Esta semana, el Senado mexicano terminó de aprobar la Ley de Economía Digital para Pagos Digitales y Electrónicos, una iniciativa impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum. Con la mayoría de Morena en ambas cámaras, la reforma busca reducir el uso de efectivo, empezando por gasolineras y casetas de peaje, donde los pagos deberán realizarse mediante tarjeta, transferencia o código QR. El gobierno insiste en que la reforma no prohíbe el efectivo. Técnicamente, es cierto. Pero, el artículo 13 faculta a la Secretaría de Hacienda para determinar en qué otros sectores dejarán de aceptarse billetes y monedas, sin establecer criterios claros ni exigir una nueva aprobación del Congreso. Entonces, ¿quién decidirá dónde se puede seguir pagando en efectivo? En México, el 56.2 % de los trabajadores se encuentra en la informalidad, según el INEGI. Casi cuatro de cada diez adultos no tienen una cuenta de ahorro formal. Además, 85 de cada 100 personas prefieren pagar en efectivo las compras menores a 500 pesos. Son cifras que reflejan hasta qué punto el efectivo sigue siendo fundamental para la economía mexicana. Estos datos no describen una resistencia irracional a la tecnología, sino reflejan decisiones condicionadas por los costos y las limitaciones que enfrentan millones de personas. El efectivo no cobra comisiones, no depende de una conexión a internet y permite realizar transacciones de forma inmediata. También ofrece cierto grado de privacidad frente a las autoridades fiscales, algo especialmente relevante en un país donde muchos pequeños comerciantes consideran que cumplir con las obligaciones tributarias implica costos desproporcionados. Como explicó Hernando de Soto en sus estudios sobre la economía informal, la informalidad no puede entenderse únicamente como una decisión de incumplir la ley, más bien es una respuesta a las barreras burocráticas y los costos regulatorios. El argumento quizá “más sólido” a favor de la reforma es la seguridad. Claudia Sheinbaum defiende la iniciativa por capacidad para combatir ciertos delitos. En sectores como el de las gasolineras, problemas como el robo de combustible y la extorsión son reales. Pero ¿hasta qué punto restringir el efectivo resolverá estos problemas? Las organizaciones criminales pueden recurrir a empresas fachada, intermediarios y mecanismos financieros sofisticados para ocultar sus operaciones. Un pequeño comerciante, difícilmente. Si el objetivo es formalizar la economía, existen medidas más directamente orientadas a eliminar las barreras que mantienen a tantas personas fuera del sistema formal como simplificar el régimen tributario de los pequeños contribuyentes, reducir los costos de contratación formal, eliminar trámites innecesarios para abrir un negocio y disminuir las comisiones que los comercios pagan por aceptar tarjetas. La adopción de medios de pago digitales no necesita imponerse por decreto. Cuando la tecnología ofrece ventajas reales, las personas tienen incentivos para utilizarla. Entre 2021 y 2024, el uso de aplicaciones bancarias pasó del 54.3 % al 69.1 % entre las personas que tienen una cuenta. Hay otro costo: la privacidad financiera. Los pagos digitales generan registros que permiten rastrear las transacciones. Esto puede facilitar la detección de operaciones ilícitas, pero también amplía la capacidad de vigilancia de quienes controlan esa infraestructura. Algunos ejemplos: En 2022, el gobierno canadiense recurrió a poderes de emergencia para ordenar el congelamiento de determinadas cuentas bancarias vinculadas a las protestas de camioneros, demostrando que la infraestructura financiera puede convertirse en un instrumento de presión estatal, incluso en una democracia consolidada. Para millones de mexicanos, el efectivo sigue siendo una herramienta accesible que permite intercambiar bienes y servicios sin depender de intermediarios financieros ni de una infraestructura digital. Reducir su uso puede formar parte de un proceso de modernización económica, pero restringirlo sin atender las causas de la informalidad corre el riesgo de confundir los síntomas con el problema. ¡Hasta la próxima! ****Directora de FEE Studios Ilustración: Imagen Radio.