Pocos días después de saberse de la muerte de Edgar Morin, ocurrida el 29 de mayo pasado, Juan de Dios Palazuelos Cabanillas y Jorge Gastélum-Escalante, dos amigos conocedores de la obra de Morin, me enviaron sus reflexiones sobre este momento de pausa y tristeza. – "Se ha ido Edgar Morin –escribió Juan de Dios– uno de los grandes pensadores de nuestro tiempo; un hombre que cultivó ideas disruptivas con profundidad crítica y una radicalidad orientada no a la ruptura estéril, sino a la comprensión más amplia y compleja de la realidad. Su pensamiento nos enseñó que el conocimiento no puede fragmentarse sin empobrecer la comprensión del mundo. Con sus aportaciones, la reflexión humana adquirió una mayor coherencia teórica, una mirada más integradora y una capacidad renovada para afrontar la incertidumbre, las contradicciones y los desafíos de la condición humana. Morin –agregó Juan de Dios– nos invitó a pensar desde la complejidad, a reconocer que todo fenómeno humano está tejido por múltiples relaciones, interdependencias y contextos. Su obra abrió caminos para comprender que la educación, la política, la cultura y la vida misma requieren una visión capaz de articular lo diverso sin reducirlo a simplificaciones. Lo más importante es que dejó a la humanidad un inmenso legado cultural, ético e intelectual. Su voz seguirá resonando como una invitación permanente a rehumanizar la humanidad, a cultivar la comprensión humana y a aprender el difícil arte de vivir juntos en un mundo cada vez más interdependiente. Por su parte, Jorge escribió un texto para la revista Politeia que se edita en Culiacán, titulado: "Edgar Morin y la educación del futuro: un viaje personal", del cual comparto las siguientes líneas: "Si tuviera que definir, en una breve síntesis, qué ha dejado Morin en mí, diría: me mostró que la educación del futuro no se edifica sobre una especialización estanca, sino sobre la capacidad de articular saberes diversos en un marco de responsabilidad compartida. Me enseñó a situar la ética y la deliberación democrática en el centro de toda práctica educativa, promoviendo decisiones discutidas en el diálogo y significadas por el contexto. Me impulsó a diseñar prácticas transdisciplinarias que conecten la teoría con la acción social y pedagógica, y a abrazar la incertidumbre, cuestionando certezas simplistas para convertir las preguntas complejas en motores de aprendizaje. Me invitó a situar lo local y lo global en un mismo plano, reconociendo la interdependencia cultural, técnica y ecológica que configura la educación del siglo XXI. En este camino, Morin dejó de ser un referente teórico para convertirse en una presencia operativa: un marco que me acompaña al entrar al aula, abrir la clase, diseñar encuentros y escribir, siempre buscando una educación que prepare para vivir, pensar y actuar con responsabilidad compartida en un mundo complejo". Los testimonios anteriores no tienen desperdicio. Solo puedo agregar que buena parte de lo que comentan Juan de Dios y Jorge, y lo que sé que Morin significó para otros colegas y amigos, lo viví directamente de muchas maneras, en las aulas, la investigación, la elaboración de textos y desde luego en el proyecto de las herramientas para desaprender y aprender. Todos compartimos la manera en que la lectura y puesta en práctica del pensamiento de Morin sacudió nuestras neuronas, removió cualquier vestigio de soberbia intelectual y enfocó con sentido crítico nuestra búsqueda de vida y saberes. Solo me resta invitar a quienes nos siguen a través de esta Carta Mensual, a conocer la obra de Edgar Morin, y a visitar el sitio de las Herramientas para Desaprender y Aprender. *****Luis Lloréns fue rector de la Universidad Autónoma de Baja California y maneja el sitio Herramientas Desaprender y Aprender.