Esta semana, Zohran Mamdani cumplió 100 días como alcalde de Nueva York y lo celebró a su manera: anunciando la apertura de supermercados municipales (el primero para 2027, en total cinco al terminar su mandato), y un nuevo impuesto pied-à-terre, el primero en la historia del estado de Nueva York, sobre propiedades de más de cinco millones de dólares cuyos dueños no residen en la ciudad. Para los latinoamericanos, este guión es conocido, lo hemos visto en Caracas, en Buenos Aires, en Ciudad de México, pero esta vez, el escenario es Manhattan. Empecemos con los supermercados. El margen de ganancia neto promedio de una cadena de supermercados en Estados Unidos es del 1.7%, según la Food Industry Association. Kroger, la cadena más grande en Estados Unidos, operó el año pasado con un margen del 1.93%. Se trata de un negocio de volumen, no de rentabilidad: por cada dólar en ventas, el supermercado retiene menos de dos centavos, por lo que cualquier intervención en ese mercado prácticamente garantiza ineficiencias. Luego está el impuesto a los ricos. Según datos de Tax Foundation, el 1% de los contribuyentes en Estados Unidos ya aporta el 40.4% de todos los ingresos por impuesto federal sobre la renta (más que el 90% restante combinado). El nuevo impuesto pied-à-terre proyecta recaudar unos $500 millones anuales. El déficit fiscal proyectado de Nueva York para el próximo año fiscal es de $5.4 mil millones, con estimaciones que apuntan a que esa brecha podría alcanzar los $10 mil millones en 2027 y $13.6 mil millones para 2029. El gran impuesto a los ricos cubre, en el mejor de los casos, menos del 10%. Henry Hazlitt decía que los déficits no aparecen de la nada; son el resultado directo de gastar más de lo que se recauda y de la falta de voluntad política para reconocerlo. El truco de los políticos como Mamdani es presentar los beneficios hoy y patear la cuenta al futuro. El famoso problema de accesibilidad que tanto habla Mamdani tiene más que ver con décadas de un gobierno municipal que ha expandido programas sin financiamiento sostenible que con el capitalismo salvaje. Pero lo más peligroso de Mamdani no es la radicalidad de sus ideas, sino su estética accesible y cercana a la cotidianidad. Nueva York marca tendencia, que el referente ahora proponga políticas públicas sin sustento económico, podría resultar peligroso no solo para la ciudad, sino para el resto del país, o quizá más allá. ¡Hasta la próxima! ****Directora de FEE Estudios, FEE.