Los demócratas logran el control del Senado y la Cámara de Representantes

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Washington, DC, Estados Unidos, noviembre 3.- Los demócratas recuperaron este martes con holgura el control de la Cámara de Representantes y del Senado en las elecciones de mitad de mandato. Fue una auténtica carnicería para los republicanos, un serio castigo al presidente de Estados Unidos y una velada histórica, pese a lo gastado del adjetivo: esa doble pérdida legislativa para el partido en el poder solo se había dado en seis ocasiones anteriores. Impulsada por el hastío de los votantes ante una presidencia caótica y llena de promesas rotas, la oposición devolvió el golpe a Trump con fuerza, como lo haría un luchador recompuesto tras morder el polvo. Las encuestas vaticinaban una ola azul, pero, por seguir con una de esas analogías que tanto gustan en Washington, un verdadero tsunami acabó arrasando las costas republicanas. Fue a eso de las 22.00 cuando se pudo dar por descontado que los demócratas superarían el umbral de los 218 escaños que necesitaban para la mayoría de la Cámara baja. Mientras eso sucedía, el recuento de votos en los 35 Estados en los que renovaban su representación en el Senado seguía añadiendo más malas noticias para los republicanos, que perdieron un territorio reñido tras otro. La sangría roja no paró ahí: el partido de Trump perdió contiendas a gobernador en lugares tan improbables como Texas y Ohio, dos Estados en los que los demócratas ganaron el Senado, gracias las candidaturas de Sherrod Brown y James Talarico. No había terminado aún la votación en la costa Oeste, y ya estaba claro que no haría falta siquiera esperar a que cerraran los colegios electorales en Alaska a la 1.00 para saber que por esta vez la noche electoral se había queda en Estados Unidos en eso, una noche y no, como últimamente, en una o varias semanas. El presidente de Estados Unidos había pedido una y otra vez a su fieles, y, por extensión, al resto de sus compatriotas, que fingieran que su nombre figuraba en las papeletas pese a que esta cita con las urnas es, cada cuatro años, un referéndum solo en teoría sobre el desempeño del presidente. Cuando la debacle ya estaba clara, Trump, fiel a su estilo de negar la realidad y al uso enfático de las mayúsculas, batió sus propias marcas de cinismo con el siguiente mensaje en su red social, Truth, : “¡Yo no aparecía en la papeleta electoral y, si hubiera aparecido, habríamos ganado POR UNA VICTORIA APLASTANTE!“. Al rato, habló con The New York Times para anunciar que está dispuesto a aceptar el resultado de las elecciones, y eso, en su caso, supo a noticia de impacto. Tradicionalmente, los electores suelen reprobar al inquilino de la Casa Blanca en las midterms, un rito de paso presidencial que les brinda la oportunidad de decirle que no están contentos con el estado de las cosas. Animados esta vez, según las encuestas, por el enfado ante la marcha de la economía, el alto precio de la gasolina, la guerra en Irán, las fijaciones ególatras de Trump y la corrupción del Gobierno, los votantes tiñeron el mapa de azul en lugares en los que Trump había ganado de calle en 2024. Entonces, los estadounidenses le dieron un billete de vuelta a la Casa Blanca porque le creyeron cuando prometió que arreglaría la inflación, y que lo haría rápido. El jueves hará dos años de aquella victoria y aún siguen esperando. El candidato también repitió en aquella campaña que no metería a su país en una guerra en el extranjero y la lanzada junto a Israel contra Irán va ya para 10 meses.