Roma, Italia, junio 24.- Es probable que en las próximas semanas comience una nueva fase de El Niño , lo que pone en alerta a la agricultura en todo el mundo. Nuevos análisis realizados por expertos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) permiten elaborar mapas detallados de las zonas donde es más probable que la sequía relacionada con El Niño afecte a los cultivos y los pastizales. Mientras que la Organización Meteorológica Mundial (OMM) pronostica un ciclo más intenso de lo habitual, el análisis de la FAO se basa en 41 años de imágenes satelitales históricas de su Sistema de Índice de Estrés Agrícola (ASIS , por sus siglas en inglés), para rastrear dónde los eventos fuertes y muy fuertes de la Oscilación del Sur de El Niño (ENSO, por sus siglas en inglés) tienden a causar la sequía más severa. Los riesgos son más agudos en el Sahel, en todo el sur de África, en el sur y sureste de Asia, y en el Corredor Seco de Centroamérica y el Caribe, donde algunas zonas agrícolas y de pastoreo se enfrentan a una probabilidad superior al 50 por ciento de sufrir sequía en los próximos meses. Muchas de las mismas regiones se vieron gravemente afectadas durante los fenómenos de El Niño de 2015-16 y 2023-24. Los ciclos de El Niño exponen las mismas vulnerabilidades y suelen provocar malas cosechas, pérdidas de ganado, aumento de la deuda familiar y migraciones en busca de alimentos y agua. Tan solo en 2015-16, El Niño afectó a más de 60 millones de personas y generó llamamientos humanitarios por valor de 5.000 millones de dólares en 23 países. Los riesgos ahora se inclinan al alza, ya que los fenómenos climáticos extremos chocan cada vez más con los conflictos y las dificultades económicas. «Esto no se parece a los anteriores fenómenos de El Niño. El planeta está mucho más cálido hoy en día, y con los conflictos y la inseguridad alimentaria generalizados, esta nueva fase afectará con mayor dureza a los lugares que ya son vulnerables y tienen una capacidad de adaptación limitada», declaró Jorge Alvar-Beltrán, funcionario de Recursos Naturales de la FAO. El mapa resalta los objetivos prioritarios para la acción temprana antes de que las previsiones se conviertan en pérdidas. En respuesta a la creciente amenaza, la FAO y el Programa Mundial de Alimentos (PMA) han lanzado un llamamiento conjunto para la acción preventiva, solicitando 202 millones de dólares para proteger a 8,8 millones de personas en 22 países de alto riesgo ante el posible impacto de un fuerte fenómeno meteorológico de El Niño. El llamamiento busca ampliar las intervenciones tempranas, incluyendo el apoyo a agricultores y pastores, la asistencia monetaria preventiva y el fortalecimiento de los sistemas de alerta temprana, antes de que las sequías, inundaciones y tormentas se conviertan en emergencias humanitarias. Donde la exposición es mayor El riesgo rara vez se limita a la escasez de lluvias. Una sequía moderada puede ser devastadora en lugares que ya sufren conflictos y hambre crónica, donde los cultivos dependen por completo de la lluvia, el ganado representa gran parte del patrimonio familiar y las familias tienen poco margen de recuperación. Se prevé que más del 80 % de los impactos de la sequía en la agricultura se produzcan en países de ingresos bajos y medios. «Un agricultor podría perder primero sus cultivos, luego su ganado y, con ello, todo su sustento», afirmó Alvar-Beltrán. «Con los efectos en cascada de múltiples crisis ya evidentes, es urgente actuar con prontitud». En todo el Sahel , la inseguridad alimentaria se ha agudizado durante cinco años consecutivos, mientras que el conflicto sigue desplazando a la población y limitando el acceso a las comunidades vulnerables. Los mapas muestran una amplia franja de sequía agrícola que se extiende desde Senegal y el sur de Mauritania, pasando por Costa de Marfil, Ghana, Togo, Benín y Nigeria, y hacia el este hasta Etiopía y Sudán. En el sur de África , la señal es más pronunciada. El ciclo más reciente de El Niño provocó la peor sequía en la región en más de un siglo, dejando a 61 millones de personas necesitadas de ayuda, afectando gravemente al ganado, los sistemas de agua y los pastizales, y sumiendo a más de 8 millones de personas en la inseguridad alimentaria. El pronóstico de la FAO apunta a una probabilidad superior al 50 % de sequía agrícola en gran parte de Namibia y Botsuana, extendiéndose a Angola, Zambia, Zimbabue, Sudáfrica y partes de Mozambique y Madagascar. En una región donde la ganadería sustenta tanto la seguridad alimentaria como la riqueza de los hogares, la pérdida de pastos se convierte rápidamente en una pérdida de bienes y riqueza. En Centroamérica y el Caribe , el riesgo de sequía puede traducirse rápidamente en hambre. El fenómeno de El Niño de 2015-2016 dejó a 3,5 millones de personas en situación de inseguridad alimentaria en el Corredor Seco de Centroamérica, mientras que en Haití las cosechas se redujeron hasta en un 70 %, duplicando la inseguridad alimentaria en cuestión de meses. Los pronósticos actuales indican una probabilidad del 70 % de precipitaciones inferiores a lo normal en toda la región. El riesgo de sequía agrícola es mayor a lo largo del Corredor Seco, Colombia y Venezuela, así como en Cuba, la República Dominicana y Haití. En Asia , el riesgo se extiende a mercados globales cruciales. El Niño puede debilitar el monzón de verano en gran parte de la India, lo que provoca estrés en cultivos de secano como el arroz y el maíz durante la temporada crítica de cultivo. En 2015, la producción de maíz y arroz disminuyó en los principales países productores, lo que elevó los precios de los principales productos alimenticios básicos. En esta ocasión, el riesgo de sequía agrícola se extiende desde Pakistán e India hasta Myanmar, Tailandia, Camboya y Vietnam, e incluso más al este, incluyendo Filipinas, Indonesia y Timor Oriental. Algunos de los países identificados como altamente expuestos a las perturbaciones vinculadas a El Niño también figuran de manera destacada en el último análisis de la FAO y el PMA sobre los puntos críticos del hambre , lo que subraya cómo las perturbaciones climáticas interactúan cada vez más con los conflictos y el estrés económico, exacerbando aún más la inseguridad alimentaria aguda. Un mapa para la acción Cuando se identifica el riesgo de forma temprana y a nivel local, los agricultores y pastores pueden tomar decisiones cruciales sobre la siembra y el manejo del ganado antes de que la temporada de cultivo esté en pleno apogeo: retrasar la siembra, elegir cultivos resistentes a la sequía, almacenar forraje para el ganado y asegurar reservas adicionales de agua antes de que comience la escasez. El análisis de la FAO puede acotar la evaluación de riesgos en algunas zonas a un solo kilómetro cuadrado. Pero para que la precisión se traduzca en protección, es necesario vincular los servicios meteorológicos e hidrológicos nacionales, los ministerios de agricultura y las redes de extensión, de modo que la alerta llegue al agricultor a tiempo. “Este nivel de detalle cambia lo que un gobierno puede hacer”, dijo Riccardo Soldan, funcionario de Recursos Naturales de la FAO. “En lugar de dispersar los recursos, puede concentrar la ayuda en las zonas más afectadas, dirigiendo transferencias de efectivo, apoyo para el agua y el riego, alimento para el ganado y otros insumos esenciales a los lugares más vulnerables”. Ya existen pruebas de que actuar antes de que se produzcan pérdidas puede ser eficaz. En el sur de África, antes del fenómeno de El Niño de 2023-2024, una iniciativa regional previa a la temporada destinó casi 31 millones de dólares a más de dos millones de personas en siete países, proporcionándoles semillas, apoyo ganadero y mejores pronósticos mediante sistemas de alerta temprana. En Centroamérica, la distribución oportuna de semillas resistentes a la sequía y de ciclo de crecimiento corto ayudó a las familias a producir hortalizas, mejorando así el abastecimiento de alimentos y reduciendo la probabilidad de que recurrieran a mecanismos de afrontamiento negativos, como la venta de bienes o la omisión de comidas. Los análisis de la FAO pueden ayudar a los gobiernos y a sus socios a decidir por dónde actuar primero, qué tipo de apoyo es más urgente y qué comunidades están menos preparadas para afrontar otra temporada fallida. El fenómeno de El Niño se está formando y los mapas son claros. Lo que suceda a continuación dependerá de la rapidez con que se tomen las decisiones.