Por Carlos Rodríguez Braun Catedrático jubilado de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid En 2026 cumplen 300 años Los viajes de Gulliver y 250 años La riqueza de las naciones. Ambos libros fueron publicados en Londres. Aparte de esa coincidencia geográfica, parece que no tienen nada en común, y que no hay paralelismos entre Jonathan Swift y Adam Smith. El escritor angloirlandés, en efecto, es célebre por su estilo provocador, ambiguo, satírico, irónico, crítico e incluso cínico, cruel y misantrópico, que no parece tener en alta estima la capacidad de la naturaleza humana para la convivencia. El filósofo-economista escocés, en cambio, es un autor calmado, sereno, reflexivo y equilibrado, que subraya la simpatía y la cooperación entre las personas, que pueden armonizar el propio interés con el bien común. Sin embargo, Adam Smith recurría a menudo a referencias literarias, especialmente en La teoría de los sentimientos morales de 1759, para explicar nuestras actitudes hacia lo que consideramos apropiado o incorrecto. Y en el curso sobre Retórica y Bellas Letras que impartió en Edimburgo en 1748, Smith explicaba que el gran maestro de la lengua inglesa era… Jonathan Swift. Quizá la aproximación entre ambos sea más estrecha que la admiración literaria del escocés por el angloirlandés. De entrada, es obvio que no conviene tomar a Swift al pie de la letra de sus personajes. Alice Temnick escribió en adamsmithworks.org: "Los lectores perceptivos de Swift comprenden que lo que Gulliver elogia, Swift lo critica". Shannon Chamberlain, por su parte, recuerda que se ha investigado bastante sobre la influencia que pudo tener Smith en los novelistas decimonónicos, en particular Jane Austen –quien esto escribe lo ha hecho en "Piketty Misreads Austen", The Independent Review. A Journal of Political Economy, invierno 2017, aquí. En cambio, se ha trabajado menos sobre las fuentes que pudieron inspirar a Smith, un autor que recurre con frecuencia a novelistas que, como Swift, pero no como Austen y otros autores del siglo XIX, escriben en primera persona: Richardson, Marivaux, Riccoboni. Subraya Chamberlain que, hablando sobre Swift y Gulliver, Adam Smith utiliza en sus Lectures on Rhetoric la palabra "simpatía", que tanta importancia iba a tener en Sentimientos morales, diez años más tarde. Lo hace porque la claridad y brillantez con la que Gulliver expresa sus emociones invita al lector a simpatizar con ellas, "y entonces –concluye Smith– la expresión adquiere toda la fuerza y la belleza que el lenguaje puede conferirles". Nada de abismo entre estos dos notables autores, pues.