Londres, Inglaterra, noviembre 19 (The Economist).- Andrés Manuel López Obrador no es un trotamundos. Su viaje a San Francisco el 15 de noviembre para asistir a la cumbre de Cooperación Económica Asia-Pacífico, un club económico de 21 países, fue sólo su séptima excursión al extranjero en cinco años en el cargo. Antes de ir dijo: “No voy a estar allí todo el tiempo. Será como llegar un día antes, dormir, participar, comer y volver a casa”. Desde que asumió la presidencia, no ha visitado ningún país fuera de América. La política exterior nunca ha sido fácil para México, entre América del Norte y América Latina, en la que cada una tiende a ver a México como parte de la otra. Los estrechos vínculos con Estados Unidos limitan su relación con China. La falta de órganos internos para discutir la política exterior (sólo hay un grupo de expertos centrado en ella en México) significa que el capricho individual cobra mucha importancia. Aun así, las administraciones anteriores lograron forjarse roles internacionales en materia de desarme, libre comercio y política climática. "Hasta López Obrador tenía una voz muy fuerte en las organizaciones multilaterales", dice Shannon O'Neil del Consejo de Relaciones Exteriores, un grupo de expertos en Nueva York. Cuando López Obrador se ha comprometido con Estados Unidos, lo ha hecho a través de los asuntos comerciales. Su represión contra los inmigrantes que se dirigen a la frontera de Estados Unidos a través de México (una ruptura con la postura amistosa de México hacia los refugiados) parece haber ganado margen de maniobra por parte de Estados Unidos en otros asuntos. Pero más allá de eso, López Obrador le ha dado la espalda a su vecino del norte. En cuestiones económicas no ha sabido aprovechar suficientemente el realineamiento de las cadenas de suministro provocado por las tensiones entre Estados Unidos y China. Ha formulado pocas políticas para atraer empresas a México. A López Obrador le quedan sólo 11 meses en el poder. "La política exterior cambiará cuando se haya ido", dice un diplomático. Entonces, ¿qué debería hacer su sucesora, muy probablemente Claudia Sheinbaum, de su propio partido; o quizás Xóchitl Gálvez, la candidata de la coalición opositora? México necesita empezar a aparecer. Eso significa un presidente que viaja más, más allá de las Américas, y un cuerpo diplomático con fondos suficientes. El próximo presidente debería actuar estratégicamente, buscando una cooperación más estrecha con Estados Unidos, especialmente en materia de seguridad, pero también en economía. Imagen: imagen: Kawe Rzeczy. Más información en https://www.economist.com/the-americas/2023/11/16/mexicos-foreign-policy-is-unambitious-and-erratic