Hablar del futuro de México es, irremediablemente, hablar de educación. Sin embargo, los datos más recientes, como los revelados por la prueba PISA, nos colocan frente a una realidad que no podemos ignorar. Con una proporción alarmante de estudiantes por debajo de los niveles básicos de competencia en matemáticas, lectura y ciencias, el riesgo no es solo académico, sino de país. Nos duele comprobar que las oportunidades impulsadas por el conocimiento se están deteniendo para quienes más lo necesitan. Pero las cifras de la OCDE no cuentan toda la historia. Reducir la crisis educativa a un puntaje numérico ignora el motor más potente del aprendizaje. El factor humano. En un entorno donde la disminución del apoyo familiar, muchas veces detonada por dinámicas laborales extenuantes y la presión económica, deja a niñas, niños y adolescentes solos frente a sus deberes escolares, urge recuperar valores intangibles pero determinantes. La salida al rezago no se encuentra únicamente en las políticas públicas, sino en fomentar una sólida mentalidad de crecimiento en casa. Necesitamos acompañar e infundir en las nuevas generaciones la certeza de que la inteligencia no es magia, sino que se cultiva con esfuerzo, perseverancia y curiosidad. Un estudiante curioso que persevera ante el error es infinitamente más resiliente que cualquier reto. Es muy importante resaltar en lo que si estamos saliendo bien, que es precisamente en la perseverancia, curiosidad y adaptabilidad. Nuestros estudiantes reflejan una realidad que es muy rescatable, quienes tienen la iniciativa de preguntar con algún compañero o con un maestro lo que no pudieron resolver en clase, tienden a resolver favorablemente y superar los retos. Más allá del diagnóstico global, las cifras nos revelan lo que si podemos resolver en la cotidianidad sin grandes cambios sistémicos. Ante la insuficiencia oficial y la brecha social, la inacción no es opción. Aquí es donde cobran relevancia movimientos ciudadanos y organizaciones como Education Makeover, que demuestran que la transformación educativa también se apoya desde la trinchera social. Al llevar herramientas de refuerzo, aprendizaje lúdico y habilidades digitales a comunidades vulnerables, este tipo de iniciativas nos recuerdan que educar no es tarea exclusiva de las escuelas, es un compromiso colectivo. El progreso de México no se medirá por grandes discursos, sino por la capacidad de garantizar que un niño en situación de vulnerabilidad tenga exactamente las mismas herramientas y oportunidades de desarrollo que uno que sí puede pagar una educación de calidad. Si tenemos claro que la educación es la palanca más poderosa para el desarrollo nacional, es momento de unir visión empresarial, esfuerzo docente y apoyo comunitario. ****Presidenta de Coparmex Tijuana.