El Estado no desea que use efectivo

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Por Nicholas Anthony El 26 de junio publiqué en el Wall Street Journal una carta al editor sobre el auge de los pagos electrónicos y la caída del dinero en efectivo. En el artículo al que respondí, Oyin Adedoyin señalaba que las empresas han ido abandonando el dinero en efectivo por varias razones. Por ejemplo, cobrar con una tarjeta puede ser mucho más rápido que contar el cambio. Asimismo, no tener que almacenar grandes sumas de efectivo in situ puede reducir los riesgos de robo (tanto interno como externo). Sin embargo, como señalaba en mi carta, también merece la pena destacar hasta qué punto la propia Administración desincentiva el uso de efectivo. Por su parte, el Servicio de Impuestos Internos hace todo lo posible para evitar aceptar dinero en efectivo. En otros lados, la ley exige que los ciudadanos se denuncien entre sí cuando realicen pagos en efectivo superiores a 10.000 dólares. El incumplimiento puede acarrear una multa de 25.000 dólares o cinco años de cárcel. También hay que tener en cuenta el régimen de la Ley de Secreto Bancario, que califica a las empresas de "instituciones financieras" y les obliga a informar de sus transacciones. La lista continúa, pero la cuestión es simple: el dinero en efectivo es cada vez menos común por muchas razones, pero no debemos perder de vista que algunas de esas razones son decisiones tomadas por el propio gobierno. *****Analista de políticas públicas del Centro para las Alternativas Monetarias y Financieras del Instituto Cato, donde ayuda a organizar las conferencias, becas y promueve el trabajo del Centro.