Se confirmó que Estados Unidos optó por no activar, en este momento, la extensión automática del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) por 16 años, habilitando en su lugar el mecanismo de revisiones periódicas hasta 2036. En términos institucionales, el acuerdo permanece vigente y transita a una fase de evaluación anual de desempeño y cumplimiento, lo que introduce una dinámica de ajuste continuo sin alterar de inmediato el acceso preferencial ni las reglas de origen actualmente aplicables. Desde una perspectiva económica, el tránsito a revisiones anuales agrega una capa de incertidumbre regulatoria que puede elevar primas de riesgo en decisiones de inversión de mediano plazo, en especial en sectores con ciclos de capital intensivo (automotriz, semiconductores, energías limpias y logística transfronteriza). No obstante, el mantenimiento de la vigencia del tratado y la ausencia de un aviso formal de retiro por parte de Estados Unidos, que requeriría notificación con al menos seis meses de anticipación, acota los riesgos de disrupción súbita del comercio. Para México, el esquema de revisión ofrece tanto retos como oportunidades. Por el lado de los retos, el escrutinio anual puede intensificar presiones sobre temas sensibles como el contenido regional automotriz, cumplimiento laboral sectorial, disciplinas energéticas y medidas en acero, aluminio y productos madereros. Por el lado de las oportunidades, un calendario de interacción frecuente permite modular ajustes técnicos, acelerar solución de controversias y anclar agendas de competitividad regional, Nearshoring, facilitación aduanera, comercio digital y cadenas críticas, con plazos y métricas verificables. En términos de política pública, la prioridad será reducir la incertidumbre percibida por el sector privado. Ello implica fortalecer la capacidad técnica para la defensa de casos en paneles; asegurar cumplimiento verificable de compromisos laborales y ambientales para evitar remedios comerciales; avanzar en certidumbre regulatoria en energía y permisos industriales, y coordinar con Canadá posiciones sobre medidas unilaterales de EUA en metales, autos y madera, donde existen intereses convergentes. El anuncio de una reunión bilateral con la contraparte estadounidense el 20 de julio funciona como una reunión operativa para definir hojas de ruta temáticas y ventanas de logro trimestrales. Para los flujos comerciales y de inversión, el escenario base sigue siendo de continuidad con mayor vigilancia. Las empresas con huella norteamericana deberían recalibrar reglas de origen y trazabilidad, robustecer cláusulas de cambio regulatorio en contratos, y priorizar certificaciones laborales en eslabones vulnerables. En suma, el paso a revisiones anuales no desmantela la integración; la reconfigura hacia un modelo de “cumplimiento dinámico del T-MEC”, donde la disciplina técnica y la coordinación económica, comercial y política serán determinantes para mantener la certidumbre necesaria que sostenga el ciclo de inversión regional. ****Profesor Investigador en Economía Internacional en El Colef. Distinguido miembro del Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores. Ha sido también profesor en la Universidad Iberoamericana, CISE, “fellow” y “guest scholar” en UCSD y profesor visitante en UC Irvine.