Cuando de dinero trata, su historia es una historia de confianza. Desde bienes como la sal, las conchas o el cacao, hasta metales preciosos como el oro y la plata, las sociedades han ido perfeccionando mecanismos para facilitar el intercambio. En la modernidad, el dinero fiat (respaldado por la autoridad del Estado) ha dominado el último siglo. Para que algo funcione como dinero, debe cumplir tres condiciones: ser medio de intercambio, unidad de cuenta y reserva de valor. Estas funciones permiten resolver el problema de la doble coincidencia de necesidades y hacen posible la coordinación a gran escala. La aparición de las criptomonedas (con Bitcoin a la cabeza) introdujo una innovación clave: la posibilidad de separar el dinero de la autoridad estatal. La respuesta de los Estados fue el desarrollo paralelo de monedas digitales de banco central (CBDCs). Estas prometen eficiencia y reducir costos de transacción, pero también abren la puerta a un nivel de vigilancia sin precedentes: la capacidad de condicionar cómo, cuándo y en qué se puede gastar. El dinero es una institución social que facilita la cooperación entre millones de personas; es básicamente la infraestructura invisible del orden económico. Como dijo Yuval Harari en Sapiens, su poder está en la creencia compartida que lo sostiene. ¿La siguiente forma de dinero estará basada en la confianza de los individuos o en el control estatal? Este fue el tema de nuestro más reciente video en YouTube, que como siempre te invito a ver y dejar tus comentarios. Daphne Posadas Directora de Fundación para la Educación Económica, Studios FEE.