Lo que la Torre de Babel puede enseñarnos sobre economía

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Por Felipe Camolesi Modesto La división del trabajo permite que la sociedad se desarrolle. Uno de los mitos más conocidos sobre el origen de las lenguas humanas tiene sus raíces en el antiguo mundo abrahámico. Según este relato, tras el Gran Diluvio que destruyó a una civilización soberbia, surgió una nueva generación para poblar el mundo renovado. Esta nueva sociedad, sin embargo, advirtió que podía alcanzar una vida mejor si no se dispersaba por toda la Tierra, sino que permanecía unida. En cuanto percibieron la posibilidad de lograr mayores niveles de desarrollo, quedaron cegados por su propio esplendor y comenzaron a verse como iguales a su Creador. En respuesta, Dios destruyó sus planes para obligarlos a reconocer su condición humilde. Esta historia contiene una lección implícita de economía. «Ea, pues, descendamos, y confundamos allí su lengua, para que ninguno entienda el habla de su compañero. Así los esparció Jehová desde allí sobre la faz de toda la tierra; y dejaron de edificar la ciudad» (Génesis 11:7–8, RVR). La civilización de la tierra de Sinar se desintegra repentinamente, y con ella también la división del trabajo entre su pueblo. Su organización social colapsó; ya no podían construir su ciudad. Todo se detuvo, y las personas comenzaron a dispersarse por las tierras de la Tierra hablando sus nuevas lenguas dentro de clanes ahora cerrados. Más allá de las interpretaciones morales, podemos observar un hecho social ya conocido por aquella población: la cooperación incrementa la calidad de vida, y el aislamiento genera pobreza. Al reconocer la división del trabajo como la «esencia de la sociedad», Ludwig von Mises observa en Socialismo: un análisis económico y sociológico: «Es el espíritu social, el espíritu de la cooperación social, el que forma, desarrolla y sostiene a las sociedades. Una vez que se pierde, la sociedad vuelve a desintegrarse. La muerte de una nación es la regresión social, el retroceso desde la división del trabajo hacia la autosuficiencia. El organismo social se disgrega en las células de las que partió. El hombre permanece, pero la sociedad muere». Este fenómeno es precisamente el que se describe en relación con la Torre de Babel. Tanto el pueblo como Dios, tal como se presentan en las Escrituras, comprendían esta relación de causa y efecto. La población de Sinar había logrado elevar su nivel de vida gracias a la división del trabajo, basada en su capacidad de comunicación y en la cercanía física entre vecinos. Cuando Dios decidió interrumpir sus planes, la acción elegida fue desmantelar sus relaciones sociales, es decir, la posibilidad misma de contar con división del trabajo. Como señala Mises: «La extensión de la división del trabajo es progreso económico: acerca la producción a su objetivo —la mayor satisfacción posible de las necesidades—, y este progreso es también progreso sociológico, pues implica la intensificación de la relación social». Hoy en día, el progreso de la civilización se ve incrementado o reducido de múltiples maneras. Moldeado por la ideología, el lenguaje, la voluntad y la coerción, el vector superior o inferior del desarrollo ataca los vínculos sociales entre los individuos. La «organización ordenada de la coerción», también llamada Estado, puede erosionar toda la estructura social necesaria para alcanzar niveles de vida más elevados, especialmente cuando se alimenta de ideologías aislacionistas o socialistas y se implementa mediante legislación y poder coercitivo. «La teoría nacionalista se autodenomina orgánica, la teoría socialista se autodenomina social, pero en realidad ambas son desorganizadoras y antisociales en sus efectos». Por lo tanto, queda claro que el mecanismo esencial del desarrollo o de la regresión es la división del trabajo y la cooperación. Cuanto más extensa e intensa es la división del trabajo —a medida que se amplía a más personas dedicadas a tareas cada vez más especializadas—, más rica se vuelve la civilización en términos económicos y sociales. El fortalecimiento o debilitamiento de las relaciones sociales determina el bienestar de la sociedad en su conjunto. Así, podemos evaluar la situación actual de nuestras civilizaciones: ¿estamos ampliando la división del trabajo y avanzando hacia la prosperidad, o estamos retrocediendo hacia formas de vida más primitivas? ****Felipe Camolesi Modesto es un arquitecto y urbanista.