Londres, Inglaterra, agosto 17.- En unas declaraciones a los periodistas a la Casa Blanca, Donald Trump ha reiterado lo que era una obviedad en este punto: el acuerdo de alto el fuego con Irán está muerto y enterrado, y el presidente de EEUU no tiene la más mínima intención de retomar las conversaciones de paz sobre la base de aquel pacto. "No queremos prorrogar el memorándum de entendimiento", ha sentenciado. "Lo que tiene que hacer Irán es levantar la bandera blanca y rendirse incondicionalmente". En respuesta, el petróleo ha acelerado las alzas: el barril de Brent sube un 3%, hasta los 91 dólares, y el Texas avanza un porcentaje similar, hasta los 84,6 dólares. El magnate ha insistido en que "tenemos control absoluto sobre el estrecho de Ormuz" y "me encanta la idea de declararlo territorio soberano de EEUU", después de que Irán tomara un barco de Emiratos Árabes que intentaba pasar el punto neurálgico por no obedecer sus instrucciones. A continuación, ha asegurado que "el estrecho está abierto y millones de barriles están pasando cada día", justo cuando Bloomberg informa que hoy ningún barco ha cruzado Ormuz. Y, para terminar, Trump ha insistido en que "el petróleo está bajando de precio rápidamente", mientras el crudo tocaba máximos de tres semanas en los mercados. El acuerdo de alto el fuego que se firmó hace dos meses abría un plazo de 60 días para negociar un alto el fuego permanente, pagos económicos a Irán y el final de su programa nuclear militar, con inspecciones para asegurarse de que cualquier proyecto sea únicamente civil y con fines energéticos. Sin embargo, ese acuerdo estalló casi inmediatamente por el 'elefante en la habitación': el control sobre el estrecho de Ormuz. Los 60 días de plazo acababan hoy, y la insistencia del país persa de controlar y cobrar peajes por el paso clave ha hecho que Trump decida levantarse de la mesa. El problema es que EEUU no tiene muchas alternativas. El Pentágono ha agotado un enorme porcentaje de sus misiles inteligentes y de sus interceptores de misiles iraníes, por lo que un reinicio de las hostilidades sería mucho más costoso, en vidas y en reservas militares, y dejaría a EEUU sin apenas capacidad de proyectar poder en otras zonas del mundo. Pero el bloqueo a los navíos iraníes en Ormuz no está haciendo ceder a Teherán, y el Gobierno islámico está preparado para soportar meses o años de tensión. De hecho, el régimen de los ayatolás ha amenazado esta mediodía con pasar "de una postura defensiva a una ofensiva", según los medios del país. En los últimos días, habían dado señales de que ven un acuerdo de paz por imposible mientras Trump esté en el poder, y que están dispuestos a esperar al próximo Gobierno en Washington. A eso se suma que Trump tiene un punto débil muy claro: las elecciones legislativas de noviembre. La gasolina, según la AAA, supera los 4 dólares por galón, la mayor cifra jamás registrada en un mes de agosto en toda la historia de EEUU, y la popularidad del presidente se ha derrumbado a mínimos históricos. Según la media de encuestas de la web FiftyPlusOne, un 60% de la población rechaza la política de Trump y solo un 36% la apoya, unos datos que solo han sido superados negativamente una sola vez en la historia a estas alturas de una presidencia: por Richard Nixon, pocos días antes de dimitir por el escándalo Watergate. Mientras el Partido Republicano se hunde en las encuestas, los análisis de esa web ya dan un 57% de probabilidades a los demócratas de tomar el control del Senado, algo inimaginable hace pocos meses, con posibilidades claras de victoria en estados tradicionalmente muy republicanos como Texas, Alaska o Iowa. En la Cámara de Representantes, su probabilidad de victoria ya es del 90%. Irán no parece tener prisa para rebajar la presión sobre Trump a través del petróleo, con la esperanza de que una derrota histórica en noviembre le haga cambiar de opinión.