Baja California no está preparada para la lluvia

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Bastan unas horas de lluvia para que vuelvan a quedar en evidencia las deficiencias de nuestra infraestructura. En Mexicali, se inundó el paso a desnivel del puente que conecta los bulevares López Mateos y Lázaro Cárdenas, donde las juntas siguen cubiertas con láminas provisionales después de cinco años. Pero Mexicali no es el único lugar donde las lluvias han dejado estragos. En Tijuana, colapsó un puente de la avenida Baja California, a la altura de Camino Verde, dejando un enorme socavón; en Ensenada, varios vehículos quedaron parcialmente sumergidos en el cruce de calle Diamante y bulevar Reforma; y en Tecate se reportaron más de 50 emergencias, entre ellas vehículos atascados o varados. La lluvia no debería paralizar nuestras ciudades ni poner en peligro a quienes salen a trabajar o simplemente intentan llegar a casa. Calles inundadas, postes caídos, cortes de energía eléctrica y vialidades afectadas. Lo que debería ser una condición climática que podamos enfrentar con prevención y seguridad termina convirtiéndose en un riesgo para miles de familias. No se trata solamente de reaccionar cuando ya hay daños. Se trata de planear, invertir y garantizar que nuestras calles, puentes, drenajes y servicios públicos estén preparados para responder.