Pekín y Tokio venden deuda americana durante el mes de marzo

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Washington, DC, Estados Unidos, mayo 21.- El bono del Tesoro de EEUU a 10 años necesita ofrecer una rentabilidad del 4,6% para encontrar demanda en los mercados. El bono a 30 años un 5,12%, máximos no vistos en más de una década. EEUU está perdiendo la confianza de parte de los inversores a nivel global, lo que junto a unas expectativas crecientes de inflación está generando una situación que empieza a ser alarmante en los mercados. Los últimos datos revelan que China y Japón, dos de los mayores tenedores extranjeros de deuda de EEUU, volvieron a reducir sus posesiones de bonos americanos en marzo, pero lo peor podría estar por llegar. Ahora, la deuda americana está arrinconada, pero si los tipos de interés suben en Japón es probable que una avalancha de dinero abandone EEUU (dinero de inversores japoneses) para volver a casa, 'comprando' la caída de los bonos japoneses (y la subida del interés que ofrecen). No solo eso, cada vez que Japón quiere estabilizar el yen y evitar que supere los 160 yenes por dólar, el Banco de Japón se ve forzado a 'quemar' dólares para comprar yenes, lo que refuerza esa tendencia. Esto se uniría a la constante desinversión de China de la deuda americana (algo que ya parece estructural) y a una política fiscal en EEUU que puede espantar a parte de los inversores. Lo ocurrido en marzo es solo algo anecdótico, pero que deja entrever por dónde van los tiros. Los gobiernos extranjeros redujeron sus tenencias de bonos del Tesoro estadounidense a medida que los bancos centrales liquidaban parte de sus reservas de dólares para proteger sus monedas locales ante la crisis energética que provocó una fuerte caída de los tipos de cambio. China redujo sus tenencias a 652.300 millones de dólares, un descenso de aproximadamente el 6% con respecto a febrero, alcanzando su nivel más bajo desde septiembre de 2008, según datos del Tesoro estadounidense. Por su parte, Japón, el mayor tenedor extranjero de deuda pública estadounidense, redujo sus tenencias en aproximadamente 47.000 millones de dólares, hasta los 1,191 billones. El total de tenencias extranjeras cayó a 9,25 billones de dólares en marzo, desde los 9,49 billones de febrero. Es cierto que esta venta masiva se produjo tras el estallido del conflicto entre EEUU e Irán y el consiguiente aumento de los precios del petróleo provocó una fuerte caída del yen japonés y otras monedas asiáticas. Las economías regionales dependientes de las importaciones de petróleo del Golfo, incluido Japón, se enfrentan a la mayor crisis energética en décadas, lo que ha llevado a los responsables políticos a vender parte de sus activos denominados en dólares para financiar la intervención cambiaria. Sin embargo, cuando se aleja la vista de este dato para observar la panorámica, se puede ver cómo el peso de los tenedores extranjeros en la deuda pública de EEUU mantiene una tendencia clara. En 2007, el 56% de toda la deuda estadounidense estaba en manos de tenedores extranjeros, con China acumulando una enorme parte. Hoy, este porcentaje se ha desplomado hasta el 30,7%. La Reserva Federal y los inversores americanos han tenido que ir comiéndose la parte del pastel que los extranjeros ya no querían comer. Lo que viene puede ser aún más relevante. Analistas como Enguerrand Artaz, estratega en La Financière de l'Échiquier, abordan la erosión progresiva del volumen de deuda estadounidense en manos de inversores extranjeros desde mediados de la década de 2010. "La desconfianza hacia la deuda estadounidense amenaza con agravarse. La agresividad de Donald Trump en las relaciones internacionales está llevando a algunos actores a desprenderse de sus posiciones en deuda estadounidense", explica el experto, quien lleva tiempo advirtiendo de que el mercado de la deuda estadounidense "podría convertirse en un campo de batalla geopolítico". Ya el año pasado, cuando Donald Trump sacó su pizarrita con lesivos aranceles para todo el planeta y los mercados se derrumbaron, algunos analistas pusieron pie en pared. Aunque luego Trump matizó esas tarifas y las cotizaciones volvieron a su ser, algo se había 'roto'. Marko Papic, estratega jefe en BCA Research y una voz ciertamente vanguardista entre los estrategas, constató que el mensaje que mandaba lo ocurrido era que "el mundo está a punto de abandonar EEUU". El concepto de Sell America (vender América) entraba en escena. Japón 'duele' más que China Aunque se haya podido acelerar a medida que la Administración Trump 2.0 ha entrado en acción, la dinámica no es nueva. China lleva implementando esta estrategia (sell America and buy gold) durante años. Pero lo de Japón puede ser algo más rápido y 'doloroso' para la deuda de EEUU. Durante décadas, los bonos del gobierno japonés han ofrecido rendimientos mínimos, lo que obligó a los inversores japoneses a buscar alternativas en el extranjero, especialmente en los mercados financieros estadounidenses. Actualmente, los inversores japoneses poseen en conjunto alrededor de 1 billón de dólares en bonos del Tesoro y son los mayores tenedores extranjeros de deuda estadounidense, incluso después de la caída de marzo. Sin embargo, esto podría cambiar pronto, ya que el Banco de Japón ha estado subiendo los tipos de interés, mientras que la mayor inflación ha impulsado los rendimientos de los bonos del gobierno japonés (JGB), que ahora resultan más atractivos y se perfilan como una alternativa a los bonos del Tesoro. Los rendimientos de los JGB a 10 y 30 años se han disparado a los niveles más altos desde la década de 1990, y se espera que el banco central endurezca su política monetaria por quinta vez desde 2024, debido al aumento de los precios del petróleo provocado por la guerra con Irán. Mientras tanto, la primera ministra Sanae Takaichi está impulsando el gasto público como parte de sus esfuerzos por reactivar el crecimiento y contrarrestar la crisis petrolera, lo que contribuye a las tendencias inflacionarias. Por supuesto, los rendimientos de los bonos estadounidenses también han subido a medida que la inflación se acelera. Sin embargo, se espera que la Reserva Federal acerque a EEUU antes o después hacia la represión financiera, es decir, una bajada de tipos de interés que incluso no esté justificada por la inflación (sí podría estarlo por el mercado laboral). Ya hay indicios de que se está repatriando capital, como lo demuestra el mayor flujo mensual de entrada a fondos de bonos soberanos japoneses registrado en marzo. "El nuevo capital que se está invirtiendo no se invertirá en el extranjero", asegura Mark Dowding, director de inversiones de BlueBay, al Financial Times. "No se invertirá en bonos corporativos estadounidenses. No se invertirá en bonos del Tesoro estadounidense. Se invertirá en carteras nacionales". El próximo mes, los inversores anticipan que el Banco de Japón volverá a subir los tipos de interés, lo que situaría el tipo de referencia desde un máximo de tres décadas del 0,75% hasta el 1%. Esto culminaría un sorprendente cambio de rumbo tras el mantenimiento por parte del banco central de tipos ultrabajos (e incluso negativos durante varios años) para combatir la deflación en medio de una economía estancada. Matt Smith, gestor de fondos de Ruffer, declaró al Financial Times que apuesta por la apreciación del yen a medida que los inversores japoneses inviertan más capital en activos nacionales. "La presión aumenta, los rendimientos nacionales a largo plazo están subiendo", asegura. "Y el marco institucional ahora es: 'Por favor, repatrien este dinero'. Creemos que la apreciación del yen se producirá gradualmente, para luego acelerarse". Pero si los inversores se deshacen masivamente de la deuda estadounidense, esto podría obligar al Tesoro a ofrecer rendimientos aún mayores para atraer a otros compradores. El mercado se está tensando, y las subastas de deuda de las últimas semanas han registrado una demanda escasa, según apuntan desde Forbes. Como resultado, el Departamento del Tesoro vendió 25.000 millones de dólares en bonos a 30 años con un rendimiento del 5% por primera vez desde 2007. Hasta entonces, ningún bono del Tesoro a 30 años ofrecía una tasa de interés superior al 4,75%. Esto contrasta notablemente con mediados de febrero, justo antes del inicio de la guerra entre EEUU e Israel contra Irán, cuando una emisión de bonos del Tesoro registró la mayor demanda en la historia de las subastas de bonos a 30 años. La cautela entre los inversores en bonos se está convirtiendo en una tendencia. En marzo, las subastas de bonos del Tesoro a dos, cinco y siete años registraron una demanda débil, lo que provocó que los rendimientos subieran más de lo esperado. Al mismo tiempo, una avalancha de bonos corporativos compite con los bonos del Tesoro por el capital de los inversores, ejerciendo una mayor presión al alza sobre los rendimientos. Además, los bancos centrales extranjeros se han retirado del mercado de bonos estadounidense en los últimos años, siendo reemplazados por fondos de cobertura más sensibles a los precios. ¿Un bono hacia el 4,75%? Para Mark Malek, director de inversiones de Siebert Financial, el creciente endeudamiento es el ejemplo más reciente de la inmensa oferta de nueva deuda que está emitiendo el Departamento del Tesoro. En una reciente publicación titulada 'El mercado de bonos está gritando', aseguraba que la Reserva Federal ha recortado el tipo de referencia en 175 puntos básicos desde mediados de 2024, pero el rendimiento de los bonos del Tesoro a 10 años solo ha bajado unos 35 puntos básicos, mientras que el rendimiento de los bonos a 30 años alcanzó el 5%. La Fed está perdiendo el control de la parte larga de la curva. "Este tipo de desconexión no es normal", advierte Malek. De hecho, los analistas que han seguido la relación entre la política de la Reserva Federal y los rendimientos a largo plazo desde 1990 la describen como algo sin precedentes. El mercado de bonos no está roto. Está enviando un mensaje. Y si uno sabe escuchar, está gritando. Los analistas de renta fija de ING observan un riesgo de que el rendimiento a 10 años supere el 4,75%. "Ahora que hemos superado el 4,5% sin que se hayan producido compras significativas, la probabilidad de alcanzar ese nivel es mayor. El nivel del 4,5% ha sido un punto de referencia para los inversores globales como zona de compra 'sin dudarlo'. Ese nivel ya se ha superado. Ahora nos encontramos en una zona que los inversores considerarían que ofrece valor a medio plazo. ¿Por qué? Porque se sitúa cómodamente por encima del rendimiento medio del 4,25% registrado desde 1990, un periodo que nos gusta utilizar como referencia de las subidas y bajadas 'modernas'. Es sencillo, pero funciona", explican en una nota para clientes Padhraic Garvey. La gran pregunta ahora es a qué nivel decidirán los inversores que es hora de volver a entrar. "El problema es que cualquier nivel concreto está plagado de peligros, ya que depende en gran medida del cierre del estrecho de Ormuz, y eso sigue siendo una gran incógnita. Tenemos opiniones al respecto. Pero, en última instancia, el pronóstico real viene determinado por los caprichos diarios del presidente Trump y los líderes iraníes. Hasta que no haya un acuerdo real, cada día sin acuerdo ofrece al mercado de bonos del Tesoro un vacío en el que operar; lógicamente, una prueba para rendimientos aún más altos. Parece que el mercado esperó a que concluyera la cumbre entre EEUU y China y, cuando lo hizo, sin acuerdo, los rendimientos de los bonos del Tesoro se movieron", continúa Garvey. Una reflexión más de fondo ligada a esto mismo la hacen Charles Gave y Louis-Vincent Gave desde Gavekal Research: la predilección por las guerras la acaban 'pagando' los bonos. "Vote a quien vote EEUU, el país sigue acabando con mayores presupuestos militares y nuevas guerras. Y si la verdad es la primera víctima de la guerra, los bonos suelen ser la segunda. Las guerras suponen un gasto improductivo tanto a corto como a largo plazo", escribían en un informe de finales de marzo en el que postulaban a los bonos soberanos chinos como activo de reserva. "Es poco probable que se produzcan cambios inmediatos en la política fiscal o monetaria de EEUU que puedan generar un renovado interés por los bonos del Tesoro a largo plazo. Es cierto que, si se produjera una recesión en EEUU, los bonos a largo plazo podrían experimentar una subida, pero, al mismo tiempo, es probable que el dólar estadounidense registrara una caída, quizá significativa. Esto haría que los bonos del Tesoro resultaran poco atractivos para los inversores extranjeros", remachaban su prospectiva.