Por Leire San Román Investigadora de Desarrollo Económico El contexto de la economía mundial en el último año estuvo marcado por dos fuerzas que parecieran no estar relacionadas. Por un lado, la carrera de inversión en inteligencia artificial disparó la manufactura y el comercio de equipo de cómputo y semiconductores, la cual benefició principalmente a un grupo muy específico de economías, como Estados Unidos, Taiwán y Corea del Sur[1], que ya estaban integradas a estas cadenas de valor. Por el otro, el conflicto en Medio Oriente encareció la energía, endureció las condiciones de financiamiento global y obligó a los bancos centrales a mantener tasas altas más tiempo[2]. Dos fuerzas que inciden en el rumbo de la economía mexicana y pone sobre la mesa una pregunta urgente: ¿el Presupuesto 2027 aprovecha estos movimientos globales para generar los incentivos necesarios para que México se desarrolle más allá de ser una plataforma de ensamble? El margen para financiar nuevos proyectos de inversión que respondan a esas necesidades es limitado. La infraestructura física (2.6% del PIB) representará un nivel que sigue por debajo de lo que organismos como el Banco Mundial[3] consideran necesario para cerrar brechas de desarrollo (al menos 4.5% del PIB) y también por debajo del promedio histórico de la OCDE (3.5%)[4]. De ese monto, poco más de la mitad (55%) se concentra en los proyectos prioritarios: Pemex con 25%, los nuevos trenes con 15% y la CFE con 6%, de modo que energía y trenes juntos absorben 46% de toda la inversión física del año. El resto se reparte entre otros programas, incluidas obras hidráulicas y carreteras. Viéndolo en perspectiva, es la apuesta por dar la certidumbre y la infraestructura base que la inversión privada necesita para desarrollarse, aunque, medida contra el tamaño de la economía, ese impulso sigue siendo modesto. Ante la restricción presupuestal, cerrar las brechas de infraestructura energética y logística requerirá acelerar el despliegue de los proyectos mixtos. Es importante señalar, además, que un mayor presupuesto en infraestructura física no necesariamente se traduce en generación de valor dentro del país. El reciente desempeño en exportaciones muestra que, en lo que va del año, las exportaciones crecieron 28% y la manufactura no automotriz dio un salto de 42%, impulsada por el equipo de cómputo y otros bienes de alto contenido tecnológico. Pero ese crecimiento dice poco sobre cuánto de ese valor se queda en México. La mayor parte del ensamble de equipo de cómputo usa insumos y componentes importados, por lo que un aumento en el volumen exportado no equivale a un aumento en el valor agregado nacional. México terminó subido a la misma ola que impulsó a Taiwán y Corea, pero sin necesariamente captar la misma proporción del valor. La infraestructura energética es una apuesta legítima y más que necesaria, pero insuficiente por sí sola. Trenes, carreteras, agua y energía pueden ampliar la capacidad productiva, pero no garantizan que el país capture una mayor proporción del valor de las cadenas globales. Para lograrlo, la inversión pública deberá complementarse con capital privado y mixto, además de tecnología e infraestructura digital. En ese sentido, el Plan México plantea aumentar el contenido nacional de las exportaciones para que una mayor proporción del valor generado en las cadenas productivas permanezca en el país. Sin embargo, pasar de una plataforma de ensamble a una economía que también diseña, desarrolla tecnología e integra proveedores nacionales exige más que trenes y carreteras. Requiere talento especializado, capacidad tecnológica, energía confiable e infraestructura digital. La pregunta es si las prioridades del presupuesto 2027 crean esas condiciones o si se limitan a hacer más eficiente la plataforma manufacturera que México ya ofrece a Estados Unidos. Es difícil saber si la estrategia para 2027 es suficiente, o si el resultado dependerá de decisiones que van más allá de lo que un presupuesto puede definir por sí mismo. El mundo seguirá premiando a quien tenga capacidad tecnológica propia, talento, energía suficiente y confiable e infraestructura digital, y no solo a las plantas de ensamble. La diferencia entre capturar el valor o limitarse a la manufactura dependerá de inversiones que no coinciden con las prioridades de gasto de 2027. Postergar la respuesta tiene un costo; cada año sin esas condiciones es un año mas de acometividad global perdida. La pregunta no es solo si aprovechamos el viento a favor, sino si lo hacemos a tiempo. Cuando el viento sopla a favor sin que lo hayamos pedido, ¿la tarea es aprovecharlo tal cual llega, o usarlo para construir algo que dependa menos de la suerte la próxima vez? [1] Hacienda. 2026. Criterios generales para de la política económica para la iniciativa de ley de ingresos y el proyecto de presupuesto de egresos de la federación correspondientes al ejercicio fiscal 2027. [2] Hacienda. 2026. Criterios Generales de Política Económica 2027. [3] Banco Mundial. 2019. Beyond the Gap: How Countries Can Afford the Infrastructure They Need while Protecting the Planet(Rozenberg, J. y Fay, M., eds.) [4] OCDE. 2026. Restoring Public Finances