Tijuana, Baja California, agosto 29.- Cinco años después, la retórica del desarrollo tecnológico choca de frente con la desindustrialización, la fuga de empleos y el reclamo constante del sector empresarial. Lo que en 2021 se vendió como una transición histórica hacia la estrategia de Guanajuato conocida como Mentefactura, los semiconductores y la atracción de capitales de alto valor, ha derivado en una de las etapas más complejas para el sector productivo de la entidad. El plan original planteaba aprovechar la colindancia con California para transformar la base manufacturera del estado en un hub de tecnología, software y centros de investigación. Realidad industrial La falta de infraestructura eléctrica, las deficiencias en el suministro de agua y la incertidumbre en materia laboral han impedido la consolidación de proyectos de alto valor tecnológico, manteniendo al estado dependiente de esquemas de maquila tradicional hoy resentidos por aranceles y costos operativos. Las cifras del estancamiento La brecha entre las proyecciones gubernamentales y la dinámica del mercado local queda al descubierto al cotejar los indicadores del sector: Choque con la iniciativa privada Mientras la Secretaría de Economía insiste en que la entidad mantiene una economía sólida y minimiza los reportes de desaceleración, organismos como el Consejo Coordinador Empresarial (CCE) y la Asociación de Recursos Humanos de la Industria de Tijuana (ARHIT) han cuestionado duramente la postura oficial. El sector empresarial ha exigido reiteradamente la reducción del Impuesto Sobre Nómina y el freno a la carga regulatoria para evitar que más plantas migren sus operaciones, señalando que el plan de transformar a la región en un polo tecnológico quedó reducido a una promesa de campaña sin sustento presupuestal ni ejecución técnica.