Alfred Marshall y las dos curvas que se cruzan en un punto de equilibrio

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Esta semana, Kyla Scanlon publicó en el New York Times un ensayo en el que explica cómo en Estados Unidos la casa cumple doble función; hogar y fondo de pensión. Quien ya es dueño necesita que su propiedad se aprecie para financiar su vejez; quien quiere comprar necesita que los precios cedan para poder entrar. Planteado así, suena a juego de suma cero: lo que gana el joven lo pierde el viejo, como si existiera una sola casa y dos manos peleándola. Pero esa lógica solo se sostiene cuando la oferta está congelada. La supuesta guerra entre generaciones no es una ley económica, es el síntoma de una escasez fabricada. Así que, ¿de dónde viene esa escasez? Para responder conviene mirar un siglo atrás. Este lunes se cumplieron 102 años de la muerte de Alfred Marshall, uno de los economistas más influyentes de su época. En sus Principios de Economía, de 1890, popularizó el diagrama que todos reconocemos: dos curvas que se cruzan en un punto de equilibrio donde la cantidad ofrecida y la demandada por fin coinciden. Marshall no inventó esas tijeras, Cournot las había trazado en 1838, pero fue él quien las volvió el lenguaje común de la disciplina. Y ese lenguaje explica la crisis actual: demasiada demanda persiguiendo muy poca oferta. Entonces, ¿por qué falta oferta? No por avaricia empresarial, sino porque construir en Estados Unidos se convirtió en un vía crucis de permisos. A nivel federal, las restricciones regulatorias pasaron de unas 400 mil en 1970 a más de un millón hoy, según RegData del Mercatus Center. Pero el cuello de botella real es local: el índice Wharton de regulación del uso del suelo coloca a las áreas de San Francisco y Nueva York como las más reguladas del país. Frente a esto, ¿qué ofrecen muchos políticos? Congelar rentas. El 25 de junio, la Junta de Lineamientos de Renta de Nueva York, el panel que fija cada año los topes de alquiler y que el alcalde Mamdani controla, votó siete a uno congelar el precio de cerca de un millón de departamentos estabilizados. Otro ejemplo de manual de lo que se ve y lo que no se ve: se ve al inquilino que este año no paga más; no se ve al edificio que nadie construirá. La solución de fondo es tan simple que incomoda: construir más. Es el argumento que Bryan Caplan, economista de George Mason, desarrolla en Build, Baby, Build. Simple, sí, pero es justo lo que tantos políticos se niegan a hacer, porque recortar permisos no da titulares y prometer congelamientos sí. La vivienda no es cara por codicia o avaricia empresarial, sino porque para levantar un edificio hay que pedir permiso, y porque los políticos proponen soluciones como congelar las rentas que terminan espantando a los que podrían construirlos. ¡Hasta la próxima! ****Directora de FEE Studios, FEE