Comprender y anticipar el riesgo climático

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(Discurso en la Semana del Clima de Zúrich) Por Celeste Saulo Secretaria General de la Organización Meteorológica Mundial Gracias por invitarme a mí y a la Organización Meteorológica Mundial a participar en esta importante conversación. Es un placer estar aquí en Zúrich, un centro mundial de finanzas, seguros e innovación, y un lugar ideal para hablar de resiliencia en un mundo más arriesgado. La señal que llega hoy a los mercados, los gobiernos y las empresas es inequívoca: El riesgo climático se manifiesta cada vez más a través del clima. Y el riesgo meteorológico se está traduciendo rápidamente en riesgo económico. 1. El riesgo climático físico ahora tiene implicaciones financieras. En todo el mundo, las tormentas, las inundaciones, las sequías, las olas de calor y los incendios forestales ya no son fenómenos ambientales aislados. Están interrumpiendo las operaciones, afectando las cadenas de suministro, aumentando las pérdidas de las aseguradoras, debilitando las finanzas públicas y reconfigurando las decisiones de inversión. Según Swiss Re, solo en 2024, las catástrofes meteorológicas y climáticas causaron pérdidas globales por valor de 318 mil millones de dólares, de las cuales solo el 43% estaban aseguradas. 1 Y hace apenas dos días, la OMM publicó el último informe europeo sobre el estado del clima, que confirma que Europa es el continente que se calienta más rápidamente, con olas de calor récord, una aceleración de la pérdida de glaciares y fenómenos extremos más frecuentes desde el Mediterráneo hasta el Ártico. Una inundación puede paralizar la producción industrial. Una sequía puede limitar la generación de energía y las rutas de transporte. Una ola de calor puede reducir la productividad laboral y sobrecargar los sistemas de salud. Un incendio forestal puede destruir bienes y perjudicar el crecimiento regional. Estas perturbaciones se propagan rápidamente a través de una economía global interconectada. El riesgo climático ya no es un fenómeno aislado o local. Ahora es una amenaza sistémica y global que debemos afrontar juntos. La resiliencia, a su vez, no se trata solo de proteger vidas y medios de subsistencia. También es una cuestión de competitividad, sostenibilidad fiscal y estabilidad financiera. Necesitamos muchos más diálogos como este entre los sectores del clima, la resiliencia y el mundo empresarial. 2. La ciencia ha avanzado, pero los sistemas de toma de decisiones deben mantenerse al día. La buena noticia es que la ciencia ha avanzado drásticamente, lo que permite a los inversores tomar decisiones empresariales y de gestión de riesgos más informadas e inteligentes. La capacidad de predicción sigue mejorando. La predicción a cinco días de hoy es tan precisa como la de tres días de hace 20 años, mientras que la precisión de las predicciones a uno o cuatro días ha mejorado entre un 10 % y un 20 %. La comprensión del clima se está profundizando. La inteligencia artificial está acelerando la elaboración de modelos y el apoyo a la toma de decisiones. Los sistemas de alerta temprana se están expandiendo. Pero la pregunta clave es si nuestros sistemas de toma de decisiones están evolucionando al mismo ritmo. Porque hoy en día la información sobre el tiempo y el clima no es simplemente información útil. Es inteligencia económica. Transforma la incertidumbre en tiempo de entrega. Permite a las empresas redirigir su logística. Ayuda a las aseguradoras a fijar precios de riesgo más precisos. Apoya a los gobiernos en la protección de los ciudadanos y las infraestructuras. Permite a los inversores distinguir la resiliencia de la vulnerabilidad. Los pronósticos no evitan que ocurran tormentas o sequías. Pero transforman la sorpresa en preparación. Y la preparación protege vidas, bienes y crecimiento. 3. La infraestructura invisible detrás de cada pronóstico Nada de esto ocurre por casualidad. Detrás de cada pronóstico, alerta, modelo de catástrofe o evaluación de riesgos climáticos se esconde una infraestructura pública global de observaciones, intercambio de datos, sistemas de predicción, normas y cooperación. Esta es la estructura fundamental coordinada a través de la Organización Meteorológica Mundial y nuestros 193 países miembros. Incluye satélites, boyas oceánicas, estaciones meteorológicas, radares, redes hidrológicas, centros de supercomputación, sistemas de pronóstico, estándares e intercambio internacional de datos en tiempo real. Todo ello coordinado a nivel mundial bajo los más altos estándares de calidad técnica, negociados a través de la OMM. Cada día, más de 100 millones de observaciones pasan por este sistema, lo que permite que los países funcionen como una red global conectada. Desde el teléfono móvil que avisa a un agricultor de la llegada de las lluvias, hasta los modelos de catástrofes que calculan el precio de las carteras de reaseguro, pasando por la planificación del riesgo soberano: todos ellos dependen de una infraestructura común coordinada por la OMM. Sin embargo, a pesar de su valor fundamental, este sistema sigue estando insuficientemente financiado y sometido a una gran presión. La demanda va en aumento. La infraestructura está envejeciendo, y los puentes, presas y túneles de antaño no están preparados para las condiciones extremas de hoy. La complejidad operativa aumenta. Y las expectativas se amplían. 4. Por qué esto es importante para las finanzas y los seguros. Para este público, la implicación es sencilla: Si el sistema público de datos inicial se debilita, la toma de decisiones privadas posterior también se debilita. Las observaciones menos fiables dan lugar a modelos de riesgo más débiles. Los modelos más débiles implican precios menos precisos. Y los precios menos precisos generan mayor incertidumbre, primas más altas, menor asegurabilidad y una peor asignación de capital. En un futuro impulsado por la IA, esto cobra aún más importancia. La inteligencia artificial es tan fuerte como los datos fiables en los que se basa su aprendizaje. Si los datos son incompletos, están retrasados ​​o fragmentados, la tecnología no puede compensarlo. Por lo tanto, fortalecer la infraestructura pública no está separado de la eficiencia del mercado. Es fundamental para ello. 5. Los bienes comunes de la OMM: una solución práctica. Por este motivo, la OMM lanza hoy el Sistema Común de Inteligencia sobre el Tiempo, el Clima y el Agua de la OMM. El Fondo Común de la OMM es un mecanismo de financiación conjunta gestionado por la OMM, diseñado para mantener, fortalecer y modernizar la infraestructura global de inteligencia meteorológica, climática e hídrica. Aprovecha el apoyo que ya brindan los países miembros, movilizando recursos voluntarios adicionales de gobiernos, organizaciones filantrópicas, instituciones multilaterales y, en particular, de actores del sector privado que se benefician directamente del sistema. Ayuda a financiar lo que ningún país puede sostener por sí solo. Y multiplica el valor de cada inversión posterior que depende del sistema global. Los recursos se distribuyen entre cuatro vías de inversión: Mantener y optimizar el sistema de observación global. Fortalecer la interoperabilidad y la predicción de datos globales. Ampliación de los servicios de alto impacto y las alertas tempranas. Desarrollar la capacidad institucional y la cocreación con los usuarios. Nuestra ambición inicial es movilizar al menos 100 millones de dólares en un plazo de cinco años. 6. Por qué esta habitación es importante Esta sala reúne precisamente a los actores necesarios para pasar del diagnóstico a la acción. Los gobiernos dan forma a los incentivos y a las señales políticas. Las aseguradoras entienden el riesgo mejor que casi nadie. Los bancos y los inversores asignan el capital. Los organismos que establecen normas mejoran la transparencia. Las instituciones internacionales pueden ampliar la cooperación. Y la ciencia proporciona la base de evidencia que hace posible todo esto. La resiliencia será mayor cuando los sistemas públicos y la innovación privada se refuercen mutuamente. Cierre Por lo tanto, la cuestión que nos ocupa en esta sala no es si el riesgo climático es real. La verdadera cuestión es si los sistemas que generan la inteligencia necesaria para gestionar ese riesgo serán lo suficientemente sólidos, fiables e inclusivos cuando más se necesiten. La ciencia es clara. Las pérdidas son visibles. Los riesgos son cada vez más sistémicos. La resiliencia no comienza después de que ocurre un desastre. Comienza de antemano: con observaciones, pronósticos, alertas, datos compartidos y decisiones informadas. Con conocimiento e información climática. No podemos dar por sentada la infraestructura pública global. Debe mantenerse. Debe modernizarse. Y debe ser financiado. Por lo tanto, los invito a unirse a nosotros, a contribuir al patrimonio común de la OMM, a abogar por él y a ayudar a fortalecer la infraestructura global de la que dependen la resiliencia, los mercados y las comunidades. Gracias.