORa: 11,2) y tener hijos (ORa: 3,1). A Suárez Rico estos resultados le dejaron una sensación de urgencia clínica. Aunque no la sorprendieron, ya que lo percibe en su práctica diaria: son numerosas las mujeres que cursan el embarazo con sufrimiento emocional sin ser detectadas. De todos modos, cree que el estudio dejó un mensaje claro: que el control prenatal no sólo debe vigilar parámetros biológicos, sino también el bienestar emocional. "Tiene que incluir un enfoque integral y transdisciplinario. Con preguntas breves o tamizajes simples, puede identificarse tempranamente a quienes necesitan apoyo, algo en especial relevante en sistemas de salud con pocos recursos especializados", refirió Suárez Rico. La Dra. Paola Pedraza Romero, especialista en psiquiatría y certificada en psiquiatría perinatal, quien actualmente ejerce en la Unidad de Psiquiatría del Hospital Español en Ciudad de México, no participó en el estudio, aunque lo consideró "muy interesante". "La salud mental perinatal es poco estudiada en nuestro país y este artículo nos permite, de forma objetiva, entender la importancia de diagnosticar depresión y ansiedad en una etapa importante del desarrollo. Tiene una buena metodología, con un tamaño de muestra que permite identificar de manera adecuada estos trastornos", aseguró la Dra. Pedraza Romero. ¿Por qué se habla poco de depresión o ansiedad durante el embarazo? A pesar de que la depresión y la ansiedad durante el embarazo resultan patologías de salud pública capaces de comprometer al binomio madre-hijo, históricamente ambas han llamado muy poco la atención cuando ocurren en mujeres gestantes. Resulta más frecuente, en todo el mundo, dar con publicaciones o con historias clínicas de pacientes que mencionan diagnósticos después de sucedido el parto, como la depresión posparto. "Suele haber mayor atención en el posparto porque [estos trastornos] están más difundidos y reconocidos. Durante el embarazo muchos síntomas se interpretan como cambios hormonales normales, lo que invisibiliza el malestar psicológico, en particular la ansiedad perinatal", comentó Suárez Rico. De todos modos, investigaciones previas han establecido que la salud mental materna, además de comprometer a la madre, puede afectar al feto por distintas vías. Se ha documentado un mayor riesgo de parto prematuro, presencia de recién nacidos con bajo peso, e incluso mayores dificultades cognitivas, motoras y de lenguaje durante el desarrollo, entre otras complicaciones. Como posibles mecanismos que propician esos desenlaces, se incluyeron en el artículo: al estrés materno con distintas respuestas endocrinas, metabólicas e inmunes, que comprometen al feto; el impacto directo que tienen la depresión y la ansiedad en los cuidados necesarios durante un embarazo; y la asociación entre padecimientos mentales y otras enfermedades que pueden aparecer en la gestación, por ejemplo: hipertensión arterial o diabetes. "El embarazo forma parte de los primeros 1.000 días de vida, un periodo crítico para el desarrollo. El bienestar emocional materno influye en conductas de salud y en procesos biológicos relacionados con el estrés, por lo que cuidar la salud mental materna tiene un impacto sobre la salud del bebé", subrayó Suárez Rico. El embarazo no es solo un proceso biológico Algo que resulta vital, si lo que se quiere es mejorar los cuidados de la salud mental durante el embarazo, es tener en claro que las mujeres en esta etapa siempre experimentan cambios que exceden lo biológico. El embarazo es también un proceso psicológico. "En realidad, el embarazo forma parte de un proceso de transición llamado matrescencia, donde la mujer reorganiza su identidad, sus vínculos y su percepción del entorno. Esta etapa implica una mayor sensibilidad emocional, pero, al no reconocerse clínicamente, muchos síntomas se normalizan y no se exploran en consulta", advirtió Suárez Rico. Asimismo, la profesional añadió que, desde la psicología, con intervenciones breves y focalizadas —tales como psicoeducación, regulación emocional, manejo de la ansiedad anticipatoria, fortalecimiento de red de apoyo y acompañamiento en la transición a la maternidad— es posible ayudar a que un elevado porcentaje de dichas mujeres superen padecimientos. Para casos moderados a graves, ubicó como central el manejo interdisciplinario con psiquiatría. Esto con la finalidad de valorar la adopción de un tratamiento farmacológico seguro durante el embarazo. "En mi consulta, cada vez llegan más pacientes con estos trastornos. La visita al inicio puede ser compleja, por el miedo que tiene la paciente respecto al uso de psicofármacos", aseguró la Dra. Pedraza Romero. De todos modos, como pilares en el manejo, señaló la relación médica-paciente, la escucha activa, la psicoeducación y el trabajo en equipo con especialistas en obstetricia. La investigación de referencia le recordó a la Dra. Pedraza Romero la importancia de contar con médicos o médicas capacitados para reconocer señales de ansiedad o depresión en mujeres embarazadas. Por eso sugirió que, especialmente en el primer contacto, los y las profesionales se familiaricen con el manejo de escalas validadas para estos trastornos y reserven tiempo en la consulta para administrarlas. "Preocúpate por la salud de tu paciente, sin olvidar su salud mental, para hacer una diferencia. Recuerda que el feto y la madre están en constante comunicación y la buena salud mental de la mamá influye en un buen desarrollo fetal y en un vínculo fortalecido", recomendó la Dra. Pedraza Romero. Por último, Suárez Rico pidió que preguntar por el estado emocional, cuando se asiste a una mujer embarazada, no sea visto como una carga de trabajo, sino como una manera de completar el cuidado prenatal. "Es una de las intervenciones más costoefectivas. Si una de cada cinco pacientes presenta síntomas, no es un evento aislado y tiene que formar parte de la evaluación clínica diaria", concluyó. 1.- Suárez-Rico BV, González-Ludlow I, Mendoza-Ortega JA, Estrada-Gutierrez G y cols. Depression and Anxiety During Pregnancy in Mexican Women: Prevalence and Associated Factors in the OBESO Cohort Study. J Clin Med. 25 Nov 2025;14(23):8364. doi: 10.3390/jcm14238364. PMID: 41375666; PMCID: PMC12693555. ******La investigación recibió financiación del INPer, la Secretaría de Ciencias, Humanidades, Tecnología e Innovación (Secihti) de México y de Nestlé Nutrition Institute. Los conflictos de los demás autores pueden consultarse en la publicación. Blanca Vianey Suárez Rico, Ph.D., y la Dra. Paola Pedraza Romero han declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.