El petróleo a punto de convertirse en el mayor problema para la economía global: "Implica el cierre de industrias y recesión"

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Madrid, España, mayo 6 (El Economista.es).- "El mundo se está quedando sin tiempo", asegura uno de los grandes expertos globales en energía. La economía global ya se enfrentaba a varios riesgos que hacían dudar de la continuidad del ciclo expansivo mundial, pero pocos habrían apostado a que iba a ser el petróleo el desencadenante de la crisis. Más bien parecía al revés. El exceso de crudo global se había convertido en un viento de cola para la economía, funcionando como una suerte de bajada de impuestos que impulsaba el consumo de los países más avanzados y otras grandes potencias (China y la India, por ejemplo). Ahora, con un crudo disparado y escaseando, la economía global sufre el equivalente a una drástica subida de impuestos (que podría estar a punto de empeorar) en un momento del ciclo que ya parecía frágil por los innumerables nubarrones que se atisbaban en el horizonte. Pero lo peor aún puede estar por llegar. El tiempo se agota y el crudo ya roza el punto de no retorno que puede derribar la economía global. Pocas veces un shock externo tan evidente y peligroso se ha tomado tan poco en serio respecto a los efectos que puede tener en la economía. Los mercados y los analistas (el mainstream) apostaban por un fin rápido del conflicto que devolvería al petróleo a los 60 dólares. Pero ahora mismo, el crudo está a punto de convertirse en el mayor problema para la economía global, sobre todo en aquellas regiones donde el crecimiento ya era débil y que, además, coincide casi en su totalidad con las que son más dependientes de las importaciones de petróleo. Aunque el petróleo cae con intensidad este miércoles ante el acercamiento entre EEUU e Irán, el Brent sigue superando los 100 dólares por barril, muy por encima de los precios previos a la guerra. El último informe publicado por JP Morgan admite que la economía mundial se encuentra en una encrucijada marcada por el shock energético derivado del conflicto en Oriente Medio. Aunque la caída de la oferta ha sido extraordinaria (con una pérdida de más del 10% del suministro global de crudo), el banco subraya que "en lugar de provocar una carrera desesperada por el petróleo, los inventarios y las expectativas de reapertura del estrecho han contenido las presiones sobre los precios por ahora...". Esta aparente calma es engañosa, puesto que el mercado energético y la expansión global están "en una encrucijada", donde todo depende de que las tensiones geopolíticas se resuelvan antes de que las reservas se agoten. El banco americano ha elevado ya la probabilidad de recesión de la economía global al 35%. Lo que parecía otra bravuconada más del presidente de EEUU se ha convertido en un terreno pantanoso del que EEUU no sabe salir sin perjudicar aún más su imagen y en el que Irán se mueve bien tras décadas de sufrimiento y decadencia económica (el pueblo iraní está acostumbrado a resistir). Menos de cuatro semanas El mercado petrolero se encuentra a menos de cuatro semanas de un punto de inflexión que disparará los precios significativamente, según advierten los operadores, a medida que el bloqueo del Estrecho de Ormuz reduce las reservas mundiales por debajo de niveles críticos, según revelan desde el Financial Times. "No tenemos meses", afirma Frederic Lasserre, jefe de investigación de Gunvor, una de las mayores comercializadoras de petróleo del mundo, en declaraciones al Financial Times. Además, este experto advierte que habrá "un gran sufrimiento" a medida que las economías tengan que dejar de consumir combustible. "Va más allá de la gasolina en las gasolineras; implica el cierre de la industria y la entrada en recesión... El punto de inflexión es claramente junio", añade. "Este es el momento en que algo tiene que ceder". Ya no solo es que la subida del petróleo actúe como una subida de impuestos, es que forzará el cierre directo de ciertas partes de la economía que son esenciales. Mientras que estos dos países se enfrentan (ambos producen mucho petróleo), "para el resto del mundo, el tiempo se agota. En términos de volumen, el bloqueo de facto del estrecho de Ormuz por parte de Irán representa la mayor perturbación en la historia de los mercados petroleros mundiales. Muchos observadores se preguntan por qué los mercados parecen sorprendentemente imperturbables. Los precios del petróleo han subido, pero no tanto como tras la invasión rusa de Ucrania. Los mercados bursátiles, en particular, se mantienen fuertes", asegura Christof Rühl, Investigador principal del Centro de Política Energética Global de la Universidad de Columbia y miembro del consejo asesor de Crystal Energy. La falta de pánico en los mercados no es irracional, explica este experto. Los inventarios y las expectativas lo explican. Los mercados petroleros estaban bien abastecidos cuando comenzaron los ataques contra Irán, con una oferta que superaba la demanda y altos niveles de inventario. Los mercados financieros siguen previendo que la guerra y la perturbación cesarán antes de que los inventarios muestren signos de tensión. Aunque el precio al contado del petróleo se ha disparado, los precios de los futuros para entrega dentro de unos meses son más bajos. Pero, ¿qué ocurriría si el bloqueo continúa?, se pregunta Rühl. "Desafortunadamente, las mejoras en la intensidad del consumo de petróleo son un arma de doble filo. El consumo de petróleo hoy en día está más concentrado en usos de alto valor y en áreas donde no hay sustituto, como el transporte terrestre o aéreo y el transporte marítimo", advierte Rühl. Este experto destaca que estas son actividades económicas fundamentales, menos sensibles a los precios que los motores de crecimiento discrecionales o orientados al consumo. Una vez interrumpidas, es probable que se produzcan efectos en cascada en toda la economía, sentencia. Este es otro punto de no retorno. Tradicionalmente, los aumentos del precio del petróleo se traducen en una recesión económica a través de la inflación y políticas monetarias más restrictivas; o bien afectando directamente al crecimiento, mediante la disminución del poder adquisitivo o desencadenando restricciones fiscales y de balanza de pagos. Es principalmente el coste promedio del petróleo el que importa en estos canales. Hoy, "el aumento de precios afectará el uso de petróleo de alto valor, que no puede sustituirse. El coste, entonces, es la pérdida de actividad económica y creación de valor, causada por el cierre de un nodo específico. El petróleo concentrado en usos de alto valor es similar a las tierras raras, minúsculo en comparación con el PIB, pero esencial para gran parte de él. Si la magnitud de una interrupción del suministro exige una caída de la demanda y un aumento repentino de los precios, la respuesta será súbita, con un impacto potencialmente imprevisto y desproporcionado en la actividad económica", culmina el experto en su columna en el Financial Times. Las economías modernas, prósperas y basadas en servicios no tienen escapatoria. Con las interrupciones en el transporte, sus cadenas de suministro son muy vulnerables y las interrupciones, impredecibles. Cuanto más se prolonguen los dos bloqueos, mayor será la probabilidad de un ajuste similar a una crisis en las principales economías del mundo, en lugar de la recesión de crecimiento lento a la que nos hemos acostumbrado. Un salto no lineal del petróleo Si el estrecho de Ormuz permanece cerrado, JP Morgan anticipa un salto "no lineal" del precio del petróleo hasta los 150 dólares por barril, comparable a los grandes shocks de los años 70. En ese caso, la economía global entraría en una dinámica peligrosa con "un periodo de estanflación (con varios trimestres de alta inflación y crecimiento por debajo del potencial) o incluso una recesión global". El banco estima que este escenario elevaría la inflación en más de 2 puntos y reduciría el crecimiento en 1,6 puntos, con el riesgo de que el encarecimiento energético se traslade rápidamente al consumo y frene tanto la demanda de los hogares como la inversión empresarial. El mayor peligro no es tanto el shock inicial, sino su durabilidad y posible escalada. JP Morgan advierte de que "la no linealidad asociada a un cierre prolongado del estrecho es nuestra mayor preocupación", ya que podría desencadenar escasez física, subidas explosivas de precios y reacciones de política monetaria más agresivas. Por ello, eleva ya la probabilidad de recesión global en un elevado 35%. En última instancia, el conflicto no solo amenaza el suministro energético, sino que pone en riesgo el equilibrio mismo de la economía mundial, atrapada entre inflación persistente, tensiones geopolíticas y una creciente fragilidad en la demanda.