Por José Díaz Villahermosa, Tabasco, abril 21.- La promesa de un sistema de salud “como el de Dinamarca” volvió a estrellarse contra la realidad: un paciente murió tras esperar atención urgente en el Hospital Juan Graham Casasús, operado bajo el esquema de IMSS-Bienestar. Durante casi una hora, un hombre permaneció dentro de un vehículo, al borde del desmayo, sin recibir atención médica. No fue la falta de médicos lo primero que apareció en escena, sino la prepotencia: vigilantes del hospital exigían mover la unidad “porque era entrada de ambulancias”. La familia se negó. Su prioridad era obvia: salvar una vida que se les escapaba frente a la puerta de un hospital público. Cuando finalmente llegó el personal médico, la respuesta fue tan cruda como indignante: no habían atendido al paciente porque no había camillas. Sí, en pleno discurso oficial de cobertura universal, el sistema colapsa por lo más básico. Horas después, el hombre murió. La versión gubernamental, como suele ocurrir, intenta amortiguar el escándalo: aseguran que se aplicaron 15 minutos de reanimación cardiopulmonar, pero que el paciente “llegó sin signos vitales”. Una narrativa burocrática que evade la pregunta central: ¿por qué nunca fue atendido a tiempo? El caso exhibe algo más que negligencia: revela un sistema saturado, desorganizado y deshumanizado, donde la vida de los pacientes depende no de protocolos médicos, sino de la disponibilidad de una camilla… o de la paciencia para esperar. Mientras desde el poder se presume un modelo de salud de primer mundo, en los pasillos —y estacionamientos— de hospitales como el de Villahermosa, la realidad es otra: abandono, improvisación y muerte. Otro día, otra víctima de un sistema que, en el discurso, es Dinamarca… pero en la práctica, ni siquiera alcanza para lo mínimo. @JJDiazMachuca