Por Álvaro Pérez Investigador de Desarrollo Económico Hoy por hoy resulta bastante difícil, por no decir incompleto, no abordar el efecto de la inteligencia artificial (IA) en cualquier tema que se esté tratando. Piénselo, desde su repercusión en la salud mental hasta su uso en actividades bélicas, casi cualquier aspecto económico, político o social ya se ve influenciado por la IA. Aspectos que podrían considerarse incluso lejanos a esta tecnología, como la fe, por ejemplo, en realidad ya se ven influenciados: recientemente el papa León XIV exhortó a los sacerdotes a no emplear IA en la elaboración de sus homilías. Resulta inverosímil en muchos casos el alcance y las aplicaciones que ya tiene la inteligencia artificial en nuestras vidas. Ante este escenario es inevitable pero más que apropiada la pregunta ¿cómo va a afectar la IA a la economía mexicana? Más interesante aún, ¿está México preparado para competir en el mundo de la inteligencia artificial? La velocidad con la que los cambios se precipitan es abrumadora, y ponerlo en perspectiva resulta útil: Facebook se tardó 4 años y medio en alcanzar los 100 millones de usuarios, WhatsApp 3 años y medio, Instagram 2 años y medio, TikTok 9 meses y ChatGPT 2 meses. Es fácil ver la curva exponencial. Prácticamente de la noche a la mañana observamos cambios considerables en el avance tecnológico. Un análisis geoeconómico podría remontarnos a una situación como la de la Guerra Fría, solo que en lugar de competir en cohetes nucleares, ahora lo hacemos en machine learning. Las recientes declaraciones de altos ejecutivos de Open AI, Anthropic, xAI, etc., advirtiendo que la IA se saldrá de control y podría atentar contra la humanidad, obliga a ajustar el famoso “Reloj del Apocalipsis” al momento en que acontezca la “rebelión de las máquinas”. La intuición y la realidad tristemente nos orientan a decir que México no está lo suficientemente preparado para competir en la arena de la IA. Mientras China ya hace carreras deportivas de androides, en México la visión no va más allá de venture capitals, como el proyecto Olinia, que no atiende precisamente las prioridades del mercado y está lejos de ser un proyecto vanguardista. Podemos sintetizar que dos factores serán clave para competir en la era de la IA: talento calificado e infraestructura funcional. Del lado del talento son necesarios profesionistas no únicamente con un alto nivel de formación técnica, sino también con un constante upskilling y reskilling. Del lado de la infraestructura dos recursos son fundamentales: el agua, y no solo para el enfriamiento de data centers, sino como recurso vital; y la energía; cuya obtención debe ser sustentable y abastecimiento debe ser certero. A partir de los resultados del Índice de Competitividad Estatal 2026 del IMCO, vemos que solo pocos estados cuentan con estas características. La Ciudad de México, por ejemplo, es la entidad con los mejores niveles en temas educativos (escolaridad, cobertura, educación superior). Nuevo León, en cambio, cuenta con la ventaja industrial, complejidad en sectores de innovación y diversificación económica. El desafío sin duda es escalar las ventajas existentes que tienen los estados y atender aquello que limita el crecimiento en algo tan crucial como lo son las nuevas tecnologías. Sin datos públicos el debate se ha polarizado: mientras se advierte que los centros de datos afectan el abasto de agua y electricidad de las comunidades, la industria sostiene que sus sistemas de enfriamiento hacen que su consumo sea marginal. Sin información sobre cuánta agua y energía consume cada instalación, ni autoridades ni empresas pueden planear dónde conviene ubicar nueva infraestructura ni anticipar sus requerimientos. Por ello, es indispensable tener claridad en cuanto a las necesidades de estos centros como punto de partida en el diseño de políticas públicas que garanticen que su crecimiento sea funcional para la industria y sostenible para las comunidades que los albergan. Quizá el surrealismo mexicano le gane a la inteligencia artificial, pero México, sus estados y sus ciudadanos ni siquiera están jugando al mismo nivel.