El Santo Oficio de la Inquisición, establecido contra la herética pravedad en los reinos de España, comenzó en Sevilla en el año de 1481, bajo el pontificado de Sixto IV que lo concedió y, bajo el reinado de Fernando V y de Isabel, que lo pidieron. El Primer inquisidor general fue el padre Tomás de Torquemada, prior del convento de Santa Cruz de Segovia de los hermanos predicadores quien, sobre la puerta del Tribunal de Triana, colocó la siguiente inscripción: “El Santo Oficio de la Inquisición, establecido contra la herética pravedad…comenzó en Sevilla el año de 1481…Dios quiera, para la propagación y el sostenimiento de la fe, que viva hasta la consumación de los siglos… ¡Levantaos, Señor: sed juez en vuestra propia causa y castigad a los malos! Con juicios sumarios, el Santo Oficio torturó y envió a miles de ‘herejes’ a la hoguera. Con el arrollador triunfo electoral de Morena, en México, nació un engendro parecido: El Tribunal del Ganso Oficio. Al inicio de su popular mandato, El Gran Inquisidor lanzó una advertencia: “Se está a favor de la transformación o se está en contra”. Desde entonces, quien disiente o critica la «obra transformadora» es considerado, ipso facto, enemigo jurado de la ‘Transformación de las Buenas Conciencias’. La propaganda, castigos y venganzas del Ganso Oficio son implacables y, con todos los recursos del Estado a su alcance, convierte en indeseables sociales a quienes niegan, disienten o se apartan de la doctrina. Hace unos días quemó en leña de palo verde a los magistrados y jueces; ayer ardieron en las llamas de su venganza Loret, Brozo, Dresser y Latinus. Solo hay de dos sopas: los buenos que están con nosotros o; los malos, que están contra nosotros. En el Salón de la Tesorería, renació el Tribunal de Triana, en donde la rencarnación de Torquemada y sus verdugos, «los buenos», les imponen tremendas ‘quemadas’ a «los malos». Cualquier opinión en contra del dogma de fe; de su fundador, familia o de las gigantescas obras ruinosas, son consideradas herejía, calumnia, blasfemia, traición, simonía… No es nuevo que los líderes de las religiones; católica, luz del mundo, comunista, maoísta, nazista u obradorista, por mencionar algunas, utilicen LA PROPAGANDA como instrumento para mantenerse en el poder y eliminar de la vida pública a los indeseables. Los antagonistas ayer eran herejes, judíos; hoy son calumniadores, traidores a la patria. ¡Levantaos, Señor: sed juez de vuestra propia causa y castigad a los malos!