Por Michel Olguín Lacunza Jeanne Louise Calment vivió 122 años y 164 días en Arlés, Francia. Nació el 21 de febrero de 1875 y falleció el 4 de agosto de 1997. Conoció a Vincent van Gogh cuando era joven, fumó ocasionalmente, comía chocolate y nunca realizó ejercicio formal, lo que rompe muchos mitos sobre la longevidad. Ella decía que su secreto era no tomarse la vida demasiado en serio. Recientemente se preguntó a ChatGPT cuál sería la forma de lograr que una persona viva hasta 140 años, y la respuesta llamó la atención. No se trató de dietas estrictas, rutinas de ejercicio extenuantes ni suplementos milagrosos, sino de evitar el estrés emocional crónico. No se alude al estrés cotidiano, como el derivado del tráfico o las tareas diarias, sino al estrés profundo que surge de complacer a otros, fingir bienestar o reprimir aquello que genera malestar. Este tipo de presión sostenida se asocia con desgaste celular, elevación persistente del cortisol y aceleración de procesos de envejecimiento, con impacto tanto en la salud física como en la mental. En ese sentido, el planteamiento no es vivir más años, sino vivir con mayor equilibrio. Al respecto, Gabriel Gutiérrez Ospina, investigador del Instituto de Investigaciones Biomédicas de la Universidad Nacional Autónoma de México, explicó que lo señalado por ChatGPT coincide con lo que se conoce desde la biología y la neurociencia del estrés. Se relaciona con la felicidad entendida como un estado de conciencia que implica amor propio, en el que la persona reconoce su bienestar y vive en interacción armónica con su entorno físico, material y social, añadió el académico. “La longevidad en el ser humano no ha cambiado de manera sustancial a lo largo de la filogenia humana; desde que somos Homo sapiens tenemos el potencial biológico de vivir muchos años”, señaló. De hecho, Gutiérrez Ospina plantea que, bajo condiciones adecuadas de cuidado físico, mental y social, una persona podría alcanzar, en un plano teórico, edades cercanas a los 140 años. Síndrome de domesticación En sus orígenes, los seres humanos eran presa de depredadores, por lo que vivían en grupos pequeños y se desplazaban constantemente para buscar alimento, refugio y protección frente a condiciones ambientales extremas. Esto los mantenía físicamente activos y metabólicamente adaptables. La domesticación también ocurrió en los humanos, no por la acción de otra especie, sino entre ellos mismos. Surgió con la agricultura, el sedentarismo y la domesticación de animales para la alimentación. Este proceso dio lugar a grandes asentamientos humanos y, paradójicamente, introdujo condiciones que limitaron la salud y la longevidad. Cuando las sociedades se establecieron en torno a la agricultura y la ganadería, desarrollaron estructuras de protección y ciudades-Estado. Con ello disminuyó la movilidad, lo que marcó un punto de inflexión en la posibilidad de mantener una vida físicamente activa. Si bien antes se moría principalmente por infecciones, el abandono del movimiento constante redujo la calidad de vida. La restricción en la diversidad alimentaria —al consumirse solo lo que se producía localmente— afectó la salud general. Además, el almacenamiento de alimentos y el consumo excesivo aportaron mayor energía, pero no necesariamente una mejor calidad nutricional, lo que tuvo efectos directos sobre la longevidad. La disminución de la actividad física, la falta de diversidad alimentaria, el sedentarismo y la ausencia de ejercicio generaron un entorno que redujo los años de vida saludable. El estrés también desempeña un papel central. El estrés agudo, asociado con la supervivencia inmediata —huir o luchar—, se activa y se desactiva rápidamente. En contraste, el estrés social y crónico sanciona de manera constante a quien no cumple ciertos roles o expectativas. En la actualidad, por ejemplo, en entornos familiares con conflictos constantes, mala alimentación, sedentarismo o violencia, se genera un estrés sostenido que afecta múltiples sistemas del organismo. Se trata de un estrés crónico de tipo metabólico y psicológico que no se libera adecuadamente y que termina deteriorando la salud en diversos niveles. Otro aspecto relevante es el funcionamiento de la psique. En el pasado, los desplazamientos prolongados ayudaban a regular el estrés. Hoy, gran parte de la población permanece largas horas en espacios cerrados, acumulando tensiones emocionales que no se descargan físicamente. El mensaje de ChatGPT ChatGPT alude, de manera general, a los efectos de la domesticación y al estilo de vida de las civilizaciones contemporáneas, tanto occidentales como orientales. Está documentado que niveles elevados y persistentes de estrés —psicológico y biológico— activan respuestas inflamatorias y procesos autoinmunes que favorecen o aceleran el envejecimiento. Vivir con mayor tranquilidad y aceptación personal se asocia con una mejor salud y, en consecuencia, con una mayor longevidad, aunque esto no ocurre de forma automática ni uniforme. Vivir con bienestar modifica profundamente la relación con el cuerpo. Como dice el dicho, “mente sana, cuerpo sano”, y existe evidencia científica que respalda esta idea. “Si se cuida al cuerpo —de manera consciente o inconsciente—, se duerme adecuadamente, se evita el estrés crónico y se reducen los pensamientos rumiantes, el impacto en la salud es significativo”. Una de las principales fuentes de estrés es la rumiación constante de ideas. Por ello, vivir bien implica un cuidado integral del cuerpo y la mente, lo que influye tanto en el envejecimiento biológico como en la estabilidad emocional. Un cuerpo en calma puede favorecer una mayor longevidad. Todo aquello que rompa ese equilibrio, genere inquietud o provoque estrés sostenido, tiende a acelerar los procesos de envejecimiento.