Beijing, China, octubre20 (Agencia SANA).- La economía china creció un 4,5 % interanual en el tercer trimestre de 2026, por encima de las previsiones de los analistas, mientras el Banco Popular de China continuó aumentando sus reservas de oro por vigésimo tercer mes consecutivo. Esta política responde a la estrategia de Pekín de diversificar sus activos y protegerse frente a los riesgos financieros y geopolíticos. Según los datos publicados el lunes por la Oficina Nacional de Estadística de China, el producto interior bruto (PIB) aumentó un 4,5 % entre julio y septiembre, frente al 4,3 % registrado en el segundo trimestre y al 4,4 % previsto por los analistas. En términos trimestrales, el crecimiento se aceleró hasta el 1,2 %, frente al 0,9 % del periodo anterior. Durante los primeros nueve meses del año, la economía china creció un 4,6 %, dentro del objetivo anual del Gobierno, situado entre el 4,5 % y el 5 %. Sin embargo, la mejora de estos indicadores no elimina los desequilibrios estructurales de la economía, que sigue afrontando una inversión débil y una demanda interna insuficiente, pese al avance de la producción industrial y la recuperación de las ventas minoristas. La inversión en activos fijos cayó un 7,2 % entre enero y septiembre, mientras que la producción industrial aumentó un 5,5 % en septiembre y las ventas minoristas crecieron un 1,1 %, según datos oficiales. Estos resultados ponen de relieve la importancia de las exportaciones para sostener la actividad económica china. Pekín sigue apoyándose en su capacidad manufacturera y en la demanda mundial vinculada a la tecnología y la inteligencia artificial, sin recurrir a grandes paquetes de estímulo económico. No obstante, la debilidad de la inversión y del consumo plantea interrogantes sobre la sostenibilidad de este modelo de crecimiento. El oro como cobertura estratégica En paralelo, el Banco Popular de China continúa reforzando sus reservas de oro. En septiembre incorporó alrededor de 23 toneladas, el mayor aumento mensual en casi tres años, según datos citados por Reuters y Bloomberg. La operación prolongó a 23 meses consecutivos la racha de compras del banco central. A finales de agosto, las reservas oficiales chinas de oro ascendían a unas 2.387 toneladas, según el Consejo Mundial del Oro. La demanda también se refleja en las importaciones del metal precioso. China destinó cerca de 158.800 millones de dólares a la compra de más de 1.000 toneladas de oro durante los primeros ocho meses del año, una cifra superior a los 96.500 millones de dólares registrados en el conjunto de 2025, de acuerdo con datos citados por el Financial Times y difundidos por diversos medios económicos. Esta tendencia responde a dos factores principales: los esfuerzos de las autoridades por diversificar las reservas nacionales y reducir la dependencia de los activos denominados en dólares, y el creciente interés de los hogares y los inversores por el oro ante la falta de alternativas atractivas en el mercado interno. Las dificultades persistentes del sector inmobiliario y la baja rentabilidad de los depósitos bancarios y los bonos han contribuido a este giro hacia el metal precioso. La estrategia de diversificación cobró mayor relevancia después de que los países occidentales congelaran activos del Banco Central de Rusia en 2022, tras el inicio de la guerra en Ucrania. Esta decisión puso de manifiesto los riesgos que pueden afrontar los países cuando sus reservas están depositadas en el extranjero y sujetas a posibles restricciones. El oro físico almacenado dentro del territorio nacional ofrece mayor independencia respecto de los sistemas financieros extranjeros, aunque también implica riesgos derivados de las fluctuaciones de precios y los costes de almacenamiento. En este contexto, analistas económicos consideran que reducir la exposición a los bonos del Tesoro estadounidense constituye uno de los objetivos estratégicos de Pekín. Algunos estiman, además, que las compras reales de oro del banco central podrían superar las cifras comunicadas oficialmente. Esta orientación coincide con la reducción de las tenencias chinas de deuda pública estadounidense, que descendieron a 618.000 millones de dólares en julio, su nivel más bajo desde 2008, según datos del Departamento del Tesoro de Estados Unidos. La demanda china sostiene los precios mundiales Las compras de China también repercuten en los mercados internacionales, donde su demanda contribuye a sostener los precios del oro, en un contexto en el que otros bancos centrales buscan diversificar sus reservas. Según una encuesta del Consejo Mundial del Oro publicada en junio, el 45 % de los bancos centrales participantes preveía aumentar sus reservas de este metal durante los siguientes doce meses. Se trata de la proporción más elevada desde que comenzó a realizarse el sondeo, en 2018. La continuidad de las compras chinas resulta especialmente significativa ante la volatilidad de los precios. Después de un fuerte repunte a comienzos de año, el oro sufrió presiones bajistas en septiembre debido al encarecimiento de la energía, las crecientes preocupaciones inflacionarias y los cambios en las expectativas sobre los tipos de interés estadounidenses. Pese a ello, China mantuvo sus adquisiciones, lo que apunta a una estrategia de acumulación de reservas a largo plazo y al aprovechamiento de las caídas de precios para incrementar sus tenencias, más allá de las expectativas de revalorización inmediata. No obstante, los expertos advierten de que esta tendencia podría cambiar. Una recuperación de la confianza en los mercados inmobiliario y bursátil chinos o una mejora de la rentabilidad de los activos financieros nacionales podrían reducir el atractivo del oro para los inversores. Del mismo modo, una disminución de las tensiones geopolíticas o cambios en las políticas monetarias de los bancos centrales podrían moderar la demanda. Así, el crecimiento económico superior a las previsiones no contradice la acumulación de oro por parte de China. Ambas tendencias responden a objetivos complementarios: mantener la actividad económica y reforzar las reservas frente a los riesgos externos. Para Pekín, el oro no sustituye al crecimiento económico, sino que constituye una herramienta de cobertura en un contexto de crecientes tensiones comerciales y monetarias.