Hacia la igualdad en las ciencias, hay que transformar la academia

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Por Vianey Mejía Jiménez Espacios de encuentro como la Primera Conferencia Mundial sobre la Mujer en el año 1975 y posteriormente la Plataforma de Acción de Beijing en 1995 han sido claves para que las mujeres organizadas de todo el mundo impulsen políticas de igualdad educativa en sus territorios. En consecuencia, hoy en día, América Latina (AL) y el Caribe tienen la mayor participación de ellas en la educación a nivel licenciatura. Según datos del año 2022 emitidos por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), las tasas más altas de matrícula femenina en este nivel son de Cuba, seguida de Belice y Argentina. Aunque muy por debajo del promedio de la región, México también participa en la estadística. Sin embargo, el número cambia en posgrado. Datos de la Agenda estadística UNAM 2025 nos dicen que en nuestra institución los hombres siguen siendo mayoría, con el 53 % de nuevos ingresos para maestría y doctorado. Aunque se trata de un fenómeno complejo de explicar, se analizan las interacciones de la maternidad y el trabajo de cuidados como factores que intervienen en estas diferencias. ¿Cómo fortalecer su presencia? Desde su creación en el año 2020, la Coordinación para la Igualdad de Género en la UNAM (CIGU) desarrolla distintas estrategias para fortalecer la presencia de las mujeres en la educación, puesto que, además de promover las vocaciones científicas entre las niñas y adolescentes, fomenta una academia más equitativa, incluyente y cuidadosa. A partir del año 2023 ha incentivado la multiplicación de espacios que faciliten la estancia y tránsito de las mujeres en la universidad tales como lactarios, cambiadores, centros infantiles y puntos de insumos para la menstruación, especialmente en las instancias donde se trabajan disciplinas CTIM (ciencias naturales, tecnología, ingeniería y matemáticas), ya que la subrepresentación de las mujeres en este campo es todavía uno de los mayores retos en cuanto a igualdad de género en América Latina. Además, recientemente creó el Diplomado de Especialización: Mentorías Feministas para la Iniciación Científica, en colaboración con la Coordinación de Humanidades y la Dirección General de Orientación y Atención Educativa. Esta iniciativa es de vital importancia porque “se hace cargo de cómo construimos comunidad y redes de solidaridad dentro de una academia profundamente patriarcal”, tal como señaló la investigadora Carolina Muñoz Rojas durante su intervención en la primera sesión del Diplomado. Para Muñoz Rojas, especialista en Políticas de Educación Superior, la desigualdad va mucho más allá de las brechas, porque es estructural y multifactorial debido a que entrelaza no sólo machismo, sino también clasismo, racismo, juegos de poder y discriminación. Por lo que considera fundamental transformar la esfera académica al desatar dichos “nudos patriarcales”, no únicamente sus efectos visibles como los estereotipos de género o la subrepresentación. Preguntarnos cómo son las instituciones científicas a las que se están integrando de manera reciente las mujeres y otros grupos históricamente discriminados, como las personas afrodescendientes o las que pertenecen a pueblos indígenas, es nodal para combatir la exclusión en su derecho a la educación. En esta primera sesión la doctora Carolina Muñoz instó a reflexionar sobre el hecho de que el espacio científico sigue siendo hostil para quienes son percibidas como “intrusas” debido a sus condiciones socioeconómicas, culturales o de género. Sólo así podremos coincidir en proyectos pedagógicos en los que las jerarquías y la violencia no perpetúen la segregación, apuntando a miradas interseccionales que consideren además la especificidad y diversidad de las mujeres que forman parte de la universidad. Sigue a la Coordinación para la Igualdad de Género en sus redes sociales @igualdadunam y mantente al tanto de las emisiones del mencionado Diplomado y otros programas de formación. Ilustración: Andrés Otero.