Ginebra, Suiza mayo 18.- La Organización Meteorológica Mundial prevé que a partir de mediados de 2026 se desarrolle ese fenómeno que afectará a los patrones globales de temperatura y precipitaciones, según región. Los servicios meteorológicos globales siguen de cerca el curso de El Niño y anticipan que ese fenómeno natural cobra fuerza, rapidez y podría anotarse en los récords como uno de los más contundentes para el otoño o invierno. Una actualización del Centro de Predicción Climática de la NOAA, indica que hay una probabilidad de 2 de cada 3 de que su intensidad máxima sea fuerte o muy fuerte. El Niño es un ciclo climático natural que ocurre cuando el océano Pacífico tropical se calienta lo suficiente como para desencadenar cambios en los patrones de viento en toda la atmósfera, lo que tiene un efecto dominó sobre las condiciones meteorológicas en todo el mundo. Las sequías y las olas de calor pueden prosperar en algunas regiones, alimentando el peligro de incendios forestales y las preocupaciones por el suministro de agua. Mientras que otras quedan anegadas por lluvias torrenciales e inundaciones. Los efectos de gran alcance de El Niño también pueden frenar la temporada de huracanes del Atlántico. A una escala mayor, hace que las temperaturas globales, ya en aumento por el cambio climático, se disparen aún más. Estos fenómenos más fuertes hacen que todos estos impactos sean más probables. El Niño-Oscilación del Sur, conocido como ENSO por sus siglas en inglés, ocurre aproximadamente cada dos a siete años y dura de nueve a doce meses. Su intensidad se mide por cuánto se elevan las temperaturas del agua por encima del promedio en una zona del océano Pacífico ecuatorial, y por lo general alcanza su pico en el invierno del hemisferio norte. El Niño llega más rápido de lo esperado Las condiciones de El Niño débil se desarrollan una vez que la temperatura supera en 0,5 ° C el promedio durante un período prolongado. Y, para que se considere que es muy fuerte o ‘Súper El Niño’, las temperaturas del agua deben estar más de 2 grados por encima del promedio, señala la Organización Meteorológica Mundial. La comunidad científica internacional monitorea con extrema precisión estas fluctuaciones mediante sofisticadas redes de boyas oceánicas, satélites y modelos hidrodinámicos, debido a la capacidad de este fenómeno para reconfigurar el clima mundial de forma casi inmediata. Recientemente, el Centro de predicción Climática de la NOAA de Estados Unidos emitió alertas significativas que detallan una transición acelerada en las dinámicas del Pacífico. Tras superar una fase neutra y los remanentes de ciclos fríos anteriores, las observaciones submarinas y superficiales reflejan un calentamiento sostenido en las regiones clave de medición, particularmente en el indicador Niño-3.4, señala el informe del centro. Según su análisis, existe una probabilidad abrumadora de que las condiciones de El Niño se consoliden plenamente a mediados de este año. Extendiéndose e intensificándose de manera crítica hacia el invierno del hemisferio norte. El incremento continuo del índice de temperatura del subsuelo marino confirma que la energía acumulada bajo la superficie está comenzando a manifestarse de forma contundente. Amenazando con establecer un acoplamiento atmosférico profundo que retroalimente el calentamiento durante los meses venideros. Esta reactivación ha sido respaldada por las proyecciones de la OMM, la cual ha advertido sobre un escenario de dominancia global en el incremento de las temperaturas terrestres. Enfatiza que, si bien El Niño es un evento de variabilidad natural, su desarrollo actual se superpone de forma peligrosa a la tendencia de calentamiento global. Fuerte o muy fuerte, las reacciones son diversas Ya sea súper, muy fuerte, mega, explosivo o de cualquier otra índole, el próximo fenómeno de El Niño podría sin duda situarse en el nivel más alto de lo que hemos visto en las últimas décadas. ¿Significa esto que sus impactos serán igualmente intensos? No es tan sencillo. “Un fenómeno de El Niño intenso no siempre implica mayores repercusiones en nuestro clima”, afirma la climatóloga australiana Felicia Gamble en un comunicado emitido por la Oficina de Meteorología de ese país. “A veces, un El Niño débil puede tener un impacto significativo en las precipitaciones y la temperatura de Australia. Mientras que un fenómeno más intenso puede tener consecuencias menos perceptibles”. Nathaniel Johnson, experto en ENSO y meteorólogo del Laboratorio de Dinámica de Fluidos Geofísicos de la NOAA, indicó en un correo electrónico a Yale Climate Connections que un fenómeno de El Niño más intenso aumenta las probabilidades de que se produzcan los resultados más típicos. Sin embargo, no es el único factor a tener en cuenta. “En cualquier estación y región, existen muchos patrones a gran escala que contribuyen a moldear nuestro clima local”, explica. Hay lugares donde la intensidad de El Niño intenso puede tener consecuencias muy distintas a las de uno débil o moderado. En el Pacífico tropical oriental, por ejemplo, las aguas superficiales —normalmente enfriadas por afloramientos— suelen estar demasiado frías para generar chubascos y tormentas incluso en condiciones de El Niño moderadamente intenso. Sin embargo, superado cierto umbral de intensidad, el Pacífico tropical oriental, normalmente seco, se calentará lo suficiente como para propiciar fuertes lluvias, asegura Johnson. Olas de calor extremo en algunos países En mayo de 2026, varios países han registrado olas de calor extremo y récords históricos de temperaturas, entre ellos la India, México y Colombia. Con temperaturas que han superado los 36 grados. Estas olas de calor inusuales registradas en diversos puntos del planeta durante las últimas semanas no son de manera directa un efecto o anticipación de El Niño. Estos episodios extremos responden, en primera instancia, a configuraciones meteorológicas locales y estacionales. La presencia de sistemas de alta presión de carácter persistente, conocidos técnicamente como dorsales o «domos de calor». Bloquea la circulación atmosférica normal, atrapando el aire cálido cerca de la superficie, disipando la nubosidad y permitiendo que la radiación solar directa eleve los termómetros de forma drástica. Estas anomalías regionales son características de la transición hacia el verano en el hemisferio norte y se ven potenciadas de manera estructural por el calentamiento global, que eleva de forma sistemática la línea de base de las temperaturas mundiales. Hace que cualquier evento de alta presión sea significativamente más severo y prolongado. Por su parte, el fenómeno de El Niño se encuentra actualmente en una fase de gestación y asociación. Los informes del Centro de predicción Climática de la NOAA confirman que el Pacífico ecuatorial aún transita por un estado neutral, registrando un calentamiento constante en el subsuelo marino que eleva de forma acelerada la probabilidad de su consolidación formal para el trimestre de mayo a julio. Los efectos climáticos globales de El Niño no se transfieren de manera instantánea a la atmósfera de todo el planeta. Operan a través de teleconexiones que tardan meses en establecerse plenamente. Un preludio para ese fenómeno esperado El fenómeno actual todavía no posee la madurez atmosférica necesaria para ser el causante directo de estas olas de calor. Sin embargo, la OMM advierte que la velocidad e intensidad con la que el océano Pacífico está acumulando energía térmica sí contribuye a un panorama de calentamiento generalizado de la superficie terrestre. Esta inyección de calor oceánico interactúa con las tendencias del cambio climático, creando un entorno global mucho más cálido y propicio para que los sistemas de alta presión regionales alcancen magnitudes históricas antes de lo previsto, sirviendo como un preludio térmico de lo que podría ser un evento de El Niño de gran intensidad hacia finales de año.