Mujeres Invisibilizadas: El sexismo que prevalece en las instituciones científicas

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Por Liliana Morán Rodríguez ¿Por qué es necesario un día como el 11F? El Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia 2026 es un recordatorio de que aún faltan cambios estructurales para construir sistemas de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas más inclusivos. Si colocamos el foco en cómo superar el problema del sexismo en la ciencia, hoy va más allá de exponer la falta de mujeres o de referentes, es algo más profundo que las fotos no alcanzan a retratar. El sexismo y los valores androcéntricos operan para excluir a las mujeres y otras identidades de la producción de conocimiento científico. Cuando estas corporalidades logran acceder a estas áreas de conocimiento, se las infravalora, y se les suele exigir más que a los varones cisgénero heterosexuales. Las formas de exclusión e infravaloración suelen manifestarse en formas sutiles en los centros de estudios, los laboratorios o lugares de trabajo”, advierte la doctora Lu Ciccia, integrante del Centro de Investigaciones y Estudios de Género de la UNAM. No se trata únicamente de "invitar" a más mujeres a los laboratorios o de “emocionar” a las niñas para que vislumbren su futuro profesional en áreas científicas, porque finalmente llegarán a toparse con las desigualdades y los sesgos que mantienen la brecha de género. Mujeres Invisibilizadas Marie Curie ha sido retratada como una genio excepcional, pero esto puede tener un impacto negativo al considerar que ese éxito es inalcanzable (ganó dos premios Nobel, uno en física y otro en química). “Así, se mantiene la idea de que, para que una mujer sea reconocida en el ámbito científico, debe ser un caso de excepcionalidad absoluta, lo cual refuerza las barreras estructurales y simbólicas del androcentrismo”, advierte la doctora Ciccia. Sin ser culpa de Marie Curie, este efecto puede desmotivar y segregar, al imponer un estándar de excelencia desproporcionado que no se les exige a sus contrapartes masculinas. La cultura de la genio, además, suele centrarse en un perfil muy específico, el de la mujer generalmente blanca y cisgénero, lo que profundiza otros vacíos de género, según la investigadora Lu Ciccia. “Esta narrativa ignora a las mujeres racializadas, a las personas de la comunidad LGBTQI+ y que viven con discapacidad, quienes enfrentan barreras para siquiera acceder a la producción de conocimiento científico. ¿Cuándo hemos visto a una mujer racializada y/o en silla de ruedas como una referente de las áreas STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas)?” Dichas narrativas pueden perpetuar estereotipos de género en la ciencia y causar otros efectos en la vida de las mujeres y otras identidades. Por ejemplo, se sigue considerando a los hombres como la voz autorizada para hablar de temas complejos como algoritmos, tecnología, ingeniería o matemáticas, desplazando a las mujeres destacadas en estas áreas.

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Androcentrismo en la ciencia El actual sistema de valores androcéntricos que caracteriza a nuestras culturas y que, por tanto, atraviesa las ciencias, advierte la doctora Lu, generaliza características como la razón (masculina) y la emoción (femenina), al mismo tiempo que, desde el sistema, la razón es considerada superior y un valor fundamental para la producción de conocimiento Además, el androcentrismo alimenta la creencia de que la ciencia se produce desde "ningún lugar", sin prejuicios ni intereses, como si fuera una verdad neutral, objetiva y universal, fuera de tiempo y de espacio “Lo que enmascara el hecho de que el conocimiento es, en realidad, situado, encarnado y local, como describe Donna Haraway, filósofa feminista. Estos sesgos no son errores accidentales y nombrarlos no son un capricho del feminismo. Entre las consecuencias se encuentra la afectación en las agendas de investigación: se destinan presupuestos a estudios que históricamente han establecido una lectura jerárquica de los cuerpos, donde unos valen más que otros, en términos de raza y de sexo. Históricamente, se ha tomado al sujeto caucásico (menos del 1% de la población mundial) como el ser humano más acabado y complejo. Al entenderlo a él, se asumió que se entiende al resto de la población, relegando a otras corporalidades a la idea de “seres menos complejos” Actualmente, en algunos países, distintos institutos nacionales de salud, como el estadounidense, han exigido la inclusión del "sexo" como variable biológica, pero esto también resulta problemático, explica la doctora Lu Ciccia. “A menudo se cae en un esencialismo biológico binario (la idea de que las dos posibilidades reproductivas implican dos formas biológicas en todas las dimensiones) que ignora la complejidad y heterogeneidad clínica de las personas, basándose únicamente en la genitalidad externa o la composición de los cromosomas sexuales como el punto de partida para interpretar las prevalencias, el desarrollo y el tratamiento de enfermedades”. Feminización de lo precario La situación de las mujeres científicas en las instituciones de educación superior no se encuentra en equilibrio o en relación igualitaria con sus colegas varones. Bajo esa premisa, la doctora Lu Ciccia y otras investigadoras realizaron un estudio de caso que busca desentrañar la brecha de género en los institutos de investigación de la UNAM pertenecientes a las áreas de las llamadas Ciencias Exactas y Naturales. En el artículo Feminización de lo precario en la UNAM: Examinando los obstáculos a la igualdad de género, publicado en 2025, observaron una disparidad de género clara entre las disciplinas que ellas, en su estudio, dividen y nombran así: Las llamadas ciencias “puras” o pSTEM (ciencias de la Física, Tecnologías, Ingenierías y Matemáticas) y las STEM (que incluye otras ciencias, como las biológicas). Analizaron catorce institutos de investigación de la UNAM: seis categorizados como pSTEM (Matemáticas, Astronomía, Ingeniería, Matemáticas Aplicadas y Sistemas, Ciencias Nucleares y Física) y ocho como STEM (Biología, Ecología, Investigación Biomédica, Ciencias Genómicas, Biotecnología, Química, Fisiología Celular y Geología). Pudieron notar que las carreras académicas de las mujeres en esta universidad enfrentan obstáculos significativos, a diferencia de los hombres, quienes alcanzan la antigüedad en un período más corto. El estudio demuestra que existe una precarización laboral mayoritariamente femenina en los puestos de técnicas académicas. Estas posiciones, fundamentales para la investigación, suelen tener menor estatus, menor remuneración y escasas posibilidades de ascenso en comparación con los puestos de investigación que ocupan los hombres como investigadores. También, realizaron un análisis comparativo para comprender cómo interactúan la segregación horizontal y la segregación vertical (la ausencia de mujeres en puestos directivos) y, a su vez, su relación con el nivel de ingresos del personal académico. Por ejemplo, en disciplinas mixtas como la biología, es decir, donde hay relativamente igual cantidad de hombres y mujeres, hay una marcada segregación vertical, ellos son los que tienen los mejores puestos, y ellas están más precarizadas. Lo que demuestra que la presencia de más mujeres en estas disciplinas no garantiza la equidad, ya que hace más evidentes las barreras estructurales que las mantienen en posiciones precarizadas, como que la la figura de personal técnico académico sea mayoritariamente femenina. En áreas categorizadas como pSTEM, hay una marcada segregación horizontal: es decir, una sobrerrepresentación del varón cisgénero. Sin embargo, observaron una disminución de la segregación vertical: cuando ellas logran acceder y permanecer, alcanzan puestos, estímulos y nivel SNI iguales a sus contrapartes masculinas. A través de entrevistas, hicieron un estudio cualitativo en el que destacó que existe una valoración social, simbólica y económica diferenciada. Las áreas pSTEM son vistas como de alto prestigio. Además, en estas áreas, a pesar de tener los mismos estímulos económicos y estatus que los hombres, las mujeres suelen tener menor reconocimiento social y una autoestima menor que sus colegas varones. En general, en ambas áreas, las mujeres presentan el síndrome de la impostora, un fenómeno psicológico que se refleja cuando a pesar de que las mujeres logran alcanzar puestos de alto nivel y estatus académico, su autopercepción puede hacerlas sentir insuficientes constantemente. El estudio demuestra que el sexismo en la ciencia persiste, a través de barreras estructurales y simbólicas, estas últimas más difíciles de erradicar por encontrarse tan interiorizadas a nivel personal y en la sociedad.