El ajolote y la inflación en México

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Mientras todos celebran al ritmo del Dai Dai de Shakira y el Mundial muta en un híbrido entre lo que conocíamos y el espectáculo del Super Bowl (con show de medio tiempo), México lanzó su propia jugada: una colección de 12 monedas conmemorativas acuñadas por la Casa de Moneda. Bimetálicas, de plata y de oro, con sedes mundialistas, jaguares, mariposas monarca y la estrella de la baraja: un ajolote, ese pequeño anfibio endémico del Valle de México que sobrevive de milagro en los canales de Xochimilco. La reacción inmediata: “Hay que coleccionarlas. Algún día valdrán una fortuna.” Y entre la euforia futbolera casi se pasa por alto un detalle: dentro de la colección hay una moneda de oro con valor facial de 25 pesos. Una denominación que México no veía circular desde la "Olímpica de aros" de 1968. Lo que se ve: una moneda preciosa con un ajolote; lo que no se ve: la economía detrás de este lanzamiento. La numismática conmemorativa es tan vieja como el dinero fiat: una forma de envolver al peso en símbolos justo cuando el peso real, el que los mexicanos usan a diario, pierde poder adquisitivo a una velocidad que Banxico no logra contener. En abril de 2026, la inflación general anual en México fue de 4.45%, fuera del rango meta de Banxico por cinco quincenas consecutivas. Y en el supermercado, las cosas suben a 6.16% anual, jitomate +121%, chile serrano +65%, papa +49%, cebolla +19%. El café subió 13.64%. Aquí viene la ironía más elegante: la moneda de oro de 25 pesos no vale 25 pesos. Contiene un cuarto de onza troy de oro puro y se vende por miles de pesos, muy por encima de su denominación oficial. Es decir, su valor real está anclado en un metal que el Estado no puede imprimir, no en la denominación que el Estado le asigna. Cuando un banco central acuña oro, está confesando lo que el clasicismo monetario lleva siglos diciendo: la confianza en el papel moneda no se decreta, se gana. Y se pierde. El ajolote es un símbolo perfecto, una especie en peligro de extinción, que sobrevive aferrada a un ecosistema que está colapsando. ¿Quizá igual que el peso mexicano? ¡Hasta la próxima! *****Directora de FEE Studios.