Granada, España, septiembre 15 Ideal).- Este debía ser el mejor comienzo de curso posible. Empiezan cuarto, su último año; en unos meses estarán graduándose y, por tanto, acercándose al sueño de ser educadores infantiles. Pero ha sido el peor primer día de clase que podían imaginar. «Venimos con una compañera menos, estamos rotos», cuenta Sheila entre lágrimas. Ella es una de las compañeras de Claudia, la joven de 21 años asesinada el pasado fin de semana en la ciudad en la que se encontraba de intercambio, Cuautla, en el estado de Morelos (México). Quienes la conocían la definen como alguien «brillante y muy comprometida». «Se fue a México convencida de que cambiaría el mundo de la educación», relatan entre lágrimas. Sus compañeros y amigos se han abrazado y han llorado desconsolados durante el minuto de silencio que se ha llevado a cabo a las 11.00 horas en la Facultad de Ciencias de la Educación. Las clases seguían adelante, pero a las aulas apenas han acudido compañeros de su clase. Sí han asistido de los otros dos grupos -Claudia estudiaba en el B-. Todos han recibido la noticia con incredulidad. «Era una chica muy inteligente, muy buena persona y también muy graciosa. Le importaba lo que hacía y creía que iba a hacer del mundo un sitio mejor con lo que podía dar de sí misma», señala su compañera María. Sheila, quien también estudiaba con ella, habla en la misma línea. «No solo compartíamos clase, compartíamos sueños. Todos los que estamos aquí amamos a los niños y tenemos una profunda vocación. Queremos cambiar el mundo y hacer de la educación algo mejor para nuestros pequeños. Ella se marchó a México a eso, a conocer otras historias, porque sabemos que en ese país el sistema es muy diferente», apostilla. Como otros tantos, María se ha enterado por los medios de comunicación. Ella ha sido quien se lo ha contado después a Sheila. «Ha sido una locura enterarnos así», insiste. Aún se encuentran en shock. «Es que no puede ser que no esté, ¿cómo no va a estar viva? Si ella no le ha hecho nunca daño a nadie, siempre tan estudiosa, trabajadora e inocente. Era una estudiante ejemplar, la verdad», recalca María. Se ponen en el lugar de la familia de la fallecida y lloran desconsoladas. «Nosotros, los alumnos, nos vamos a vivir a otros lugares para adquirir más conocimientos, a cambiar la realidad en la medida que podemos. Nos podía haber pasado a cualquiera de nosotros, que estemos solos de intercambio y les den la noticia a nuestros padres de que nos han matado. No hay derecho, no hay derecho», lamentan. A unos pocos metros, otro grupo de amigos se abrazan entre lágrimas. Hoy no han sido capaces de entrar en clase. Este será un curso muy duro para ellos.