¿Qué es inflación y deflación?

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Inflación y deflación, dos conceptos que a menudo escuchamos en prensa, radio y televisión y que, sin embargo, no todos tienen claro. Ambos términos están relacionados con el índice de precios, un indicador clave de la economía de un país. Si los bienes y servicios son cada vez más caros y, por tanto, absorben una mayor proporción de los ingresos de los consumidores o, por contra, se abaratan y los consumidores retrasan el gasto en grandes compras, se verá reflejado en los índices de precios. Esta información macroeconómica guía a los economistas y responsables políticos a comprender el entorno económico y a tomar decisiones monetarias informadas. ¿Qué es la inflación? La inflación es un proceso económico que tiene lugar cuando el nivel de precios medio aumenta de forma sostenida en el tiempo. Aparece cuando la oferta y la demanda se desequilibran y, por tanto, el valor del dinero cae y los precios aumentan. Debemos tener claro que el poder adquisitivo de una moneda está determinado por la cantidad de bienes o servicios que el dinero puede comprar. Por tanto, el poder adquisitivo de esa moneda disminuye a medida que la inflación aumenta. En consecuencia, un consumidor deberá gastar más para conseguir lo mismo que antes compraba con menor cantidad de dinero. La inflación puede derivar de diferentes causas, aunque generalmente es el resultado de un incremento en los costes de producción o de un aumento en la demanda de productos o servicios. Lo vemos en detalle. Inflación impulsada por la demanda: Se produce cuando la demanda de productos o servicios es mayor que la oferta que llega al mercado. Cuando hay menos oferta disponible, los consumidores están dispuestos a pagar más para obtenerla. En estos contextos, los proveedores suben los precios para incrementar el beneficio que consiguen y el resultado son precios más altos para los consumidores. Inflación por costes: Cuando los costes en una empresa, por ejemplo, los de producción aumentan de forma significativa por motivos tan diversos como el incremento del precio de las materias primas, la subida de los salarios o la imposición de nuevas tasas fiscales, entre otros, los proveedores deben subir los precios para compensar y, en consecuencia, el coste de los bienes crece. El resultado son precios más altos para los consumidores sin cambio en la demanda de productos consumidos. ¿Qué es la deflación? La deflación es un proceso económico que se presenta cuando la oferta de bienes o servicios es superior a la demanda del mercado. La consecuencia directa es una caída prolongada en el precio de los bienes y servicios. Las causas de la deflación pueden ser muy variadas desde el desplome de la demanda total de bienes y servicios ante la falta de dinero circulante para adquirirlos, hasta el aumento de la productividad como consecuencia de los avances tecnológicos, unos costes de producción más bajos o la disminución de la confianza ante un evento negativo como una crisis sociopolítica, entre otras. Debido a que los precios siguen una tendencia a la baja, el poder adquisitivo del consumidor aumenta, ya que con el mismo dinero puede comprar más productos y servicios. Esto puede llevar a considerar la deflación como un buen contexto para el consumidor. Sin embargo, un periodo de deflación continuado en el tiempo puede poner en grave riesgo la economía del país dado que, si los precios bajan continuamente el consumidor pospone su actividad de compra en espera de que los precios sigan cayendo para adquirir los bienes y servicios a un precio más bajo. Al caer el consumo, la rentabilidad de las empresas baja, sufren pérdidas y deben tomar medidas en consecuencia para paliar la situación como la bajada de salarios, el despido de empleados, el impago de sus deudas (préstamos, créditos…) o el retraso en el cumplimiento de sus obligaciones tributarias. En consecuencia, la inversión se frena, los beneficios caen y se inicia un periodo de recesión. Inflación o deflación ¿qué resulta más conveniente para una economía? Unos niveles altos de inflación pueden poner en peligro una economía ocasionando una subida acelerada de los precios por encima de los aumentos salariales que deriva en el freno a la productividad de las empresas, falta de capacidad de compra del consumidor ante la pérdida de poder adquisitivo y en un reparto desigual del dinero. Del mismo modo, la deflación puede provocar una complicada crisis en una economía de una región ante la acumulación de efectivo por parte del consumidor que guarda con la expectativa de la bajada de precios continua. Esta coyuntura deriva en una reducción de la inversión y del gasto empresarial y, por tanto, en un aumento del desempleo y de la incertidumbre entre los consumidores. Una de las métricas más importantes que se utilizan para evaluar los cambios de precios asociados con el costo de vida e identificar los periodos de inflación o deflación es el IPC (Índice de Precios al Consumo) que mide los precios de una cesta de bienes y servicios en la economía, incluidos alimentos, automóviles, salud u ocio, entre otros. Las administraciones y las instituciones monetarias de un país o una región como la Comunidad Europea son las que se encargan de supervisar la evolución económica del territorio con el objetivo de controlar unos niveles moderados de inflación y deflación, y velar por el equilibrio entre ambos. En función de sus valoraciones establecen medidas de control fiscal y políticas monetarias destinadas a mantener la estabilidad de precios de la zona (que se suele fijar alrededor del 2% al 3% anual) y velar por un óptimo desarrollo socioeconómico. Como se puede constatar, inflación y deflación son dos conceptos esenciales que todo directivo o gerente debe conocer para tomar las mejores decisiones empresariales.