Addis Abeba, Etiopía, julio 29.- La inflación mundial de los precios de los alimentos ha superado considerablemente la inflación general desde 2020, lo que refleja la mayor volatilidad y las persistentes presiones en los mercados agrícolas y alimentarios, señala el informe de este año El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo (SOFI 2025) publicado por cinco organismos especializados de las Naciones Unidas, entre ellos la FAO. SOFI 2025 examina las causas y consecuencias del aumento de los precios de los alimentos entre 2021 y 2023 y su impacto en la seguridad alimentaria y la nutrición. El informe destaca que la respuesta política global a la pandemia de COVID-19 —caracterizada por amplias intervenciones fiscales y monetarias— combinada con los impactos de la guerra en Ucrania y los fenómenos climáticos extremos, contribuyeron a las recientes presiones inflacionarias. Esta inflación de los precios de los alimentos ha obstaculizado la recuperación pospandémica de la seguridad alimentaria y la nutrición. Desde 2020, la inflación mundial de los precios de los alimentos ha superado sistemáticamente la inflación general. La brecha alcanzó su punto máximo en enero de 2023, cuando la inflación de los alimentos alcanzó el 13.6%, 5.1 puntos porcentuales por encima de la tasa general del 8.5 por ciento. Los países de bajos ingresos se han visto especialmente afectados por el aumento de los precios de los alimentos . Si bien la inflación media mundial de los precios de los alimentos aumentó del 2,3 % en diciembre de 2020 al 13,6 % a principios de 2023, aumentó aún más en los países de bajos ingresos, alcanzando un máximo del 30 % en mayo de 2023. A pesar del aumento de los precios mundiales de los alimentos, el número de personas que no pueden permitirse una dieta saludable se redujo de 2.760 millones en 2019 a 2.600 millones en 2024. Sin embargo, la mejora fue desigual. En los países de bajos ingresos, donde el costo de una dieta saludable aumentó con mayor intensidad que en los países de altos ingresos, el número de personas que no pueden permitirse una dieta saludable aumentó de 464 millones en 2019 a 545 millones en 2024. En los países de ingresos medianos-bajos (excluida la India), la cifra aumentó de 791 millones en 2019 a 869 millones en el mismo período. El informe recomienda una combinación de respuestas políticas a la inflación de los precios de los alimentos. Estas incluyen medidas fiscales específicas y con plazos concretos, como programas de protección social, para proteger a los hogares vulnerables; políticas monetarias creíbles y transparentes para contener las presiones inflacionarias; e inversiones estratégicas en I+D agroalimentario, infraestructura de transporte y producción, y sistemas de información de mercado para mejorar la productividad y la resiliencia. El presidente del FIDA, Álvaro Lario comentó: «En tiempos de aumento de los precios de los alimentos y de disrupción en las cadenas de valor mundiales, debemos intensificar nuestras inversiones en la transformación rural y agrícola. Estas inversiones no solo son esenciales para garantizar la seguridad alimentaria y nutricional, sino que también son cruciales para la estabilidad mundial». Por su lado la directora ejecutiva del PMA, Cindy McCain, declaró: «El hambre se mantiene en niveles alarmantes, pero la financiación necesaria para combatirla está disminuyendo. El año pasado, el PMA brindó asistencia alimentaria vital a 124 millones de personas. Este año, recortes de financiación de hasta el 40 % significan que decenas de millones de personas perderán el sustento vital que brindamos. Si bien la pequeña reducción en las tasas generales de inseguridad alimentaria es bienvenida, la continua falta de asistencia crítica a las personas que la necesitan desesperadamente pronto anulará estos logros, lo que provocará mayor inestabilidad en regiones vulnerables del mundo».