Profesor o Maestro

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En 1917, a iniciativa del presidente mexicano Venustiano Carranza, el Congreso de la Unión designó el 15 de mayo para la celebración del día del Maestro. Conmemoraciones similares suceden en otras partes del mundo, en diferentes fechas. Digamos que es un buen momento para agradecer y también para reflexionar un poco sobre esta función educativa esencial. A quienes tenemos o hemos tenido el privilegio de desempeñar esa posición en alguna institución educativa, es común que se nos llame de cualquiera de las dos formas. Sin embargo, en su etimología “profesor” y “maestro” no son sinónimos. En su origen y a través del tiempo, la palabra "profesor" se refiere a la persona que "declara", "profesa" o "manifiesta" algo en público, por ejemplo, en el caso de un docente, dar clase porque se sabe de un tema y de didáctica. "Maestro", en cambio, es una denominación de autoridad y sabiduría, de una persona que alcanza un nivel profundo de conocimiento de un tema, un largo proceso que refleja vocación, compromiso, investigación, docencia y publicación tanto de hallazgos como de avances y errores. Un maestro ha vivido el recorrido que va de la historia y fundamentos, al estado del arte y perspectiva futura de su tema. Conoce atajos y riesgos, recuerda a sus alumnos y a sus maestros. Quizás por estos contrastes, cuando mis alumnos o colegas me decían "profesor", lo agradecía desde luego, por tratarse de una distinción honrosa. Sin embargo, sentía que el apelativo no cubría cabalmente lo que trataba de lograr que mis alumnos lograran: no solo escuchar, preguntar o responder, sino aprender a formarse como personas y transformarse a través del conocimiento. E igualmente, cuando me decían "maestro" sentía que este otro apelativo tampoco era adecuado, porque más que un logro a presumir era sobre todo un ideal. Dicho de otra manera, ambos vocablos nombran a quien enseña, o trata de hacerlo, pero se enmarcan en significados culturales diferentes y, sobre todo, lo más importante, surgen de motivaciones, disciplina, rutas didácticas, contacto con maestros dedicados y vivencias personales muy distintas. Sobre estas bases, poco a poco fui elaborando y corrigiendo una especie de guía que puedes ver sintetizada en la tabla anterior, indudablemente incompleta, pero que hasta hoy me dice dos cosas: una, qué tan persistente y al mismo tiempo desafiante pueden ser dos vocablos aparentemente similares, pero realmente muy diferentes; y dos, la noción un poco escondida detrás del dilema de que, donde hay madera, la vocación de todo profesor no puede ser otra que la de llegar a ser maestro...