Nueva York, Estado Unidos, octubre 15.- Para referirse a los problemas de acceso al agua que padecen muchas regiones del mundo se han empleado durante años los términos estrés hídrico y crisis hídrica. Ahora, un informe impulsado por la ONU asegura que estos conceptos ya no son suficientes y propone usar un concepto enérgico para describir la situación de algunas áreas del planeta: se trata de la bancarrota hídrica. Esta expresión se aplicaría a aquellos territorios donde la situación de los recursos hídricos es totalmente insostenible al haber superado la capacidad de satisfacer la demanda con los recursos anuales que se reciben y de renovar los reservorios de agua heredados del pasado. Trasladando términos financieros al mundo de la gestión de recursos naturales, el informe explica que muchas sociedades no sólo gastan en exceso sus “ingresos” anuales de agua proveniente de lluvias, ríos, suelos y nieve, sino que también han agotado los “ahorros” acumulados durante décadas, siglos o milenios en acuíferos, glaciares, humedales y otros reservorios naturales de agua dulce. La cuestión tiene que ver tanto con la cantidad como la calidad de agua accesible. Las fuentes superficiales de agua polucionadas, los acuíferos y suelos salinizados significan que la fracción de agua verdaderamente utilizable disponible se está reduciendo, incluso donde los volúmenes totales pueden parecer estables. Este nuevo término de ‘bancarrota hídrica’ lo explica y difunde el informe Global Water Bankruptcy, Living Beyond Our Hydrological Means in the Post-Crisis, publicado en enero de 2026 por el Instituto de la Universidad de las Naciones Unidas para el Agua, el Medio Ambiente y la Salud (UNU-INWEH). Esta entidad, con sede en Canadá, fue creada en 1996 y es conocida como el think tank de la ONU para el agua. Es uno de los 13 institutos que conforman la Universidad de las Naciones Unidas (UNU), la rama académica de la ONU. Vivir por encima de las posibilidades “Este informe cuenta una verdad incómoda: muchas regiones están viviendo por encima de sus posibilidades hidrológicas y muchos sistemas hídricos críticos ya están en quiebra”, afirma el autor principal Kaveh Madani, director del UNU-INWEH. El informe de la UNU se basa en un artículo revisado por pares en la revista Water Resources Management y que define los términos de bancarrota hídrica, estrés hídrico y crisis hídrica. “Los términos habituales ‘estrés hídrico’ y ‘crisis hídrica’ no son adecuados para describir todas las situaciones. El estrés hídrico describe una alta presión que aún es reversible; la crisis describe choques agudos y limitados en el tiempo. La bancarrota hídrica debe reconocerse como un estado post-crisis distinto, donde el daño acumulado y el exceso han socavado la capacidad del sistema para recuperarse”, afirman los autores. El informe describe las formas en las que se manifiesta la bancarrota hídrica: “Las consecuencias de la bancarrota hídrica son visibles en todos los continentes: ríos que ya no llegan al mar; lagos, humedales y glaciares que se han encogido o desaparecido; acuíferos exprimidos hasta que el terreno se hunde y el agua salada se introduce en ellos; bosques y turberas que se secan e incendian; desiertos y tormentas de polvo que se expanden, y ciudades llevadas repetidamente al borde del Día Cero” o momento en que se quedarán sin capacidad de ofrecer abastecimiento a los ciudadanos, señala el informe. “Estos no son simplemente signos de estrés hídrico o episodios de crisis hídrica. Son síntomas de sistemas que han gastado en exceso su presupuesto hidrológico y han erosionado el capital natural que una vez hizo posible la recuperación. Y esto tiene efectos colaterales en los precios de los alimentos, el empleo, la migración y la estabilidad geopolítica”, añaden los autores. La bancarrota hídrica es especialmente tangible en diversas áreas del planeta, explican los autores del informe. Destacan regiones de Asia meridional y central, junto al norte de China, donde amplias llanuras agrícolas dependen de la irrigación y de acuíferos cada vez más sobreexplotados. A ello se suman Oriente Medio y el Norte de África, afectando al Mediterráneo y el sur de Europa. En América destacan el suroeste de Estados Unidos y el norte de México, con especial presión en la cuenca del río Colorado. A ellas se suman partes del sur de África y distintas regiones de Australia. Datos para entender la bancarrota hídrica Estas son algunas de las conclusiones y cifras del estudio Global Water Bankruptcy, Living Beyond Our Hydrological Means in the Post-Crisis. Las aguas superficiales se reducen Un número creciente de ríos importantes no logran llegar al mar o están por debajo de su caudal ambiental durante partes significativas del año. Más de la mitad de los grandes lagos del mundo han perdido agua desde principios de la década de 1990. Los humedales desaparecen o degradan Durante las últimas cinco décadas, el mundo ha perdido aproximadamente 410 millones de hectáreas de humedales, equivalente a la superficie de la UE. La pérdida de servicios ecosistémicos de estos humedales está valorada en más de 5.1 billones de dólares, lo que equivale aproximadamente al PIB anual combinado de unos 135 de los países más pobres del mundo. Los acuíferos se pierden o deterioran El agua subterránea proporciona cerca del 50% del uso doméstico mundial de agua y más del 40% del agua de riego. Sin embargo, alrededor del 70% de los principales acuíferos del mundo muestran tendencias de declive a largo plazo. La extracción excesiva de agua subterránea ya ha contribuido a una significativa subsidencia del terreno en el 5% de la superficie terrestre mundial. El hielo del planeta se pierde Desde 1970 se ha perdido el 30% del hielo de glaciares y zonas polares. Varias cadenas montañosas corren el riesgo de ver fundirse sus glaciares en décadas, socavando la seguridad a largo plazo de cientos de millones de personas que dependen de los ríos alimentados por ellos para obtener agua potable, irrigación y energía hidroeléctrica. El suelo pierde fertilidad Más de la mitad de las tierras agrícolas del mundo están moderada o gravemente degradadas, lo que reduce la retención de humedad del suelo y espolea la desertificación. Solo la salinización ha degradado aproximadamente 82 millones de hectáreas de tierras de cultivo de secano y 24 millones de hectáreas de tierras de cultivo de regadío, en total más de 100 millones de hectáreas de tierras de cultivo. La calidad del agua se pierde En muchas cuencas, la contaminación procedente de aguas residuales no tratadas o tratadas de forma inadecuada, la escorrentía agrícola, los efluentes industriales y mineros, y la salinización, hacen que parte de los recursos hídricos no sean seguros o económicamente viables. Es una cuestión que no depende de la cantidad aparente de agua disponible, sino de su estado.