Combustibles fósiles no son el camino ni hacia la soberanía energética ni hacia el bienestar

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A pesar del historial de desastres vinculados a la industria fósil, el gobierno de México reafirmó esta misma semana su apuesta por el mal llamado gas natural como pilar de la política energética. En palabras de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, el gas “natural” es un combustible fósil de la misma familia que el petróleo y el carbón. Además, se abrió la puerta a buscar la extracción de este recurso a través del fracking o fractura hidráulica, técnica que tiene impactos ambientales y en la salud humana que ya han advertido múltiples especialistas y organizaciones de la sociedad civil (1). Estamos hablando de una industria peligrosa, contaminante y que alimenta el cambio climático. Por ello, las organizaciones firmantes insistimos en que romper la dependencia hacia los combustibles fósiles y transitar hacia energías renovables es la mejor manera de prevenir desastres socioambientales como los que hemos visto, no solo en días recientes, sino a lo largo de décadas de operación. Este tipo de siniestros no son accidentes aislados, sino una constante en un sistema energético roto. Lo que necesitamos no son más megaproyectos de energía fósil, sino un cambio profundo hacia un modelo basado en fuentes renovables, accesible, justo para las personas, las comunidades y los ecosistemas, y respetuoso con los territorios y la vida que albergan. La evidencia que no quieren ver Los desastres vinculados a la industria fósil no son eventos aislados. Son frecuentes y sus impactos son graves. Tan solo en lo que va de 2026 se han presentado, entre otros, los siguientes: El incendio del 9 de abril en la fosa de almacenamiento de coque de la refinería Olmeca, en Dos Bocas. El 17 de marzo ocurrió un incendio en la refinería Olmeca, en el municipio de Paraíso, Tabasco. Petróleos Mexicanos (Pemex) informó que el accidente se debió a fuertes lluvias que ocasionaron el desborde de aguas aceitosas que posteriormente se incendiaron. Cinco personas perdieron la vida. El 5 de marzo de 2026 comenzó un incendio por fuga de gas en el pozo Krem-1 de Pemex, en el Ejido Constitución Mexicana, en Las Choapas, Veracruz (2). Horas después del primer incendio se registró una segunda explosión provocada por una fuga en el cabezal de la instalación. No se reportaron personas lesionadas; sin embargo, a más de un mes, el pozo continúa ardiendo y comunidades cercanas han reportado dolores de cabeza y náuseas por la exposición a contaminantes (3). En los primeros días de febrero inició un derrame en el Golfo de México, cuyo origen, responsables e impactos siguen en la opacidad. La Red Corredor Arrecifal del Golfo de México reportó más de 933 km de litoral impactados, afectando ecosistemas clave como arrecifes de coral, manglares y sistemas lagunares (4). Otros ecosistemas vulnerables incluyen praderas de pastos marinos y vegetación acuática sumergida (5). Vez tras vez comprobamos que la operación de la industria petrolera representa un riesgo para el medio ambiente y para las personas. Por ello, hacemos un llamado a la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, a no ignorar lo evidente. Los hechos y la ciencia —campo al que también pertenece— confirman que los combustibles fósiles no son el camino ni hacia la soberanía energética ni hacia el bienestar de las y los mexicanos. No más petróleo. No más gas “natural”. No al fracking. Fuentes: 1. Boletín del 9 de abril de 2026, Alianza Mexicana contra el Fracking y otras organizaciones. 2. Gatopardo: “Todo esto recién está empezando (Veracruz mi tierra empetrolada)”. 3. Proceso: Reportan segundo incendio en el pozo Krem-1. 4. Red del Corredor Arrecifal del Golfo de México, webinar del 31 de marzo de 2026. 5. Pérez Brunius, P. y Aguirre Macedo, M. L. (2021). Regiones y ecosistemas vulnerables ante derrames en el Golfo de México.