México no ha logrado construir un sistema de educación superior propiamente dicho y el Estado ha tenido una errática política de financiamiento público. Pero es posible identificar momentos de expansión, apoyo o recuperación y otros de castigo financiero a las universidades públicas. Veamos, más allá de la coyuntura, de dónde venimos. Echeverría. Los setenta fueron los años de la masificación de la educación superior, con un acelerado crecimiento del número de estudiantes en la UNAM, pero también de creación de nuevas instituciones, por ejemplo, la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) en la capital. En ese sexenio, el número de estudiantes universitarios se duplicó, al pasar de 252 mil a 526 mil (108 por ciento más). Las universidades públicas atendían a 9 de cada 10 estudiantes. Eso fue posible por una importante inyección de recursos: el financiamiento federal se triplicó en términos reales (212 por ciento más). (Los datos están tomados de mis libros El financiamiento público a la educación superior en México, de 1997, y La economía política de la educación superior, de 2008, ambos publicados por la ANUIES; las cifras de este siglo vienen del anexo estadístico del Primer Informe de Gobierno de Claudia Sheinbaum). López Portillo. En este sexenio prosiguió la expansión de la matrícula estudiantil, pero ya sin innovación institucional: se alcanzaron los 919 mil estudiantes universitarios (un incremento en la matrícula de 59 por ciento). También el presupuesto se amplió de manera significativa: un 73 por ciento más en todo ese gobierno. Pero todo cambió en 1982, con la irrupción de la crisis de la deuda. Miguel de la Madrid. Ese gobierno estuvo marcado por el ajuste económico y la restricción del gasto público, que fue peculiarmente dura hacia las universidades públicas. En 1983 vieron un recorte financiero real de una cuarta parte de sus recursos (26 por ciento). Entre ese año y 1988 continuó la astringencia presupuestal, con una caída adicional de 21 por ciento. Aun así, la matrícula universitaria creció un 11 por ciento. Salinas de Gortari. La renegociación de la deuda externa permitió liberar recursos y relanzar el gasto público. A lo largo del sexenio, los recursos federales a la educación superior más que se duplicaron: en 118 por ciento más en 1994 frente a 1989. La matrícula creció un 11 por ciento, hasta llegar a un millón 217 mil alumnos. Ernesto Zedillo. Se amplía en un tercio el número de estudiantes universitarios de licenciatura, alcanzando a un millón 718 mil. Además, se llegó a 129 mil estudiantes de posgrado (una expansión de 66 por ciento en este nivel). El presupuesto a las universidades públicas, a pesar de la crisis de 1995, tuvo un incremento real de 25 por ciento durante ese gobierno. A la vez, las universidades privadas habían ganado terreno: atendían a tres de cada diez alumnos. Vicente Fox. Sin mayoría en la Cámara de Diputados, el PAN no podía imponer el presupuesto. El financiamiento federal a la educación superior creció 23 por ciento real en el sexenio. La matrícula de licenciatura se expandió en 22 por ciento, hasta abarcar a 2 millones 230 mil alumnos. Felipe Calderón. Sigue la pauta de su antecesor: la matrícula de licenciatura y posgrado aumenta en conjunto un 23 por ciento, superando los tres millones de alumnos. La ampliación presupuestal real en el sexenio fue de 31 por ciento. La matrícula privada siguió en 30 por ciento del total. Peña Nieto. Se alcanzan los 3 millones 610 mil alumnos en licenciaturas universitarias y tecnológicas: una ampliación de 18 por ciento. El posgrado crece poco, sólo 5 por ciento. Pero los recursos se estancaron: el financiamiento federal a educación superior aumentó uno por ciento. López Obrador. Con mayoría en la Cámara de Diputados, impone la reducción del presupuesto a las universidades públicas. El recorte en términos reales en el sexenio fue de 25 por ciento y, por primera vez en más de medio siglo, la matrícula de licenciatura y posgrado no crece, incluso cae en uno por ciento. Sheinbaum. En 2025, primer año de gobierno, el financiamiento federal a la educación superior siguió bajando: una reducción real de 4.9 por ciento. Esta visión panorámica permite constatar que la educación superior pública mexicana fue golpeada en dos momentos. Primero, por el draconiano ajuste de los años 80. Después, sin que hubiera una caída en el gasto público total, con los gobiernos de Morena.