Por Verónica Mendoza Mora En las últimas tres décadas, en el país se ha incrementado la esperanza de vida, pero no se ha mejorado la salud, persistiendo años de vida con enfermedad o discapacidad, de acuerdo con estudios del Centro de Investigación en Políticas, Población y Salud (CIPPS) de la Facultad de Medicina de la UNAM. Así lo expuso Marcela Agudelo Botero, coordinadora y profesora del CIPPS, en una sesión del seminario Determinantes Urbanas de la Salud y el Bienestar, organizado por el Programa Universitario de Estudios sobre la Ciudad (PUEC). La académica subrayó que, en México, existen inequidades no solo en cuánto se vive, sino también en cómo se vive, con diferencias en calidad de vida entre territorios y sexos. Los estudios muestran que “el desempeño del sistema de salud no ha logrado reducir estas brechas, lo que indica limitaciones estructurales en el acceso y la calidad de la atención. No basta que existan los sistemas de salud, sino qué calidad prestan los servicios”, destacó. Para abordar las inequidades territoriales de salud se requieren políticas diferenciadas que se adapten a los perfiles epidemiológicos y sociales de cada entidad, subrayó Agudelo. ¿De qué enfermamos y morimos en México? A nivel nacional, entre 1990 y 2021 han predominado las enfermedades no transmisibles, sin embargo, coexisten con las causas de enfermedades transmisible; y las causas externas, como el homicidio, suicidio y muerte o discapacidad asociada con arma de fuego han incrementado. En 2021, las causas de enfermedades no transmisibles representaron entre 55 y 68% del total de la pérdida de años saludables. Asimismo, en ese mismo año, en la Ciudad de México y Puebla, las causas por enfermedades transmisibles tuvieron un peso superior a lo observado en otras entidades para la pérdida de años saludables; y Chihuahua y Zacatecas tuvieron una carga importante de años saludables perdidos por violencia, suicidio y accidentes de tránsito. En es mismo periodo, la esperanza de vida de los mexicanos se redujo 3.1 años, principalmente debido a enfermedades respiratorias. En este punto, la doctora apuntó que la pandemia por COVID-19 repercutió considerablemente en la disminución de esperanza de vida. Las entidades que tuvieron la mayor pérdida de años de esperanza de vida son: Ciudad de México con menos 4.3 años, Morelos y Zacatecas con menos 2.7 años. Por el contrario, Guerrero tuvo una ganancia de 4.8 años de esperanza de vida, Oaxaca de 3.1 años y Durango de 2.8 años. En el estudio encontraron que, de 1990 al 2021, la mortalidad de los mexicanos por enfermedades transmisibles, donde se encuentran las enfermedades respiratorias, se incrementó 50.3%, especialmente por la pandemia por COVID-19. La mortalidad por enfermedades no transmisibles, como diabetes, las cardiovasculares, cáncer, renal crónica y otras, disminuyó 16.8%. Aunque siguen siendo las principales causas de muerte en el país. La mortalidad por causas externas o lesiones, tales como homicidios, suicidios, entre otras, mostró una reducción de 30.4%. En el estudio también encontraron que se viven más años. Entre 1990 y 2019 la esperanza de vida a nivel nacional aumentó alrededor de 6.7%, pero no necesariamente se vio reflejado en condiciones de salud. El incremento por esperanza de vida ajustada por salud fue de 6.4%, es decir, los indicadores no crecieron a la par, lo que muestra un rezago. También las brechas entre entidades federativas persisten, aumentando las inequidades en esperanza de vida y esperanza de vida ajustada por salud. En este periodo, Ciudad de México incrementó la esperanza de vida a 9 años, pero hay estados donde aumentó muy poco. Los años de esperanza de vida saludable no creció igual, evidenciando desigualdad. Si bien, la capital mexicana tuvo un incremento en la esperanza de vida no fue congruente en cuanto a las ganancias de esperanza de vida saludable. “Se vive más pero no con mejor salud”, añadió, además de las desigualdades marcadas por el sexo y el lugar donde se vive. Igualmente, a nivel nacional las mujeres pasaron el 15% del total de años de su esperanza de vida con problemas de salud o discapacidad, lo que representa 11.8 años en condiciones de salud desfavorables de su esperanza de vida. En contraste, los hombres pasaron 8.8 años de vida con condiciones desfavorables de salud, es decir, vivieron con alguna discapacidad o limitación en salud, una proporción de 12.1% de esperanza de vida. El índice de acceso y calidad de la salud (HAQI) evalúa el desempeño de los sistemas de salud cuantificando las muertes evitables. En el estudio, al analizar 32 causas de muerte, detectaron que el país tiene la mayor tasa de mortalidad por causas evitables, de acuerdo con datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y estas son las que tienen una mayor carga en el gasto de bolsillo, de más de 40% del gasto total en salud, por lo que el gran desafío es lograr una cobertura universal y garantizar el acceso a los servicios de salud. Entre estos mismos años se observa una mejora general en el acceso y la calidad de la salud, pero ha sido desigual en el territorio y, muestra, además, un estancamiento en los últimos años. La brecha entre los estados con mejor y peor desempeño en los sistemas de salud se ha venido reduciendo, pero el sistema no está respondiendo de la misma manera. También los datos muestran mejor acceso y calidad de la salud en los estados con menores niveles de marginación y más altos para las enfermedades transmisibles que para las no transmisibles, lo que responde a las estrategias y políticas para la atención de factores de riego. Finalmente, consideró que generar información en la materia puede contribuir en la toma de decisiones en política pública, al brindar sustento y evidencia para orientar las decisiones. En el marco del ciclo titulado Bienestar en la ciudad: desigualdades, territorio y políticas públicas, de este seminario del PUEC, Marcela Agudelo expuso la ponencia “Inequidades territoriales en acceso y calidad de la atención a la salud en México: evidencia desde indicadores de desempeño y carga de la enfermedad”. La especialista afirmó que las transiciones epidemiológica, demográfica y nutricional, que ha experimentado el país en las últimas décadas, han impactado de manera directa en la salud de la población mexicana. “Estas transformaciones se vinculan con cambios en los perfiles de riesgo de la población, tales como el envejecimiento y la obesidad. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición de los últimos años, alrededor de 37% de las personas de 20 años o más tienen obesidad”. El país enfrenta distintos retos de salud de manera paralela, y no son homogéneos en el territorio, sino que son diferenciados por las condiciones sociales y territoriales; es aquí donde las políticas públicas y de atención a la salud deben tomar en cuenta estas diferencias. De igual manera, reconoció que en México y en general en América Latina, no hay un reemplazo de enfermedades, sino una acumulación de riesgos a lo largo del ciclo de la vida que incrementa la presión en los sistemas de salud, además de las implicaciones a nivel individual y familiar. Los datos presentados por la académica se basan en estimaciones del Global Burden of Disease (GBD), estudio de la carga de la enfermedad y factores de riesgo de carácter internacional y de acceso público que cuantifica de manera sistemática la magnitud de la pérdida de salud causada por enfermedades, lesiones y factores de riego de distintas poblaciones; al mismo tiempo que ofrece distintas métricas e indicadores y que integra múltiples fuentes de información. Se trata de una fuente de información que va de 1990 al 2023, abarca 204 países y territorios, y contiene datos acerca de más de 300 enfermedades y 80 factores de riego; además de desagregación por edad, sexo y territorio en 925 áreas geográficas. “Los datos de la carga global de la enfermedad GBD tiene bondades, pero también limitaciones. No hay que perder de vista que son estimaciones a partir de datos estandarizados y comparables pero que pueden estar sujetos a errores de medición, subregistro y variabilidad en la calidad de las fuentes”. Para conocer lo que sucede en México, la Dra. Marcela Agudelo, junto con un grupo de investigadores, analizaron la triple carga de la enfermedad, que hace referencia a enfermedades transmisibles, no transmisibles y lesiones. “La carga de la enfermedad, es un concepto utilizado en salud pública y epidemiológica para medir el impacto total que tienen las enfermedades, lesiones y factores de riesgo sobre la población, considerando, la mortalidad y la morbilidad”, precisó. Imagen: Rictus.