Los cárteles: Infraestructura de guerra.

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Entre 2020 y 2024, la inteligencia financiera de EE.UU. detectó 312 mil millones de dólares en transacciones sospechosas conectando a los cárteles mexicanos con redes de lavado chinas. Para dimensionarlo: es casi tres veces el presupuesto federal de salud de México en 2024. Es más dinero del que el gobierno mexicano gasta en educación, seguridad y desarrollo social juntos en un año. Y ese número es solo una pieza de un mapa mucho más grande. El reporte que nadie en México está discutiendo El Centro para el Estudio de la Democracia, un think tank europeo con sede en Bulgaria y una década investigando influencia autoritaria, publicó en mayo de 2026 Shadow Alliances: Authoritarian Powers and the Hybrid Warfare Nexus in Latin America. No es un paper académico. Es un mapa operativo. Documenta, con nombres, redes, rutas y cifras verificables, cómo Rusia, China e Irán han dejado de ver al crimen organizado latinoamericano como un problema ajeno para convertirlo en una herramienta funcional de su política exterior. Y México no es un caso periférico en ese mapa. Es el caso central. Qué obtienen los cárteles. Qué obtienen ellos. La pregunta que el reporte responde con mayor claridad es la que menos se hace en el debate público mexicano: ¿qué ganan los cárteles de relacionarse con potencias autoritarias? ¿Y qué ganan esas potencias a cambio? De China, los cárteles reciben dos cosas fundamentales: Primero, los insumos químicos que hacen posible la economía del fentanilo. Redes como la de Du Changgen, identificada en el reporte como una de las más sofisticadas del mundo, no solo proveen las materias primas sino también las máquinas para prensar píldoras y la coordinación financiera para mover el dinero a través de jurisdicciones. Los puertos de Manzanillo, Lázaro Cárdenas y Ensenada son las puertas de entrada, con cargamentos que viajan disfrazados dentro del comercio legal. Segundo, un sistema de lavado de dinero de escala industrial. El mecanismo documentado por el reporte funciona así: los narcos entregan dólares en suelo estadounidense, los brokers chinos entregan pesos equivalentes en México, esos dólares se venden a ciudadanos chinos que buscan evadir los controles de capital de Beijing, y el equivalente en yuanes regresa a cuentas controladas por la red en China. La red Li Xizhi, una tríada de habla Hokkien operando en México, es uno de los ejemplos específicos documentados. Nadie toca un banco regulado. Nadie deja rastro limpio. China, a cambio, obtiene: Acceso a un sistema de movimiento de capitales fuera del radar regulatorio occidental. Su rol es estructural, no operativo: su dominio de la industria química global, del comercio marítimo y de las cadenas de manufactura crea las condiciones perfectas para que estas redes prosperen sin que Beijing tenga que dar una sola instrucción directa. El reporte es explícito: no hay evidencia de coordinación estatal china con los cárteles. Pero también es explícito en que esa distinción importa menos de lo que parece cuando el resultado es el mismo. Armamento. Entre 2022 y 2024, aproximadamente el 60% de las armas decomisadas a cárteles mexicanos eran de origen ruso, según el reporte. No porque el Kremlin esté despachando pedidos al Cártel de Sinaloa, sino porque el excedente militar generado por la guerra en Ucrania está circulando a través de redes transnacionales sin control efectivo. En 2026, tras la muerte del líder del CJNG, las autoridades encontraron lanzagranadas rusos en su arsenal. Rusia, a cambio, obtiene: Un territorio de operaciones de inteligencia contra EE.UU. sin paralelo en el mundo. Desde 2022, los diplomáticos rusos acreditados en México aumentaron 60%, llegando a 86 funcionarios. Para comparar: una embajada rusa estándar en un país de tamaño similar tiene entre 20 y 30 personas. El general Glen VanHerck, excomandante del Comando Norte de EE.UU., declaró que la mayor concentración de personal de inteligencia rusa en el mundo está en México. Además, entre enero de 2022 y abril de 2024, más de 166,000 ciudadanos rusos entraron al país, 73,000 de los cuales cruzaron ilegalmente a EE.UU. Al menos 13 fueron identificados como agentes del GRU infiltrados en esos flujos migratorios, viajando típicamente vía Moscú-Estambul-Cancún. De Irán y Hezbollah, los cárteles reciben: Infraestructura financiera paralela perfeccionada bajo décadas de sanciones internacionales. Las redes Barakat y Joumaa, documentadas en el reporte, llevan operando desde los años noventa en la Triple Frontera entre Argentina, Brasil y Paraguay. Combinan hawala, casas de cambio, empresas fachada y tráfico de cocaína hacia el Medio Oriente. La red Joumaa, antes de ser desmantelada en 2011, lavaba hasta 200 millones de dólares mensuales. Su modelo persiste en estructuras sucesoras. Irán, a cambio, obtiene: Capacidad operativa latente en el hemisferio occidental. El reporte es preciso en esto: la ausencia de ataques frecuentes no significa ausencia de capacidad. En noviembre de 2023, autoridades brasileñas detuvieron presuntos operativos de Hezbollah planeando ataques contra objetivos judíos en Sudamérica. En Perú y Colombia se documentaron actividades de vigilancia. La infraestructura está lista. Solo espera la orden.

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El mapa del fentanilo que el gobierno mexicano no publica El reporte hace algo que ninguna institución mexicana ha hecho públicamente: mapear con precisión el rol de cada estado en la cadena de producción del fentanilo. Colima es la entrada marítima, dominada por el puerto de Manzanillo y vinculada a al menos cuatro organizaciones criminales transnacionales en relación con precursores químicos a granel. Michoacán es la zona de procesamiento, donde los químicos se transforman en producto terminado. Sinaloa es el centro de producción y abastecimiento, especialmente de pre-precursores como el 1-boc-4-piperidona. Jalisco es el nodo logístico para análogos del fentanilo y precursores varios. Baja California opera como corredor de tránsito hacia EE.UU., principalmente para NPP, ANPP y precursores de fentanilo. Estado de México es el dato más reciente y más perturbador: emergió en 2025 como hub aéreo y logístico para el manejo de químicos como el (2-Bromoetil)benceno. Es nuevo. Está creciendo. Y está en el centro del país. Estos corredores no sirven exclusivamente para drogas. El reporte documenta que las mismas rutas mueven contrabando de tabaco, armas y dinero lavado. Son infraestructura multiuso. ¿RT será el canal oficial electoral en México? El espionaje en casa. Hay un detalle en el reporte que debería haber generado un escándalo en México y prácticamente no fue noticia. En octubre de 2023, RT en Español comenzó a transmitir segmentos de noticias en los videowalls de las estaciones del Metrobús de la Ciudad de México, con códigos QR dirigiendo a usuarios hacia su contenido digital. La campaña fue avalada por el gobierno local de Martí Batres, alineado con la presidenta Claudia Sheinbaum y el partido Morena. RT en Español tiene más de 6 millones de suscriptores en YouTube. México está entre los tres países del mundo que más consumen su contenido. Su tráfico en X dentro de México pasó de 191,000 visitas en 2022 a 715 millones en 2023. Pero hay más. El reporte documenta que RT en Español tiene una alianza con el Club de Periodistas, una organización con presencia institucional en México cuyo boletín bimensual contiene 53% de contenido producido directamente por RT. Es decir, contenido creado en Moscú publicado como si fuera periodismo mexicano. Y más todavía: la Operación México No Perdona, una rama mexicana del grupo Doppelgänger operado por la Agencia de Diseño Social rusa, clonó medios de comunicación y sitios gubernamentales mexicanos para distribuir narrativas anti-Ucrania. En Argentina, la red GRU conocida como “La Compañía”, vinculada al Proyecto Lakhta, fue arrestada en 2025 tras documentarse pagos de 2,500 dólares mensuales a periodistas argentinos para difundir desinformación. Mientras todo esto ocurría, el expresidente López Obrador declaró públicamente que México no permite el espionaje en su territorio, mientras su Cancillería autorizaba la expansión de la presencia diplomática rusa. La presidenta Sheinbaum, por su parte, invitó a Vladimir Putin a su toma de protesta en octubre de 2024. El reporte lo documenta. No lo interpreta. Aquí tampoco lo haremos. Pero tampoco lo omitiremos.

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Venezuela: el espejo que México no quiere ver Para entender hacia dónde puede evolucionar un país cuando este modelo avanza sin resistencia institucional, el reporte ofrece un caso de estudio completo: Venezuela. No es una comparación automática. México tiene instituciones más sólidas, una economía más diversificada y una sociedad civil más activa. Pero Venezuela tampoco llegó a donde está de un día para otro. Hoy en Venezuela, Rusia financia y protege la producción petrolera a través de préstamos estimados en 17,000 millones de dólares estructurados como pagos en crudo. Irán provee drones a través del IRGC bajo acuerdos que superan los 15,000 millones de dólares. China instaló, a través de su empresa estatal CEIEC, sistemas de vigilancia digital que bloquean medios independientes, restringen redes sociales en períodos electorales y monitorean comunicaciones en tiempo real. Wagner protegió minas de oro ilegales en el Arco Minero del Orinoco, generando estimados de 2,200 millones de dólares anuales fuera de los registros formales. Y el sistema llamado carnet de la patria, desarrollado con tecnología china, integra identidad, distribución de beneficios sociales y monitoreo político en una sola plataforma. Es control social con interfaz de bienestar. Ninguno de estos sistemas llegó de golpe. Llegaron como inversión, como cooperación técnica, como acuerdos bilaterales. Llegaron por las puertas formales, antes de instalarse en las informales. EE.UU. y el narco: una historia de conveniencia selectiva Aquí es necesario ser precisos, porque la imprecisión en este punto beneficia a todos los actores equivocados. EE.UU. no descubrió que los cárteles son peligrosos en 2025. El caso Irán-Contra en los años ochenta documentó cómo agencias estadounidenses toleraron el tráfico de cocaína por parte de grupos aliados a cambio de financiamiento para operaciones encubiertas en Nicaragua. No es especulación. Está en los registros del Congreso estadounidense. Durante décadas, el marco bilateral con México funcionó bajo una lógica implícita: el narco era un problema manejable siempre que no amenazara los intereses estratégicos de Washington. Cuando el Cártel de Sinaloa operaba principalmente como organización de tráfico de droga, era un problema de salud pública y de aplicación de la ley. Lo que cambió no es la brutalidad de los cárteles. Lo que cambió es que los cárteles dejaron de ser un problema exclusivamente doméstico para convertirse en infraestructura de los rivales geopolíticos de EE.UU. El reporte lo documenta con claridad: los mismos corredores que mueven fentanilo mueven también agentes de inteligencia rusos, precursores de explosivos para redes de Hezbollah y capitales que evaden las sanciones del sistema financiero occidental. Cuando Washington designa a los cárteles como organizaciones terroristas y amenazas a la seguridad nacional, el argumento tiene dos capas. La primera es legítima: el fentanilo mata a decenas de miles de estadounidenses cada año. La segunda es estratégica: esos cárteles ahora operan, quieran o no, como parte de la infraestructura de sus adversarios geopolíticos. Y eso Washington no lo puede tolerar independientemente de cuántas vidas cueste el fentanilo. Señalar esto no exculpa a los cárteles. Tampoco exculpa al Estado mexicano por décadas de impunidad que permitieron que estas estructuras se construyeran. Pero sí obliga a leer la presión actual de EE.UU. con más precisión que la que ofrece el discurso oficial de ambos lados. Sheinbaum y Trump sonríen en su primera “pequeña” reunión. La presidenta de México dijo que fue “excelente” | CNN La pregunta que México no puede responder fácil Por un lado, EE.UU. exige cooperación en seguridad con una intensidad que no tiene precedente reciente, respaldada por la lógica de que los cárteles son ahora un problema de seguridad nacional estadounidense, no solo mexicano. Por el otro, Rusia lleva años construyendo presencia mediática, diplomática e intelligence dentro del país. China lleva años construyendo dependencias comerciales, financieras y tecnológicas que difícilmente se desmontan sin costo económico severo. Irán mantiene redes que operan en silencio y que, como documenta el reporte, tienen capacidad de activarse cuando el contexto lo requiere. Ninguno de estos actores llegó como enemigo. Llegaron como socios. Como inversión. Como cooperación. Y eso hace que el problema sea estructuralmente distinto a cualquier amenaza externa convencional. La pregunta que el reporte deja abierta, y que México tendrá que responder sin que nadie le dé tiempo suficiente para hacerlo bien, es esta: ¿puede un país desmantelar la infraestructura que otros construyeron dentro de él sin pagar un precio que su propio sistema político pueda sostener? No hay respuesta fácil. Y cualquiera que te diga que sí la tiene, probablemente es parte del problema.