Durante los últimos años, la asequibilidad se ha convertido en una de las principales preocupaciones de los estadounidenses; esa frustración económica ha coincidido con un aumento del interés por el socialismo, especialmente entre las generaciones más jóvenes. Una encuesta reciente de CBS News plantea una pregunta interesante: ¿los estadounidenses realmente están rechazando el libre mercado o están rechazando los resultados que perciben del sistema económico actual? El 66% de los estadounidenses dicen que un sistema de libre mercado es bueno para la economía. Además, el capitalismo tiene una percepción más favorable que el socialismo: 46% frente a 35%. Al mismo tiempo existe un fuerte descontento con la economía actual. El 60% considera que el sistema económico estadounidense es injusto frente a apenas un 40% que lo considera justo. La brecha generacional también es importante. Entre los adultos menores de 45 años, el 53% cree que sus oportunidades de alcanzar el éxito son peores que las de sus padres. Entre los mayores de 45 esa cifra cae al 38%. Es decir, muchos jóvenes no necesariamente están abandonando el mercado, sino que están perdiendo confianza en que el sistema económico actual pueda ofrecerles las oportunidades que esperan. De hecho, solamente el 19% de los encuestados considera que un sistema económico socialista podría mejorar la situación económica del país y, cuando se les pregunta qué entienden por “socialismo”, las respuestas pocas veces describen control o propiedad gubernamental, y hablan en términos de igualdad, justicia o ayuda a las personas. Esto significa que algunas personas apoyan el socialismo porque quieren una economía “más justa” y no necesariamente porque apoyan la planificación centralizada. El desafío es explicar por qué una economía que se supone basada en mercados relativamente libres todavía produce resultados que muchos perciben como inaccesibles o injustos y qué políticas, instituciones y restricciones están detrás de esos resultados. ¿Cómo contrastan esos datos con Latinoamérica? Los latinoamericanos tampoco rechazan de manera generalizada los mercados. Según el Latinobarómetro 2024, el 66% considera que la economía de mercado es el único sistema mediante el cual su país puede llegar a ser desarrollado, con apoyo mayoritario en los 17 países encuestados. Pero, igual que en Estados Unidos, existe un profundo descontento con los resultados económicos y con quién se beneficia del sistema. El 72% de los latinoamericanos considera que su país está gobernado por grupos poderosos en beneficio propio. En países como Chile, Argentina y Bolivia, la percepción de que la distribución de la riqueza es injusta alcanza niveles particularmente altos. La frustración también tiene una dimensión generacional. En Argentina, por ejemplo, cuatro de cada diez adultos dicen vivir peor que sus padres. En México, el 53% se percibe en una mejor situación socioeconómica que la de su hogar de origen, aunque solo el 37% considera haber superado el patrimonio de sus padres. Y en Chile, hay una percepción más positiva de movilidad intergeneracional. Las magnitudes varían de un país a otro, pero aparece un patrón: la frustración no necesariamente se traduce en un rechazo del mercado. Muchas veces se traduce en una pérdida de confianza en las instituciones. Tanto para el caso estadounidense como para el latinoamericano, el problema parece ser menos una oposición entre “capitalismo” y “socialismo” y más una crisis de confianza en que el sistema económico existente esté funcionando para “la mayoría”. La pregunta no debería ser solamente si los mercados son buenos o malos, sino ¿qué hace que los bienes esenciales sean cada vez menos asequibles, qué barreras limitan la oferta y las oportunidades, y qué cambios permitirían que una economía más libre vuelva a producir resultados que las personas puedan experimentar? ****Directora de FEE Studios, FEE