En los siete años del régimen de la “cuarta transformación” el presupuesto de educación creció, pero la cobertura disminuyó, la inequidad se amplió y existen indicios de que los aprendizajes han declinado. ¿Cómo explicar esta paradoja? La respuesta nos la ofrece Carlos Mancera en su excelente ensayo “Gasto federal en educación en 2018-2024 y su trayectoria posterior” que aparecerá publicado en enero próximo en la revista Cuadernos de educación. El problema fundamental, dice Mancera, es que los recursos financieros se reorientaron hacia una expansión desorbitada de las becas y simultáneamente se abandonaron o eliminaron programas y servicios que son esenciales para el buen desempeño de la educación. La tesis es esta: en la 4T las becas obstruyen la educación y funcionan más bien cómo programas de bienestar social. De este modo, el proyecto de presupuesto 2025-2026 compromete el futuro de la educación en México. Convencionalmente, las becas las pensamos como un instrumento útil para impulsar el desarrollo educativo. Un caso ilustrativo fue el programa de becas Prospera que fue suprimido por el primer gobierno de la 4T; en este programa se aseguraba, primero, que los beneficiarios pertenecieran a las familias más pobres y, segundo, que la beca estuviera doblemente condicionada a: 1) la permanencia en la escuela y 2) que el alumno avance al grado siguiente. Esto no sucede con el actual programa de becas del gobierno federal; las becas se entregan a las familias sin que medie en ello ningún compromiso educativo, de modo que se convierte en un auxilio social, sin más.