Esta semana se celebró la conferencia general de la Mont Pelerin Society en Indianápolis. Fue una oportunidad para conversar con académicos y profesionales que dedican su trabajo a comprender y defender las condiciones que hacen posibles las sociedades libres. El tema de este año fue 1776 y el espíritu que inspiró la independencia estadounidense. Las conversaciones giraron en torno a las tensiones intelectuales entre las revoluciones estadounidense y francesa y la vigencia de esos principios frente a los desafíos políticos y tecnológicos de nuestro tiempo. Volver a las ideas de 1776 podrá parecer anticuado, pero nos recuerda que las preguntas fundamentales de la política no desaparecen. Cambian las circunstancias, evolucionan las instituciones, surgen nuevas tecnologías, pero los conflictos en torno al poder y la libertad siguen presentes. Cuando Francis Fukuyama planteó su tesis del fin de la historia, la tensión sobre los modelos de organización política no terminó. Al contrario, las preguntas sobre cómo queremos organizar nuestras vidas en sociedad siguen admitiendo respuestas muy distintas. La cuestión no es solamente sobre cuánto poder debe tener el Estado, sino cuánto control estamos dispuestos a ceder sobre nuestras propias decisiones. En otras palabras, ¿quién es el soberano? ¿Quién es el tomador de decisión en última instancia? En On Power, Bertrand de Jouvenel examina la naturaleza del poder. Pensar en eso supone preguntarse quién puede tomar decisiones que afectan a los demás, quién tiene la autoridad para hacerlo y cuáles son los límites de esa autoridad. En 1776, una de esas preguntas centrales era quién debía gobernar las colonias británicas en América: ¿La Corona o los propios colonos? La independencia estadounidense representó, entre otras cosas, una impugnación de la autoridad política del monarca y una reivindicación del autogobierno. Y aunque hoy hay distintas circunstancias, una pregunta similar continua vigente: ¿Quién tomará las decisiones que condicionen nuestras vidas? ¿Serán los gobiernos, respaldados por tecnologías cada vez más sofisticadas? ¿Delegaremos decisiones importantes en sistemas automatizados? ¿O conservaremos los ciudadanos la capacidad de elegir, disentir y asumir la responsabilidad por nuestro propio futuro? Por eso, el espíritu de 1776 sigue ofreciendo una perspectiva útil para pensar en el futuro. De Indianápolis me llevo estas reflexiones. PD: ¡Saludos a nuestros lectores que tuve el gusto de conocer en la MPS! ¡Hasta la próxima! ****Directora de FEE Studios