Friendshoring: el nuevo término que dibuja el futuro de la globalización y las cadenas de valor

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El friendshoring es un término que surge de la combinación de las palabras «friendship» y «outsourcing». El término aparece descrito por primera vez en el informe sobre la resiliencia de las cadenas de suministro publicado por la Casa Blanca en junio de 2021, “Building resilient supply chains, revitalizing american manufacturing, and fostering broad-based growth”. Más tarde, lo popularizó la secretaria del Tesoro estadounidense, Janet Yellen, en un discurso en abril de 2022, y se ha extendido rápidamente, siendo incluso uno de los términos que más caló en el Foro Económico Mundial celebrado en enero de este año en Davos. En las propias palabras de Yellen, el friendshoring se refiere a la agrupación de países con valores y principios compartidos y el proceso de “favorecer la vinculación de las cadenas de suministro entre ellos, para que podamos continuar ampliando de forma segura el acceso al mercado y reducir los riesgos para nuestra economía, así como para la de nuestros socios comerciales de confianza”. Es decir, se trata de priorizar la relación con agentes que se encuentran en territorios aliados o amigos y que ofrecen, al menos sobre el papel, una mayor estabilidad a largo plazo. Sin embargo, la lucha por el liderazgo global en términos económicos, de desarrollo tecnológico y de poder político, tiene también un gran peso en este movimiento. Antes de la aparición del frienshoring, otros movimientos habían acompañado al concepto y evolución de la globalización. Destaca entre ellas la deslocalización, que ha supuesto, durante años, el traslado de la producción o de trabajos específicos a empresas en el extranjero, específicamente a países en desarrollo donde los costes laborales son, o han sido mayoritariamente, más bajos. En los últimos años, basándose en conceptos como el control de los recursos estratégicos, la seguridad de suministro o la soberanía energética, han tomado protagonismo otros términos como el nearshoring, que consiste en subcontratar tareas específicas a empresas situadas en el entorno más próximo, a menudo en el mismo país o región, o el reshoring, en referencia al modelo en el que las empresas trasladan su producción del extranjero a sus mercados nacionales. Las tensiones que existen actualmente en las cadenas de suministro a nivel global están afectando a todas las organizaciones, independientemente del sector y del tamaño. La necesidad de contener y combatir estas tensiones han sido mayoritariamente las que han conducido la irrupción del friendshoring. La pandemia de COVID-19, por un lado, causó interrupciones en la producción y el transporte de bienes en todo el mundo y las restricciones a la movilidad, los cierres de fábricas y los cierres de fronteras tuvieron un impacto significativo en las cadenas de suministro globales que todavía hoy se mantienen. Por otro lado, la escasez de materias primas, como los metales y los semiconductores, que se viene produciendo desde hace años, afecta a la producción de bienes en una amplia gama de industrias. Además, la demanda de estas materias primas ha ido aumentado a medida que la economía se ha ido recuperando de la pandemia, lo que ha llevado a precios más altos y a una mayor competencia por los recursos. En otro orden de factores, la falta de personas trabajadoras es cada vez un mayor problema en las industrias, especialmente en las que requieren habilidades especializadas. Ante este contexto global, durante un tiempo ha sobrevolado la idea de que nos dirigíamos hacia una desglobalización, liderada por los planes de reindustrialización de Europa y Estados Unidos, y una vuelta a casa de las cadenas de suministro. Sin embargo, frente a esta idea de “proteccionismo”, ha surgido el friendshoring, que ha implicado querer mover las cadenas de suministro a cualquier país que, a diferencia de China o Rusia, no sea calificado como un rival sistémico. Actualmente se están produciendo relocalizaciones, pero no realmente a Europa, sino a países como India, Vietnam, Tailandia y otros del sudeste asiático, lo que implica que no hay menos globalización, sino que se está desplazando a otras geografías. Estos movimientos implican por lo tanto aprovechar en parte las oportunidades de cierta «deslocalización» y articular alianzas estratégicas entre países que llevará a bloques de competencia/ competitividad, que deberán convivir con las alianzas más formales, como los tratados de comercio internacional. Ante estos movimientos también hay posicionamientos que piden tener prudencia. Ngozi Okonjo-Iweala, jefa de la Organización Mundial del Comercio, ha manifestado que los bloques comerciales que pretendan minimizar o eliminar los riesgos geopolíticos mediante la relocalización de actividades hacia países afines deben tener cuidado con los socios comerciales a los que favorecen, y ha abogado por explorar oportunidades comerciales con aquellos países y regiones que hasta ahora han quedado al margen del comercio mundial. En su alerta, indica además sobre la fragilidad de la amistad, especialmente en estos ámbitos, y que quien es amigo hoy, puede que no lo sea mañana. Las empresas deberán elegir sus aliados atendiendo al necesario equilibrio y fortaleciendo dichas relaciones basadas en la fiabilidad y competitividad, y una relación continuada y de confianza.