Londres, Inglaterra, marzo 2 (El Economista.es).- El tablero geopolítico ha vuelto a saltar por los aires este fin de semana. El ataque coordinado de Estados Unidos e Israel sobre Irán acabó con altos cargos iraníes, entre los que se encontraba el líder supremo, el ayatolá Ali Jamenei, además de dejar dos centenares de muertos. La gran duda ahora es si esta ofensiva, bautizada por el Pentágono como "Operación Furia Épica", es solo el inicio de un conflicto mucho más largo y profundo o si realmente ambas partes están dispuestas a volver a sentarse a negociar tal y como afirmó el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, este domingo. Los "nuevos líderes iraníes" le habrían pedido negociar, "y he accedido", señaló Trump en una entrevista con The Atlantic, horas después de que tanto Estados Unidos como Israel instaran a los iraníes a derrocar a sus líderes y de que los ataques permearan a otros países de Oriente Medio donde Irán bombardeó bases militares estadounidenses tras prometer una "respuesta aplastante". La duración del conflicto, por tanto, es ahora mismo impredecible y al mismo tiempo necesaria para poder calibrar las consecuencias económicas. Todo apunta a que sí habrá una primera sacudida sobre el mercado energético que podría llegar a tener un impacto directo sobre la inflación y acabar con la frágil tranquilidad con la que los mercados financieros llevan meses moviéndose, pudiendo cambiar, en el escenario más adverso, el paso incluso a los grandes banqueros centrales. Un conflicto bélico en Oriente Medio de calado acabaría rápidamente con la estabilidad en los precios de la energía. No solo por el papel que tiene Irán como productor de petróleo, sino por su situación estratégica. La República Islámica bombea alrededor de 3,3 millones de barriles al día, o el 3% de la producción mundial, lo que la convierte en el cuarto mayor productor de la OPEP a pesar de las sanciones internacionales impuestas a Irán, aunque la clave se encuentra más allá de su volumen de exportación. Irán tiene control estratégico sobre el Estrecho de Ormuz, por donde transita una quinta parte del suministro mundial de petróleo procedente de proveedores clave, como Arabia Saudita e Irak. Los petroleros y gaseros están evitando esta vía marítima tras los ataques del sábado, y los medios iraníes afirmaron que está "prácticamente cerrada" aunque el país no haya dado una orden como tal. Además de los efectos en el petróleo y el gas, una paralización del tránsito en el Estrecho de Ormuz también impediría el paso de numerosos fletes provocando numerosos cuellos de botella. De hecho, dos de las compañías navieras más importantes del mundo, Mediterranean Shipping Company (MSC) y Maersk, anunciaron el domingo la suspensión de sus operaciones en el Estrecho y los barcos se han amontonado a ambos lados de la entrada, según datos recopilados por Bloomberg. Muchos bancos de inversión ya apuntaban hace meses que el precio del petróleo de referencia en Europa, el Brent, podría escalar hasta la barrera psicológica de los 100 dólares si se producía un conflicto bélico en Irán. En las últimas semanas el ruido ya se había instalado en los mercados y el Brent había subido un 19% desde que empezó el año, hasta cerrar el viernes en el entorno de los 72,5 dólares. Por tanto, alcanzar esos niveles significaría una subida cercana al 40%. Antes de que abriesen los mercados regulados, los futuros del crudo se movían con alzas que rondaban el 10%, hasta los 80 dólares, en el mercado OTC (over-the counter) donde se producen operaciones bilaterales, según apuntaba Reuters. Pero el petróleo no es la única materia prima afectada de un modo muy directo. Los países vecinos de Irán, como Qatar, se encuentran entre los productores más importantes del mundo de gas, y la región también es una ruta de suministro vital, ya que el 20 % de las exportaciones de gas natural licuado (GNL) transita por el Estrecho de Ormuz. El paso de buques gaseros también está prácticamente paralizado y, por tanto, el gas afronta su mayor crisis desde que la invasión rusa de Ucrania trastocó el comercio mundial hace cuatro años. Precisamente en 2022 fue cuando el crudo cotizó por última vez por encima de los 100 dólares. En esos meses llegó a rozar los 128 dólares el barril de Brent. Lo ocurrido ahora, si no llegan a buen puerto esa posible vuelta a la negociación, podría ser muy distinto a la reacción controlada de Irán del pasado mes de junio, cuando respondió al ataque de Estados Unidos sobre las instalaciones nucleares del país con el lanzamiento de algunos misiles contra bases estadounidense en la zona, sin escalar más la situación. Entonces, los precios del petróleo repuntaron aunque de manera más o menos contenida, llegando a acercarse a los 80 dólares desde los 65 en los que estaba cotizando previamente. El cártel de 26 países productores de petróleo del que forman parte países como Arabia Saudí, Rusia, Irán, Irak, Kuwait o Venezuela, convocó una reunión de urgencia este domingo, en la que se decidió elevar la producción de petróleo en 206.000 barriles diarios para el mes de abril, un volumen superior a lo previsto pero que resultaría insuficiente para contener los precios. De momento, Estados Unidos no está?considerando liberar petróleo de su reserva estratégica, según apuntaba el sábado Financial Times. Precios más altos en el petróleo y el gas serían un irremediable componente inflacionista para la economía, que en el peor de los escenarios se enfrentaría a una estanflación si el crecimiento también se viera salpicado en el caso de que el conflicto sí acabe alargándose mucho en el tiempo y se produjera una interrupción real del suministro energético durante un periodo prolongado o si algunos países aliados de Estados Unidos o Irán decidieran tomar un papel más relevante en el conflicto que amplificasen la tensión. No hay que olvidar que China, que ya ha denunciado el ataque, es el principal comprador de petróleo iraní, absorbiendo en torno al 80-90% de las exportaciones. El peor escenario posible, de un repunte significativo de la inflación, acabaría modificando las hojas de ruta de los grandes bancos centrales pudiendo llegar a forzar una subida antes de lo previsto. El Banco Central Europeo (BCE) lleva varios meses sin tocar el precio del dinero, manteniendo los tipos de interés en el 2% sin esperarse más movimientos en lo que resta de año, mientras que la Reserva Federal estadounidense (Fed) también ha empezado a echar el freno en las bajadas y, a la espera del rumbo que pueda tomar con el nuevo presidente Kevin Warsh a partir de mayo, los mercados apuntaban hasta ahora a dos recortes más antes de que acabar 2026. En busca de activos refugio Los primeros ataques aéreos de Estados Unidos e Israel sobre Irán en la mañana del pasado sábado se produjeron con los mercados financieros totalmente cerrados y sin dar posibilidad a los inversores de reaccionar rápidamente. A partir de este lunes se abren varios escenarios en función de si hay avances en las negociaciones entre Washington y Teherán o de si el conflicto se alarga. En un primer momento todo apunta a que los inversores buscarán refugio en ciertos activos y a que la volatilidad será la gran protagonista en las próximas jornadas. Es cierto que, en otras ocasiones, las primeras reacciones iniciales de ventas se han contenido rápidamente y los mercados se han sobrepuesto. "Los operadores adoptarán la estrategia de primero el refugio, luego las preguntas", apuntaba este domingo John Briggs, director de estrategia de tipos de interés estadounidenses en Natixis, en declaraciones recogidas por Bloomberg. Briggs señaló que es probable que los bonos del Tesoro extiendan los movimientos vistos el viernes, cuando los rendimientos a corto plazo se desplomaron a niveles no vistos en 2022. Las compras de renta fija también llevaron a la rentabilidad del bono estadounidense a 10 años a caer por debajo del 4%, marcando niveles no vistos desde octubre de 2024. No obstante, hay que recordar que en 2022, en plena crisis energética por la invasión en Ucrania, la renta fija no actuó como refugio, sino que pesó más el impacto que se iba a producir en la inflación que se acabaría traduciendo en una subida de los tipos de interés para contenerla. Así, la rentabilidad del bono estadounidense a una década llegó a subir hasta el 4,2% ese año (desde el 2% en el que cotizaban antes del inicio de la guerra); en 2023 rozaría incluso el 5%. De lo que no hay duda es de que en los últimos meses el activo refugio favorito de los inversores han sido los metales preciosos. El oro y la plata acumulan una revalorización del 20% y del 30% solo en lo que va de año, en un momento en el que el mercado duda de cuál será el impacto real de la inteligencia artificial para muchas empresas y sectores. Si los inversores huyen con fuerza de las bolsas, este podría ser un claro destino nuevamente. "La reacción inicial del mercado ante este tipo de evento suele ser una baja en los rendimientos de los bonos del Tesoro y en las acciones. La reacción del dólar estadounidense no está garantizada; el oro tiende a beneficiarse, mientras que el bitcoin se ha cotizado como un activo de riesgo (es decir, a la baja junto con las acciones)", opinan desde Franklin Templeton. A nivel sectorial, últimamente también se ha producido una rotación que podría acentuarse si la aversión al riesgo se incrementa. Muchos inversores han salido de tecnología y acciones de crecimiento (growth) para dirigirse a utilities o sectores como el consumo básico. En cualquier caso, el conflicto bélico llega en un momento en el que muchas bolsas cotizan en máximos históricos, lo que hace más probable una recogida de beneficios. Este domingo solo algunas delas bolsas de Oriente Medio como Arabia Saudita, Omán, Baréin o Jordania abrieron. Lo hicieron con caídas que se fueron suavizando con el paso de las horas. Arabia Saudita, que como otros parqués de la región abre habitualmente los domingos, comenzó el día con una caída del 4,8%, aunque el desplome inicial se moderó rápidamente hasta registrar caídas en torno al 2%. Mientras, en Jordania, Omán y Baréin los inversores también deshicieron posiciones de manera ordenada, con caídas en el entorno del 1% o ligeramente superiores. Qué niveles vigilar "En un lunes como el de hoy, lo relevante no es cómo abre la sesión, sino cómo la cierra. Hay que tener cuidado con esos momentos de aparente pánico, porque en más de una ocasión el mercado ha caído con fuerza al inicio para después engullir por completo esas pérdidas antes del cierre", indica Joan Cabrero, analista técnico de elEconomista.es. "En el caso del Ibex 35, incluso en un escenario exigente, ya no me centraría en soportes de muy corto plazo como los 18.116 puntos, sino en la referencia clave de los mínimos de febrero en los 17.580", señala, añadiendo que en el EuroStoxx 50 el nivel importante se sitúa en los 6.000 puntos mientras que en Wall Street hay que vigilar los 24.250 puntos del Nasdaq 100 y los 6.800 puntos del S&P 500 al cierre de una sesión. Ahora bien, si "el S&P 500 cediera los 6.500 puntos, último bastión de los alcistas, el mensaje sería inequívoco. Ahí el mercado dejaría de dudar", concluye.